Mostrando entradas con la etiqueta Oraciones a María. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oraciones a María. Mostrar todas las entradas
Por qué el Papa Francisco ha añadido 3 nuevas letanías y qué significan
Las letanías son un tipo de oración que nace sin estar ligada a otro tipo
de oración. El Papa León XIII las sugirió y decretó indulgencia cuando se rezan
al final del rosario, pero las letanías son una forma de oración que podemos
rezar solos o en comunidad.
A través de las letanías lauretanas, la Iglesia católica ha destacado las
invocaciones a la Virgen María. Se llaman así ya que provienen del santuario de
Loreto. Y en ellas los Papas han incluido diversas invocaciones acordes a
momentos históricos.
Por ejemplo, Benedicto XV incluyó el título “Reina de la Paz” en 1917, en
medio del sufrimiento por la Primera Guerra Mundial. Pío XII sumó “Reina Asunta
al Cielo” tras el dogma de la Asunción de la Virgen. Mientras que Juan Pablo II
incluyó “Madre de la Iglesia” y “Reina de las Familias”.
Recientemente el Papa Francisco ha incluido tres nuevas letanías con
mensajes muy actuales.
“Mater Misericordiae”: Madre de misericordia.
Con ella el Papa Francisco da continuación al mensaje del jubileo que
convocó, aunque el origen de esta advocación data de la época medieval y
aparece en la “Salve Regina”.
“Mater Spei”: Madre de la Esperanza.
Se trata de una advocación muy acorde a los actuales momentos de pandemia. “Invocar
a María como Madre de la Esperanza en estos tiempos difíciles, en los que
podemos tener pensamientos de desesperación, ya que la desesperación llega en
momentos en los que no se puede hacer nada más. Así podemos sentir que no
estamos tan desesperados, porque la Virgen María es Madre y está cerca de
nosotros en momentos de desesperación”. (Corrado
Maggioni, Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino)
“Solacium migrantium”: Consuelo de los migrantes.
Esta letanía es fruto de uno de los mensajes principales del pontificado de
Francisco: la defensa de la dignidad de los migrantes y refugiados. Con ella
invita a tener más presente este dramas.
“La Sagrada Familia se vio obligada a migrar, tuvieron que escapar. Fueron
perseguidos, migrantes. La Virgen María no es distante a quienes se ven
obligados a vivir la migración forzada”.
(Corrado Maggioni, Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino)
Con estas tres letanías Francisco envía un mensaje de esperanza,
misericordia y de cercanía a los dramas actuales y los confía a la Virgen
María.
La oración más antigua a la Madre de Dios
Fuente: PrimerosCristianos
Edgar Lobel, experto en papirología de la Universidad de Oxford, dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto. Como es conocido, el clima extremadamente seco de la mayor parte de Egipto ha hecho que se conserven multitud de fragmentos de papiros antiquísimos, con textos de hace milenios, en griego y en copto. Muchos de estos textos se habían perdido. En otros casos, los papiros sirven para confirmar la antigüedad de textos que sí que se habían conservado a través de sucesivas copias o traducciones.
Uno de estos papiros, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia de Oxirrinco, contenía una oración a la Virgen. Y no cualquier oración, sino una plegaria que continuamos rezando hoy en día, la oración Sub tuum praesidium. La versión latina es:
Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.
La versión castellana, es muy conocida:
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!
Y la versión en griego clásico, que es precisamente la que se encontró en el papiro:
Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν,
καταφεύγομεν, Θεοτόκε.
Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας,
μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει,
ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς,
μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη.
Cabe destacar la presencia del término Theotokos (en este caso, Theotoke, en vocativo), es decir, “Madre de Dios”.
Dos siglos después, en el Concilio de Éfeso, se reconoció de forma solemne que este título era adecuado para la Virgen María, contra el parecer de Nestorio. Es decir, en Éfeso, la Tradición de la Iglesia fue defendida contra los que preferían sus propios razonamientos a la enseñanza de siempre de la Iglesia.
