Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica



El Catecismo es un compendio de la Doctrina de la Iglesia, y es un instrumento de la catequesis. Al decir del Card. Ratzinger en una conferencia en Paris 1983, el catecismo, como estructura para la transmisión de la fe es tan antiguo como la iglesia.

Claro está que el catecismo, tal cual lo conocemos hoy, no surgió antes del siglo XV, una vez que se inventó la imprenta. Pero podemos rastrear sus antecedentes.

¿Cómo se enseñaban las verdades de la fe a los catecúmenos de los primeros siglos? ¿Cómo se llevaba a cabo la catequesis? De manera oral, pues los rollos, los volúmenes hechos de papiro o pergamino, y a partir del siglo IV los libros propiamente dichos (hojas cosidas) no estaban al alcance de todos, como ahora.

Los padres de la Iglesia escribían sus sermones sus pláticas, sus enseñanzas.  Del siglo I es la Didaché, un manual de iniciación a la vida cristiana; San Agustín escribió un tratado sobre cómo catequizar a la gente ruda, ignorante. Pero la mayoría de las personas no tenían acceso al texto escrito, porque no sabían leer ni escribir. De manera que se aprendía de memoria todo aquello que era necesario saber para el recibir el bautismo. Una de esas cosas era el Credo o Symbolo de la Fe.

Los credos que se redactaron en diferentes momentos de la historia eran verdaderos catecismos, pues compendiaban los misterios de la Fe y por eso su recitación constituía una profesión de fe. 

Credo Niceno (325 DC),

Credo Niceno Constantinopolitano (381 DC),

Credo de los apóstoles, llamado así por ser resumen fiel de la enseñanza de los apóstoles

Credo del Papa Dámaso I, del siglo IV

El Símbolo Quicumque o Atanasiano del s.VII

Credo del Pueblo de Dios, de Paulo VI (1968)

 

La palabra griega symbolon significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaba como una señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar la identidad del portador. El "símbolo de la fe" es, pues, un signo de identificación y de comunión entre los creyentes.

 

En el siglo IX aparece una obra atribuida a Alcuino, consejero de Carlomagno, que se llamaba Exposición para niños por preguntas y respuestas, sobre el Credo y el Padrenuestro.

 

En el s. XI Hugo de San Víctor, teólogo de Sajonia, escribe un Septenario, recurriendo al número 7 para facilitar el aprendizaje: los siete pecados capitales (orgullo, codicia, lujuria, envidia, gula, ira y pereza), las 7 virtudes cristianas (humildad, la caridad, la castidad, la gratitud, la templanza, la paciencia y la diligencia); las siete peticiones del padrenuestro, los siete dones del Espíritu Santo (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios), etc.

 

Pero en la edad media los libros, escritos por eruditos, monjes y todos manuscritos, tampoco eran accesibles a la población en general, sino que se escribían tratados, summas, cuyos destinatarios eran exclusivamente los formadores, los catequetas ilustrados, los sacerdotes. ¿Qué hacía las veces de catecismo popular y ayudamemoria? Las Iglesias, las catedrales. Los elementos decorativos como frisos, bajorrelieves, esculturas, frescos, mosaicos, mostraban la historia sagrada y los misterios de la fe: el juicio final, la crucifixión, la Virgen, los apóstoles, el pecado original, la Trinidad. El objetivo era atraer la atención de los fieles, instruir, adoctrinar, grabar en la memoria. Era una finalidad didáctica y moralizante más que estética. Y que comprende los dos estilos arquetípicos de la edad media, tanto el románico, que es más sólido, macizo, austero, y algo sombrío para invitar al recogimiento; como el gótico, con una estética expresada en la verticalidad, la tensión ascensional, las torres de agujas impulsadas al cielo, y los vitrales que inundan de luz los recintos y favorecen la contemplación espiritual.

 

Y la enseñanza, apelando a la memoria, era oral. Lo cual, después de todo, es el método catequístico por antonomasia: como dice San Pablo en su carta a los Romanos, la fe nace de la predicación; cómo creer sin haber oído de Jesús.

