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A la Virgen María

 

Bernardino Luini: Virgen con el Niño y San Juanito

Dante Alighieri

La Divina Comedia, Paraíso, Canto XXXIII

 

 

Oh, Virgen madre, hija de tu hijo,

la más humilde y alta criatura,

del santo plan de Dios término fijo,

 

Tú ennobleciste la humana natura

hasta tan alto grado, que su autor

no desdeñó el hacerse de esa hechura.

 

En tus entrañas se encendió ese amor

por cuyo ardor allí en la eterna paz

llegó a ser germinada así esta flor.

 

Cual luz de mediodía brilla tu caridad

sobre los santos. Y para los mortales

de esperanza eres vivo manantial.

 

Mujer, eres tan grande y tanto vales

que si alguien busca gracia sin tu ayuda

son un volar sin alas sus afanes.

 

Pues Tú con gran bondad no sólo cuidas

de quien te pide: con generosidad

te adelantas y das antes que acuda.

 

En Ti misericordia, en Ti piedad,

en Ti magnificencia, en Ti se aúna

cuanto en la criatura hay de bondad.

Plegaria del Bandolero

Por Bernardo Jaramillo Correa
Poesía presentada a los juegos florales celebrados con motivo de la coronación canónica de Nuestra Señora del Rosario de Arma, patrona de la diócesis de Sonsón-Rionegro (Colombia), 8 de  febrero de 1959.




Oh precioso lucero
Al que llaman Señora
Del Rosario de Arma
De Rionegro.
Yo soy un bandolero
Que arrastrando voy mi alma
Hacia el infierno.

Yo maté mi conciencia
Y junto a mi hermano
Y frente a mi enemigo,
Yo perdí la paciencia
Y la maldad y el odio
Vienen siempre conmigo.

Yo fui por los caminos
Donde la vida era
Un canto de esperanza
Y un despertar de luz
Mas esta mano mía,
Vengativa y soberbia,
En cada hogar dejaba
El peso de una cruz

Yo irrumpí con las hordas
En los campos fecundos
Yo llevé a los sembrados
La tea del rencor
Yo sacié mi lujuria
En los cuerpos de vírgenes,
Me embriagué con la sangre,
De Satán el licor


Yo reí a carcajadas
Ante la madre loca
Al quitarle del pecho
Al hijo de su amor
Para arrojarlo luego
Con mi furia diabólica
Contra el muro inclemente
O al oscuro rincón.

Yo corrí como fiera
Tras su presa anhelada
Sin dejar sementera
Donde ebrio no entrara
Con mi sed insaciable
De riquezas y vidas;
Yo maté a los labriegos
Al pie de sus sembrados,
Yo ultraje sus mujeres,
Yo robé sus ganados.
Yo maté a las criaturas
Que encontraba escondidas.

Yo fui sordo a la angustia
Del anciano indefenso,
Yo llevé más tristezas
A su opaca pupila
Cuando obligué a sus ojos,
Cansados por los años,
A presenciar mis actos
Que aterran a Atila.

Yo estrangulé en mis manos
A la débil criatura
Yo clavé mi cuchillo en la virgen cintura
Yo degollé cristianos
Por pura diversión;
Yo le di de patadas
A la cabeza trunca,
Yo le escupí la cara
Al venerable cura,
Y a la doncella pura
Le arranqué el corazón.

Fue mi grito de guerra
El que sembró el espanto,
El que llenó de angustia
Al tranquilo poblado,
El que cubrió de luto
Al apacible hogar;
A las gentes que huían
Yo mi alcance les daba,
Nadie en pie se quedaba,
Pues su ruego era nulo
Y a mis pies yo gozaba
Ver su triste expirar.

Más… un día, Señora
Del Rosario de Arma,
Al llevar yo mi diestra
Manchada con la sangre
De seres inocentes
Al pecho en donde anida
Mi fiero corazón,
Mis dedos tropezaron
Con algo ya olvidado,
Con algo que mi madre
Me había regalado;
Tu escapulario, Virgen
Tabla de Salvación.

Y sentí en mis entrañas
Al volcar de una vida;
Se corrió la cortina
Que mi vista enturbiaba,
Y se tornó en deseo
Lo que jamás pensé:
Deponer ya mis armas.
No ofender más a Cristo
Y bañado en las lágrimas
Que jamás derramara,
Llegarme arrepentido
Señor, hasta tus pies.

Y aquí me tienes, Madre,
Emperatriz y Soberana
Del Rosario de Arma de Rionegro,
Suplicando a tus plantas
No se abran para mí
Las terríficas puertas del infierno

Y sobre mis hermanos,
Los demás bandoleros,
Los que van entre sombras
Apagando luceros
Y sembrando la muerte
Por los campos de Dios
Extiende generosa
Tu manto esplendoroso
Para que unidos todos
En abrazo amoroso,
Ya no nos separemos
Nunca jamás de Vos.