Resulta impresionante rezar esta oración, sabiendo que los cristianos la rezaban ya, por lo menos, en el año 250 d.C., que es la fecha en la que Edgar Lobel dató el papiro en el que se encontraba.
Nosotros no la hemos recibido de los arqueólogos, sino de la tradición de la Iglesia, a través del latín en el caso de la Iglesia Latina o del griego y el eslavonio antiguo en Oriente.
Resulta agradable, sin embargo, que la arqueología nos muestre una vez más que la tradición no es algo inventado, sino que verdaderamente nos transmite la herencia que los primeros cristianos recibieron de Cristo y de los Apóstoles.
La oración Sub tuum praesidium es un testimonio entrañable, probablemente el más antiguo y el más importante en torno a la devoción a Santa María. Se trata de un tropario(himno bizantino) que llega hasta nosotros lleno de juventud. Es quizás el texto más antiguo en que se llama Theotokos a la Virgen, e indiscutiblemente es la primera vez que este término aparece en un contexto oracional e invocativo.
G. Giamberardini, especialista en el cristianismo primitivo egipcio, en un documentado estudio ha mostrado la presencia del tropario en los más diversos ritos y las diversas variantes que encuentra, incluso en la liturgia latina.
La universalidad de esta antífona hace pensar que ya a mediados del siglo III era usual invocar a Santa María como Theotokos, y que los teólogos, como Orígenes, comenzaron a prestarle atención, precisamente por la importancia que iba adquiriendo en la piedad popular. Simultáneamente esta invocación habría sido introducida en la liturgia.
En el rito romano, su presencia está ya testimoniada en el Liber Responsalis, atribuido a San Gregorio Magno y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: “Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix”. Algunos manuscritos de los siglos X y XI, presentan unas deliciosas variantes de esta oración, manteniendo intacta la expresión Santa Dei Genitrix, en estricta fidelidad a la Theotokos del texto griego.
La consideración de la inmensa capacidad de las entrañas maternales de la Madre de Dios está en la base de la piedad popular que tanta importancia dio al título Theotokos para designar a la Madre de Jesús.
Y quizás como lo más importante sea el hecho de que el testimonio del Sub tuum praesidium levanta la sospecha de que el título Theotokos se origina a mediados del siglo III en la piedad popular como invocación a las entrañas maternales de Aquella que llevó en su seno a Dios. Esta vez, quizás, la piedad popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosimil que así fuese.
Los fieles que, con sencillez, rezan esta oración a la Sancta Dei Genitrix, la Theotokos, la Madre de Dios, porque la han recibido de manos de la Iglesia, son los que están más cerca de lo que transmitieron los primeros cristianos y, por lo tanto, más cerca de Cristo.
Escuchemos la interpretación de esta Antífona por el Coro de la Diócesis de Roma, durante la celebración Eucarística en la Catedral de San Patricio de Nueva York el 5 de junio de 2011
Oh, Señora mía

Oración de San Luis Gonzaga
(1568-1591)
Oh Señora mía, Santa María:
hoy y todos los días y en la hora de mi muerte,
me encomiendo a tu bendita fidelidad y singular custodia,
y pongo en el seno de tu misericordia
mi alma y mi cuerpo;
te recomiendo toda mi esperanza y mi consuelo,
todas mis angustias y miserias,
mi vida y el fin de ella:
para que por tu santísima intercesión,
y por tus méritos,
todas mis obras vayan dirigidas y dispuestas
conforme a tu voluntad y a la de tu Hijo.
Amén.
hoy y todos los días y en la hora de mi muerte,
me encomiendo a tu bendita fidelidad y singular custodia,
y pongo en el seno de tu misericordia
mi alma y mi cuerpo;
te recomiendo toda mi esperanza y mi consuelo,
todas mis angustias y miserias,
mi vida y el fin de ella:
para que por tu santísima intercesión,
y por tus méritos,
todas mis obras vayan dirigidas y dispuestas
conforme a tu voluntad y a la de tu Hijo.
Amén.