 

¿Entiendes lo que lees?, pregunta Felipe al Etíope en Hch 8,30. Y el etíope responde: ¡Cómo voy a entender si nadie me lo explica!

 

De modo tal que el catecismo propiamente dicho y universal- es decir como enseñanza oficial de la Iglesia- no existiría hasta después de la invención de la imprenta (1453)

 

Como Lutero y Calvino (Reforma 1517) habían impreso catecismos para instruir a sus seguidores, la Iglesia vio la necesidad de hacer otro tanto para esclarecer a la grey católica. Así aparece en Viena el catecismo de San Pedro Canisio. Fueron tres Catecismos compuestos entre 1555 y 1558. Escritos en latín, rápidamente se tradujeron al alemán. El primero, Catecismo Mayor, dirigido a personas con estudios universitarios, con buen conocimiento del latín y capaces de comprender una argumentación teológica elemental; el segundo, el Minimus, concebido para dar una primera instrucción religiosa a jóvenes adolescentes. Un tercero, el ‘Parvus’ o ‘Minor’ estaba compuesto para la instrucción de las niñas. Introduce la novedad de exponer la doctrina con preguntas y respuestas. Sólo en el tiempo de su vida se hicieron doscientas ediciones de este Catecismo. Y se sucedieron centenares de ediciones hasta entrado el siglo XX bajo la forma de un Pequeño Catecismo. Al final de su vida san Pedro Canisio prepara una edición para los niños más pequeños, tomando el cuidado de dividir las palabras en sílabas para que lo aprendieran más fácilmente.

 

Existen dos tipos de Catecismos, menor y mayor.  El menor es un catecismo breve, elemental dirigido a niños o adolescentes, a menudo destinado a un contexto cultural determinado, por lo que implica una elaboración creativa y pedagógica. El mayor, como el de S Pio X, por ejemplo, es una explicación más larga y teológica y está dirigido a un destinatario adulto y formado, preparado, con cierta cultura.

 

Antes de los Catecismos de Pedro Canisio, ya se habían preparado catecismos para la instrucción de los indios.

El primer catecismo redactado en América (1510) es obra de Fr. Pedro de Córdoba, dominico contemporáneo de Montesinos.

En México El Obispo Juan de Zumárraga redactó uno en 1544.

 

El Concilio de Trento ve la necesidad de redactar un catecismo como uno de los medios para combatir la reforma. En una de las asambleas se manifestó la necesidad de elaborar un catecismo para niños e indoctos (pro pueris et indoctis). Este propósito no se cumplió, pero sí se editó en 1566 un Catecismo para los párrocos tomando como referencia el catecismo de Canisio.

 

Los obispos del Concilio ven la urgencia de mostrar claridad en la doctrina para contrarrestar el mal que causaba la difusión de doctrinas heréticas. Pío IV encarga la redacción a cuatro distinguidos teólogos de la época:

Leonardo Marini, Obispo de Lanciano;

Muzio Calini, Obispo de Zara;

Egidio Foscherari, obispo de Modena; y

Francisco Fureiro, religioso dominicano de Portugal.

 

Tres cardenales supervisaron el trabajo. Entre ellos, el Card. Carlos Borromeo. El Papa Pio IV murió en 1566 cuando ya estaba prácticamente terminado el catecismo. Pío V designa una nueva comisión redactora y otra revisora. Y por fin se promulga al año siguiente.

Redactado por teólogos, este catecismo era un resumen de teología. Estaba orientado a la catequesis parroquial de adultos: era un catecismo para los párrocos que instruirían a los adultos frente a las polémicas generadas por los protestantes.

 

El Catecismo de Trento está vertebrado básicamente en cuatro partes: El Credo, Los sacramentos, los Mandamientos y el Padrenuestro, y en ese orden. 

El Catecismo de Trento fue la referencia de los catecismos que comenzaron a proliferar en todo el mundo.

 

En 1574, el obispo de Cartagena Fr. Dionisio de Sanctis redacta un catecismo de preguntas y respuestas. Este catecismo nunca fue publicado y se conserva en el Archivo de Indias.