Payada a la Virgen de Luján

por P. Leonardo Castellani, sj




Aquí me pongo a cantar
con cualquiera que se ponga
la mejor, la gran milonga
que se habrá de perpetuar
entre La Pampa y el mar
y el que es mayor de los dos,
cielo estrellado de Dios
donde sus plantas están
canto a la flor de Luján
canto a la Madre de Dios.

Dios hizo el cielo y el rayo
hizo el sol, hizo la estreya,
hizo la Pampa sin güeya,
hizo al toro y al caballo,
hizo al hombre y aquí callo
porque fue su obra mejor.
Pero mandinga traidor
conoció que era de barro:
pecó el hombre, rompió un carro
y se le enojó el Creador.

Y lo echaron de la estancia
pa' 1a tierra del infiel
a tragar miseria y hiel
él que nació en la abundancia.
Pero su misma ignorancia
le dio compasión al juez,
pensó un momento y después
exclamó lleno de cencia:
se ha de cumplir mi sentencia
pero vuelta al revés.

La muerte que al hombre aterra
yo a Mí mesmo me la aplico,
yo soy grande y me hago chico,
y siendo Dios me hago tierra.
Yo he de vencer esta guerra
con las armas que me dan,
porque vencer de rufián
a Dios no es cosa que cuadre
y eligió para Madre
a la Virgen de Luján.

Aquí hay misterios muy fieros,
aquí hay un pozo muy hondo,
yo m' inorancia no escondo
ni me meto en agujeros;
aquí hasta los más matreros
boleados se quedarán
y jamás entenderán
porque es de cencia infinita
Él eligió pa' mamita
a la Virgen de Luján.

Miren qué humildá, qué empeño
el del Hijo de Dios Padre
ir a elegir para madre
en un pago tan pequeño.
Él que es de este mundo el dueño
no se guía por las ropas,
podía ir a las Uropas
a elegir las potentadas:
pudo sacar as de espadas
y robó cuatro de copas.

Y de que Dios la encontró
buena madre y cariñosa,
guapa, limpia, habilidosa
y su corazón probó,
al tiempo que la dejó
quiso hacer algo que asombre
y le dijo: Por mi nombre
y estando en esta cruz triste
Madre de Dios buena fuiste
yo te hago Madre del hombre.

Gaucho pampa donde irías
cuando no tuvieras madre
vos que sos duro de encuadre
y de pocas teologías,
vos que te hallás estos días
guacho en la tierra que hiciste
te han quitao hasta el alpiste
para darte la istrución
te han quitao el corazón
y te dan un libro triste.

Reina del Plata, Señora
del pobre criollo olvidado,
techo que nos ha quedado
contra esta lluvia invasora,
estrellita pa' la hora 
de la tormenta feroz
mira que te vuelve a vos
mi alma que no desconfía
porque si sos madre mía
sos también Madre de Dios.

Madre de Dios, madre mía
y no quiero saber más
haceme morir en paz
con Dios y con vos María.
Al filo de mi agonía 
no recordés mis reveses
recordá, en vez, cuántas veces
y ya desde muy gauchito
yo te he rezado el bendito
la Salve y los cinco dieses.

La Salve en verso



Fuente: Revista Miriam


Estrella del norte,
del alba Lucero,
yo voy a decirte
esta Salve en verso.


Dios te salve, Madre
de Desamparados,
a tu altar venimos
con flores de mayo.

Fuiste elegida
de entre las mujeres
de cielo y tierra.
Reina y Madre eres.


Eres resplandor
de tu hermosa gloria,
también eres Madre
de Misericordia.


Consuelo y amparo
de toda criatura
de desamparados
¡oh Vida y Dulzura!

Ábrenos a todos
del cielo las puertas,
con fe te pedimos
Esperanza nuestra.


Al verte tu Esposo
se quedo admirado,
y Jesús te dijo:
¡Madre, Dios te Salve!

De la muerte triste
no nos acordamos
y cuando sufrimos,
Madre, a ti clamamos.

Te pedimos, Madre
de Desamparados:

mira como sufren,
esos desterrados.


Madre de pureza
que alegría llevas,
todos somos tuyos
los hijos de Eva.


Con mucha alegría,
Madre, te aclamamos,
cuando estamos tristes
a ti suspiramos.


Sacarás las almas
las que estén penando
en el purgatorio,
gimiendo y llorando.


Llévanos al cielo
donde tú te fuiste
dejando este valle
de lagrimas tristes.


Madre, te honraremos
siempre desde ahora,
ruega por nosotros,
Ea pues, Señora.