Nª Sª del 11 de Setiembre

Oración de Benedicto XVI
en Ground Zero, N.Y.
20 de abril de 2008
20 de abril de 2008
¡Oh Dios de amor, compasión y salvación!
¡Míranos, gente de diferentes creencias y tradiciones,
reunidos hoy en este lugar,
escenario de violencia y dolor increíbles.
Te pedimos que por tu bondad
concedas la luz y la paz eternas
a todos los que murieron aquí-
a los que heroicamente acudieron los primeros,
nuestros bomberos, policías,
servicios de emergencia y las autoridades del puerto,
y a todos los hombres y mujeres inocentes
que fueron víctimas de esta tragedia
simplemente porque vinieron aquí para cumplir con su deber
el 11 de septiembre de 2001.
Te pedimos que tengas compasión
y alivies las penas de aquellos que,
por estar presentes aquí ese día,
hoy están heridos o enfermos.
Alivia también el dolor de las familias que todavía sufren
y de todos los que han perdido a sus seres queridos en esta tragedia.
Dales fortaleza para seguir viviendo con valentía y esperanza.
También tenemos presentes
a cuantos murieron, resultaron heridos o sufrieron pérdidas
ese mismo día en el Pentágono y en Shanskville, Pennsylvania.
Nuestros corazones se unen a los suyos,
mientras nuestras oraciones abrazan su dolor y sufrimiento.
Dios de la paz, concede tu paz a nuestro violento mundo:
paz en los corazones de todos los hombres y mujeres
y paz entre las naciones de la tierra.
Lleva por tu senda del amor
a aquellos cuyas mentes y corazones
están nublados por el odio.
Dios de comprensión,
abrumados por la magnitud de esta tragedia,
buscamos tu luz y tu guía
cuando nos enfrentamos con hechos tan terribles como éste.
Haz que aquellos cuyas vidas fueron salvadas
vivan de manera que las vidas perdidas aquí
no lo hayan sido en vano.
Confórtanos y consuélanos,
fortalécenos en la esperanza,
y danos la sabiduría y el coraje
para trabajar incansablemente por un mundo
en el que la verdadera paz y el amor
reinen entre las naciones y en los corazones de todos.
¡Míranos, gente de diferentes creencias y tradiciones,
reunidos hoy en este lugar,
escenario de violencia y dolor increíbles.
Te pedimos que por tu bondad
concedas la luz y la paz eternas
a todos los que murieron aquí-
a los que heroicamente acudieron los primeros,
nuestros bomberos, policías,
servicios de emergencia y las autoridades del puerto,
y a todos los hombres y mujeres inocentes
que fueron víctimas de esta tragedia
simplemente porque vinieron aquí para cumplir con su deber
el 11 de septiembre de 2001.
Te pedimos que tengas compasión
y alivies las penas de aquellos que,
por estar presentes aquí ese día,
hoy están heridos o enfermos.
Alivia también el dolor de las familias que todavía sufren
y de todos los que han perdido a sus seres queridos en esta tragedia.
Dales fortaleza para seguir viviendo con valentía y esperanza.
También tenemos presentes
a cuantos murieron, resultaron heridos o sufrieron pérdidas
ese mismo día en el Pentágono y en Shanskville, Pennsylvania.
Nuestros corazones se unen a los suyos,
mientras nuestras oraciones abrazan su dolor y sufrimiento.
Dios de la paz, concede tu paz a nuestro violento mundo:
paz en los corazones de todos los hombres y mujeres
y paz entre las naciones de la tierra.
Lleva por tu senda del amor
a aquellos cuyas mentes y corazones
están nublados por el odio.
Dios de comprensión,
abrumados por la magnitud de esta tragedia,
buscamos tu luz y tu guía
cuando nos enfrentamos con hechos tan terribles como éste.
Haz que aquellos cuyas vidas fueron salvadas
vivan de manera que las vidas perdidas aquí
no lo hayan sido en vano.