En 1584 el Tercer Concilio de Lima-convocado por el Obispo Toribio de Mogrovejo- publica una Doctrina para la instrucción de indios en castellano, quechua y aymara, que se hizo obligatorio para toda la provincia eclesiástica que abarcaba hasta el sur de Chile.

El Catecismo del Concilio de Lima fue el primer libro impreso en América del Sur en 1584-85.

Alrededor de 1586 se publica el Catecismo del jesuita Gaspar de Astete, de gran difusión en su época y en siglos posteriores en España y países hispanoparlantes. También tiene la modalidad de preguntas y respuestas breves, fáciles de recordar.

En 1597 San Roberto Belarmino por expreso deseo del Pontífice Clemente VIII escribió sus dos célebres catecismos para gente sencilla. Su famoso Catecismo Resumido. Luego redactó el Catecismo Explicado, el cual llegó a las manos de sacerdotes y catequistas en todos los países del mundo. En vida de Belarmino se hicieron muchas ediciones, y a lo largo del tiempo fueron traducidos a 55 idiomas; es decir que tuvo una gran difusión.

 

En 1616 se publica en España el Catecismo de Jerónimo Ripalda, sj, también con el esquema de preguntas y respuestas y de gran popularidad.

 

El texto de referencia de todos los catecismos, era el Catecismo de Trento. Y en 1761 el Papa Clemente XIII mandó reeditarlo.

 

Llegamos por fin al Concilio Vaticano I con Pío IX como pontífice (1870). Se hizo un esquema de un catecismo pequeño, (Parvo catechismus) para la iglesia universal, en latín -para asegurar la unidad de las formulaciones-. Se elaboró un proyecto muy completo, luego de largos debates, estudios y correcciones. Pero el Concilio terminó abruptamente por la guerra franco-prusiana. Si bien no se concretó el catecismo, quedó el terreno abonado para el futuro.

Pio X publica su catecismo mayor en 1905, y en 1912 un catecismo menor, más reducido y sencillo.  Y al promulgar éste mandó se confeccionara un catecismo de primeras nociones para los niños.

En 1917 Benedicto XV nombra una comisión encargada de redactar un catecismo universal, codificando toda la doctrina cristiana y que sirviera como modelo para todos los demás catecismos. Pero el proyecto fue aplazado y no se concretó.


Si bien los papas de la primera mitad del siglo XX se preocuparon por la catequesis, se elaboraron documentos, etc., pero no se planteó en todos esos años la necesidad o urgencia de elaborar uno al estilo del Catecismo de Trento.

Para ello habrá que esperar hasta después del Concilio Vaticano II.

 

El Concilio hizo referencias concretas a la catequesis en varios de sus documentos:

En la Declaración Gravissimum Educationis Momentum, sobre la educación cristiana de la juventud (GE, 4) afirmando que la catequesis es prioritaria;

En el decreto Christus Dominus sobre los deberes pastorales de los obispos (CD,13 y 14) y recomendando servirse de los medios y técnicas modernas como radio, televisión, periódicos, diapositivas, filmes textos, etc.) para ayudar a comunicar la Fe (CD,13).

En la Constitución Dogmática Dei Verbum (DV,21) declarando que la catequesis debe estar alimentada y orientada por la Escritura.

Pero la inquietud por elaborar un catecismo no partió del Concilio.

Durante el sínodo de 1977 sobre La Catequesis en nuestro tiempo, comienzan a aparecer en los informes de algunos grupos de trabajo, las propuestas y sugerencias ya sea sobre un catecismo universal, o al menos de algún texto que contuviera las líneas fundamentales de las enseñanzas de la Iglesia. También se sugirió la redacción de un Catecismo de Doctrina Social; un catecismo en clave ecuménica; se propuso la reimpresión del Catecismo para los incrédulos de Antonin Sertillanges, op (1934).

 

Otros padres sinodales estaban en total desacuerdo con preparar un elenco de verdades que se deban creer con seguridad y formuladas de un modo inmutable. Lo que obligó a Paulo VI a hacer precisiones doctrinales en su discurso de clausura.