Eres nuestro amparo,
Reina y Madre nuestra
de Desamparados,
Abogada nuestra.


La gloria te piden
todos tus devotos;
aunque te ofendamos,
vuélvete a nosotros.


Dulce Madre mía,
esos son tus ojos,
por la Salve son
misericordiosos.


Como eres tan pura
subiste al cielo,
y aquí nos dejaste
después del destierro.


Para amarnos mucho,
nadie más que tú,
y después nos muestras
al niño Jesús.


A verte, los Magos
vinieron de Oriente
y el Fruto Bendito
nació de tu vientre.


No hay mujer que iguale
tan pura y graciosa
y también clemente ,
Madre, ¡oh tú, piadosa!


Danos el sustento
pan de cada día
para alimentamos,
oh, dulce María.


A tu hermosa gloria,
Madre, llévanos,
y a tu Hijo amado
ruégale por nos.

Por ser bondadosa
de buen corazón
a ti te eligió
por Madre de Dios.


Todos te pedimos
nos darás la paz
para que seamos
dignos de alcanzar.

Llévanos contigo,
Virgen de pureza,
y allí cumpliremos,
Madre, las promesas.


Como eres tan buena
tienes el poder
de Nuestro Señor
Jesucristo. Amén.


A verte, María,
a ti hemos venido
y la Salve en verso
te hemos ofrecido.
Madre de Jesús
y de todos Madre,
¡oh Virgen María!
te ofrezco la salve.

Locuras del Amor

por Luisa del Milagro Agüero
Córdoba, 29 de diciembre de 2009

La Virgen bella temblaba
en su alma, recogida
llegaba el alumbramiento
y no tuvieron cabida
sólo un pesebre encontraron
la paja estaba muy fría.
El misterio la embargaba
el Amor cual fuego ardía
y la envolvió con su manto
cubriendo la noche impía.
Ya sólo atendió al silencio
raudal de luz la envolvía
hasta que escuchó el vagido
de su hijito que a la vida
de los mortales llegaba
para dar su amor y dicha.
Lo consoló con sus besos;
con pañales y mantillas
lo cobijó y dio alimento
en esa hora bendita.
Mientras lo alzaba en sus brazos
la Virgen bella decía:
“El que es Todopoderoso
en mi seno se reclina;
Él, que es el Dueño de todo
nada tiene, sólo espinas;
Él, que es la Providencia
de mí toma su comida;
Él, que es tan rico de bienes
y de toda maravilla
con pobrecitos pañales
se conforma y se humilla.
¿Quién sostiene a quién, Bien mío,
Lucerito sin mancilla?
¿Es la misma Trinidad
que me sostiene y habitas?
¿O la tengo yo en mis brazos
o a mi espíritu da Vida?”
La bella Virgen pensaba…
su interior se regocija
guardando en su corazón
de discípula y de hija
las locuras del Amor
de la Trinidad Santísima.

La Primogénita de toda creatura

Bradi Barth: La Creación de Eva
(Fragmento de "Mariología Poética Española",
de Laurentino Mª Herrán)

El Verbo, predestinado a hacerse hombre desde el principio sin principio, por esa misma predestinación está desde ese "entonces", vinculado a la mujer gracias a la cual se haría hombre. Hijo y Madre son términos correlativos y que están en la base de ese intercambio denominativo por el cual llamamos a María Primogénita de toda creatura, sin que ello oscurezca para nada la absoluta primogenitura del Verbo, que existía en el principio, pero que ya desde entonces, en esa eterna idea divina, se había preparado el molde humano que le haría “Hijo del hombre”.

Lo expresa Lope en un Soneto a San Lucas pintor:

La Santa Virgen, que en la sacra idea
de Dios fue fabricada antes del cielo,
del Verbo en carne original modelo
que su estudio santísimo hermosea,
naciendo en la dichosa Galilea
fue cuadro celestial, en cuyo velo
de tela humana y de divino celo,
Dios los pinceles de su ciencia emplea.
Y Pemán:
Aún nos estaba en la mano
del Señor la plomada
que nivelara los cimientos, luego,
del mundo, y Tú ya eras
La alegría y la gracia
de sus ojos azules:
de sus ojos azules que clavados
en el azul eterno, sin aurora,
contemplaban tu ser predestinado
como perfume que pudiera verse.

O el P. Castelltort:
Perfil de la alegría
de Dios: Virgen María.
Nadie alentaba en la naturaleza
y Tú ya llenabas la Eternidad.

Estos poemas aluden al misterio de la Inmaculada Concepción y en ellos descubrimos una constante del pensamiento sobre María, según la cual la Virgen, ya en la eterna idea de Dios, era “modelo original del Verbo en carne”.