Confórtanos y consuélanos,
fortalécenos en la esperanza,
y danos la sabiduría y el coraje
para trabajar incansablemente por un mundo
en el que la verdadera paz y el amor
reinen entre las naciones y en los corazones de todos.
Amén
Nª Srª de Covadonga
Oración del Papa Juan Pablo II ante la imagen de la Virgen de Covadonga
(La Santina)
21 de agosto de 1989
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
he subido a la montaña, he venido a tu cueva, Virgen María,
para venerar tu imagen, Santina de Covadonga.
Con tus hijos de Asturias y de España entera
quiero hoy proclamar tus glorias y unirme a tu canto:
tú eres la sierva del Señor, nuestra Madre y Reina.
Como peregrino que ansía afianzar su esperanza,
vengo a este santuario, testigo de tanta fe y amor en la Historia,
hogar seguro, bajo tu cobijo, entre los montes,
donde pusiste tu casa y sin cesar dispensas los dones de tu Hijo.
Junto con los pastores y fieles de esta Iglesia de Asturias,
a ti, que eres dulzura y esperanza de cuantos te imploran,
te pido el don de la esperanza que ilumina el futuro,
el gozo perenne de la fe, el ardor ardiente (le la caridad.
Ayúdanos a vivir en comunión sincera,
sabiéndonos Iglesia de Dios, hermanos de Cristo e hijos tuyos,
para dar testimonio de unidad y reavivar en nuestro pueblo la fe.
Te pido, Señora, desde este corazón de Asturias que es tu cueva,
por todos los que invocan tu nombre en tantos otros templos
que, esparcidos en la geografía del Principado,
son faros de fe, santuarios donde brota el fervor de la esperanza,
morada tuya donde tus hijos se reúnen en torno al altar.
Quiero presentarte y poner ante tus pies, Virgen de Covadonga,
a todos tus hijos de Asturias,
las gentes del campo y los hombres del mar,
los mineros con su duro e inclemente trabajo,
los niños y los ancianos,
los enfermos y todos los que sufren en el cuerpo y en el alma,
las familias y, sobre todos, los jóvenes, promesa del futuro,
que buscan la razón y el sentido de su vivir.
Alcanza para todos de Dios, «rico en misericordia»,
con tu poderosa mediación maternal,
la gracia del perdón y de la reconciliación
que Cristo tu Hijo nos ha merecido
para vivir en paz con Dios y con los hermanos.
Protege, Virgen Santa de Covadonga,
a cuantos vienen hasta tu templo
para unirse en matrimonio bajo tu mirada maternal.
Haz que experimenten, como los esposos de Caná,
la gracia de tu intercesión y la presencia salvadora de tu Hijo,
para que la fe cristiana sea fundamento inquebrantable de su hogar,
y el amor verdadero fortalezca su unión y se abra fecundo a la vida.
Mira, madre de Asturias, a todos los emigrantes de esta tierra
que desde lejos vuelven sus ojos hasta este santuario,
en espera de poder regresar a su patria y contemplar tu rostro,
que atrae los corazones e irradia luz y paz.
«Santina de Covadonga», «causa de nuestra alegría»,
ilumina a cuantos llegan a estas montañas para que reconozcan,
en medio de tanta belleza, a quien «yéndolas mirando,
con sola su figura, vestidas las dejó de su hermosura»,
y así se dejen atraer por la bondad y belleza del Creador
que hizo de ti el vértice de la hermosura humana y divina.
Suscita, madre de Asturias,
entre los hijos e hijas de las familias cristianas,
vocaciones de apóstoles y misioneros:
nuevos sacerdotes, religiosos y religiosas,
personas consagradas y seglares comprometidos,
al servicio del reino y de la civilización del amor.
Haz que, hoy como ayer,
los hijos de Asturias sigan a tu Hijo por el camino de la santidad.
y siembren la semilla del Evangelio
desde aquí hasta los confines de la Tierra.
Madre y maestra de la fe católica,
haz que Covadonga siga siendo, como antaño lo fue,
altar mayor y latido del corazón de España.