 

Será en el Sínodo Extraordinario de 1985 que conmemoraba el 20 aniversario de la finalización del Concilio Vaticano II cuando se presente la inquietud concreta y firme por elaborar un Catecismo.

 

Se presentaron a debate varias propuestas:

Un catecismo modelo inspirado en Vaticano II

Un compendio de las enseñanzas de Vaticano II.

La confección de tres obras catequéticas: un catecismo de la Fe para los creyentes, libros de la fe cristiana para no creyentes y un libro de Moral para todos.

Un compendio de Doctrina católica en el cual cada país pudiera basarse para sus propios catecismos nacionales.

Un compendio de formulaciones sintéticas de fe y moral.

Un catecismo universal al estilo de Trento.

Terminado el Sínodo, el 10 de julio de 1986 se creó una comisión de doce Cardenales y Obispos a quien competía decidir las líneas de trabajo, supervisar los proyectos y aprobar o no los textos. Era el nivel presidencial y la presidencia de la comisión recayó en el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger.

 

Miembros: los Cardenales William Baum, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica; Bernard F. Law, Arzobispo de Boston; Simon Lourdusamy, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales; Joseph Tomko, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; Antonio Innocenti, Prefecto de la Congregación para el Clero; y los siguientes prelados: Mons. Jerzy Stroba, Arzobispo de Poznan (Polonia); Mons. Néophytos Edelby, Arzobispo de Alepo de los Griegos Melquitas Católicos (Siria); Mons. Henry Sebastián D'Souza, Arzobispo de Calcuta (India); Mons. Isidore de Souza, Arzobispo Coadjutor de Cotonou (Benin); Mons. Jan P. Schotte, Secretario General del Sínodo para los Obispos; y Mons. Felipe Santiago Benitez Avalos, Obispo de Villa rica (Paraguay).

 

En su primera sesión está comisión decidió servirse de la ayuda de:

Una secretaría ejecutiva, a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para atender la coordinación y dirección de los trabajos. La presidencia de la secretaría estaba a cargo de Joseph Ratzinger.

 

Un colegio de consultores, del que formaron parte alrededor de cuarenta expertos elegidos teniendo en cuenta su competencia y también su pertenencia a culturas y lenguas diferentes.

Una de las primeras cuestiones a resolver era quién debía escribir el catecismo.

 

Cuenta Mons. José Manuel Estepa Llaurens, español integrante de la comisión redactora, que decía en ese entonces Ratzinger: “es más fácil dar el encargo de redactar el catecismo, y aceptar el encargo, que cumplirlo”.

 

Sin embargo, esa cuestión se resolvió rápidamente. No debía ser escrito por eruditos, sino por pastores, a partir de su experiencia pastoral.

 

Además, se tuvo en claro desde el principio el siguiente criterio:  puesto que el Catecismo es un documento del Magisterio y por tanto expresión de la Fe universal de la Iglesia no debía contener ninguna idea personal, ni reflejar, por ortodoxa que fuera, la opinión de escuelas teológicas. De lo que se trataba era de exponer sólo la Doctrina.

 

El tema del idioma de trabajo no fue menor; se acordó que el francés era la lengua en la que todos los autores podían expresarse con comodidad. Ciertamente que el texto oficial debía ser en latín.

 

La Comisión redactora quedó constituida de la siguiente manera:

Para la parte del Credo, Mons. Estepa Llaurens (España) y Mons. Alessandro Maggiolini (Italia)

Para los Sacramentos, Estanislao Karlic (Argentina) y Mons. Jorge Medina Estévez (Chile)

Para la Parte Moral, Mons. Jean Honoré (Francia) y Mons.  David Konstant (Inglaterra).

 

La Presidencia de esa comisión redactora estaba a cargo de Ratzinger. El secretario de redacción era el Mons. Christoph Schönborg, dominico nacido en Checoslovaquia, que en ese entonces era profesor en Friburgo, Suiza. Su misión era armonizar los diferentes textos entre sí, sin modificar su sustancia.