Con una imagen similar, un poeta anónimo había antes cantado de María:

Lilio de inmenso candor
do el pintor
esmeró assi su pinzel
que su mesmo Hazedor
conuencido de su olor
quiso ser vestido del.

Se insinúa pues, una anterioridad o procedencia de la Madre con respecto al Hijo, “por quien y para quien fueron creadas todas las cosas” (Col 1,16), lo cual se explica dentro del misterio de la redención preventiva con que Dios privilegiaba a la Madre del Redentor de toda la humanidad.

Pero, ¿no podemos entender que los poetas van más allá, descubriendo en ellos la idea de que, en el plan de Dios, María fue modelo o la causa final de todo lo que hay de hermoso y resplandeciente, creado a honra de su Madre?

Lo afirma expresamente Ramón Llull:

Lo mon ha un sol creador
qui-l ha creat par fer honor
a la puella, sa mayre.
(Uno solo es el creador del mundo,

quien lo creó
para hacer honor a la Doncella, su Madre)
La afirmación poética se corresponde a la teoría sostenida por teólogos, según la cual el Verbo, coronamiento de toda la creación, se habría encarnado aún en el supuesto de que no hubiera pecado que redimir. Y teniendo en cuenta esta íntima e indisoluble relación de Cristo y María, el honor del Hijo redunda en la Madre, por donde, intercambiando los sujetos, Cristo y su Madre son, salvando la distancia de Creador y criatura, “primogénitos de toda la creación”.

Al Gozo de Nuestra Señora...



...cuando se supo Madre de Dios
por Rafael Morales
(1919-2005)







Igual que la caricia, como el leve
temblor de vientecillo en la enramada,
como el brotar de un agua sosegada
o el fundirse pausado de la nieve,

debió ser, tan dulce, tu sonrisa,
oh, Virgen Santa, Pura, Inmaculada,
al sentir en tu entraña la llegada
del Niño Dios como una tibia brisa.

Debió ser tu sonrisa tan gozosa,
tan tierna y tan feliz como es el ala
en el aire del alba perezosa,

igual que el río que hacia el mar resbala,
como el breve misterio de la rosa
que, como aroma, toda el alma exhala.

Salutación mariana

por el P. Antonio Escobar y Mendoza
(español, 1589-1669)


Gabriel al suelo la rodilla inclina;
Sálvete Dios, la dice, Virgen bella;
Sálvete Dios, aurora matutina;
Sálvete Dios, resplandeciente estrella;
Sálvete Dios, Jerusalén divina;
Sálvete Dios, fructífera doncella;
Sálvete Dios, ciudad fortalecida;
Sálvete Dios, morada de la vida.


Sálvete Dios, favor de aprisionados;
Sálvete Dios, consuelo de afligidos;
Sálvete Dios, ciudad de desterrados;
Sálvete Dios, ganancia de perdidos;
Sálvete Dios, amparo de olvidados;
Sálvete Dios, salud de perseguidos;
Sálvete Dios, de tristes alegría;
Sálvete Dios, purísima María.

Ave María




por Francisco Luis Bernárdez
(Argentino, 1900-1978)



Ave Maria:
Río de miel
Para los labios
Que tienen sed;
Santa Maria:
Pequeña flor
En el desierto
Del corazón;
Ahora y siempre,
Ruega por nos.

Ave Maria:
Voz celestial
Que nos alivias
La soledad;
Santa Maria:
Lejana voz
En el silencio
Del corazón;
Ahora y siempre,
Ruega por nos.

Ave Maria:
Gota de luz
En las tinieblas
De nuestra cruz;
Santa Maria:
Rayo de sol
En el abismo
Del corazón;
Ahora y siempre,
Ruega por nos.

Ave Maria:
Puerta del Pan
Que nos devuelve
La libertad;
Santa Maria:
Llave de amor
Que abres la cárcel
Del corazón;
Ahora y siempre,
Ruega por nos.

Versos a la Reina


por Rubén Darío
(Nicaragüense)

¡Oh, celeste, Reina mía!
¡Sol de amor, luz de alegría
Lis de Dios, Madre María!

A tu planta soberana
Cayó la luna pagana
De la frente de Diana.

Rosas para tu incensario,
Perlas para tu rosario,
Almas par tu santuario.

Refugio del pecador,
Reina del divino amor,
Tu alma engrandece al Señor.

Caen a tus plantas bellas
Las flores de las doncellas
Las lágrimas, las estrellas.

Buena, sacra, madre, pura
Halla en ti la criatura
Remedio a toda amargura.

“Ave, Mater! Gratia Plena”
Inmarcesible azucena,
Quítame pecado y pena.

Y en vital cautiverio
Cante tu santo misterio
Con la lengua del salterio.

Hasta que pueda llegar
A tu reino a descansar,
¡Mística estrella del mar!