Y a quienes te cantamos como "la reina de nuestra montaña",
y a todos los hermanos que peregrinan por los senderos de la fe,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre,
que nos ofreces siempre como salvador y hermano nuestro.
Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Amén.
he subido a la montaña, he venido a tu cueva, Virgen María,
para venerar tu imagen, Santina de Covadonga.
Con tus hijos de Asturias y de España entera
quiero hoy proclamar tus glorias y unirme a tu canto:
tú eres la sierva del Señor, nuestra Madre y Reina.
Como peregrino que ansía afianzar su esperanza,
vengo a este santuario, testigo de tanta fe y amor en la Historia,
hogar seguro, bajo tu cobijo, entre los montes,
donde pusiste tu casa y sin cesar dispensas los dones de tu Hijo.
Junto con los pastores y fieles de esta Iglesia de Asturias,
a ti, que eres dulzura y esperanza de cuantos te imploran,
te pido el don de la esperanza que ilumina el futuro,
el gozo perenne de la fe, el ardor ardiente (le la caridad.
Ayúdanos a vivir en comunión sincera,
sabiéndonos Iglesia de Dios, hermanos de Cristo e hijos tuyos,
para dar testimonio de unidad y reavivar en nuestro pueblo la fe.
Te pido, Señora, desde este corazón de Asturias que es tu cueva,
por todos los que invocan tu nombre en tantos otros templos
que, esparcidos en la geografía del Principado,
son faros de fe, santuarios donde brota el fervor de la esperanza,
morada tuya donde tus hijos se reúnen en torno al altar.
Quiero presentarte y poner ante tus pies, Virgen de Covadonga,
a todos tus hijos de Asturias,
las gentes del campo y los hombres del mar,
los mineros con su duro e inclemente trabajo,
los niños y los ancianos,
los enfermos y todos los que sufren en el cuerpo y en el alma,
las familias y, sobre todos, los jóvenes, promesa del futuro,
que buscan la razón y el sentido de su vivir.
Alcanza para todos de Dios, «rico en misericordia»,
con tu poderosa mediación maternal,
la gracia del perdón y de la reconciliación
que Cristo tu Hijo nos ha merecido
para vivir en paz con Dios y con los hermanos.
Protege, Virgen Santa de Covadonga,
a cuantos vienen hasta tu templo
para unirse en matrimonio bajo tu mirada maternal.
Haz que experimenten, como los esposos de Caná,
la gracia de tu intercesión y la presencia salvadora de tu Hijo,
para que la fe cristiana sea fundamento inquebrantable de su hogar,
y el amor verdadero fortalezca su unión y se abra fecundo a la vida.
Mira, madre de Asturias, a todos los emigrantes de esta tierra
que desde lejos vuelven sus ojos hasta este santuario,
en espera de poder regresar a su patria y contemplar tu rostro,
que atrae los corazones e irradia luz y paz.
«Santina de Covadonga», «causa de nuestra alegría»,
ilumina a cuantos llegan a estas montañas para que reconozcan,
en medio de tanta belleza, a quien «yéndolas mirando,
con sola su figura, vestidas las dejó de su hermosura»,
y así se dejen atraer por la bondad y belleza del Creador
que hizo de ti el vértice de la hermosura humana y divina.
Suscita, madre de Asturias,
entre los hijos e hijas de las familias cristianas,
vocaciones de apóstoles y misioneros:
nuevos sacerdotes, religiosos y religiosas,
personas consagradas y seglares comprometidos,
al servicio del reino y de la civilización del amor.
Haz que, hoy como ayer,
los hijos de Asturias sigan a tu Hijo por el camino de la santidad.
y siembren la semilla del Evangelio
desde aquí hasta los confines de la Tierra.
Madre y maestra de la fe católica,
haz que Covadonga siga siendo, como antaño lo fue,
altar mayor y latido del corazón de España.
Y a quienes te cantamos como "la reina de nuestra montaña",
y a todos los hermanos que peregrinan por los senderos de la fe,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre,
que nos ofreces siempre como salvador y hermano nuestro.
Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Amén.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