 

Es decir, -como queda patente en la conformación de la comisión redactora- al principio se pensó vertebrar la obra en tres partes -Credo, Sacramentos, Mandamientos- y agregar un comentario al Padrenuestro no como cuarta parte, sino como epílogo. Para realizar este comentario se invitó a Jean Corbon, sacerdote del rito greco-melquita, de origen francés, y que vivía en el Líbano. En esos años eran un hombre joven, de alrededor de 60 años, y conocido por sus publicaciones. Era un profesor de mucho prestigio. De una espiritualidad de cuño oriental profunda, exquisita. Al decir del Card. Shönborg, con la participación de Corbon en la elaboración del catecismo, se tuvo la ocasión de ver al Espíritu Santo en acción.

 

Jean Corbon compuso un primer proyecto en Beirut, en plena guerra, por momentos en un sótano para protegerse de los bombardeos aéreos, pasando de la máquina de escribir eléctrica al manuscrito y a la máquina dactilográfica según los vaivenes de los cortes de luz. Este manuscrito original se conserva en el Archivo Vaticano.

 

El trabajo de Corbon fue recibido con admiración; superaba ampliamente las expectativas de un epílogo, por lo que se decidió incorporar una cuarta parte a la estructura del catecismo.

Resumiendo: Teniendo como referencia el Catecismo de Trento, el Catecismo quedó organizado de esta manera:

Primera Parte- La profesión de Fe

Segunda Parte- la celebración del misterio cristiano

Tercera Parte- La Vida en Cristo

Cuarta Parte- La oración cristiana

 

El orden seguido, el mismo de Trento, no es caprichoso. Responde a una dinámica coherente, que, como un camino ascensional, parte del primer encuentro con el Dios Vivo para culminar en la alabanza del Dios Vivo:

La Fe profesada (El Credo, el Symbolo de la Fe);

la Fe celebrada (la liturgia, los sacramentos);

la Fe vivida (el testimonio, los Mandamientos);

la Fe orada (El Padrenuestro).

 

dicho de otro modo: Lo que la Iglesia cree, celebrar, vive, y ora.

 

Alterar el orden hubiera significado romper el equilibrio, la lógica interna, cortar el hilo conductor.

Es obvio que el primer paso es el anuncio de la Fe, por eso el Credo es la primera parte. Y es preciso que los sacramentos sean tratados antes que los mandamientos, pues estos sólo se comprenden y se pueden asumir y cumplir a la luz de las virtudes que los sacramentos nos dan, nos conservan y nos aumentan. Dios, en la celebración de los sacramentos, nos da la gracia, las virtudes, la fuerza sobrenatural, para cumplir lo que nos manda, los preceptos. Por eso la segunda parte trata de la liturgia, los sacramentos, y la tercera de los mandamientos, de lo que hay que hacer, de lo que hay que vivir, porque la fe que no se concreta en obras no da fruto de vida eterna. El broche de oro final de este camino es el diálogo confiado con Dios, la oración, que es alabanza, petición, reparación. Es la cuarta parte.

Hay un encadenamiento, una concatenación de las partes. 

El  Catecismo Romano, de Trento, ha sido el modelo para la estructura del CCE.

CCE-Catechismus Catholicae Ecclesiae

CIC- Codex Iuris Canonici (Código de Derecho Canónico)

 

El texto fue revisado muchas veces; hubo alrededor de 7 redacciones, cada una de las cuales importaba adendas, supresiones, correcciones, etc.

 

La Comisión de 12 obispos aprobó el texto por unanimidad el 14 de febrero de 1992. Fue aprobado por el Papa Juan Pablo II el 25 de junio y el 11 de octubre de ese año fue promulgado por la Constitución Apostólica Fidei Depositum, eligiéndose esa fecha pues coincidía con el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II.

 

Se publica ese mismo año en francés. Al año siguiente se traduce al español por un equipo integrado por Mons.  José Manuel Estepa Llaurens (presidente), Mons. Karlic, Mons. Jorge Media Estévez, Mons. Antonio Cañizares, obispo de Ávila, Cesar Augusto Franco Martínez, obispo de Segovia, Manuel del Campo Guilarte, director del secretariado de catequesis de España, y el Pbro. Mariano Herranz Marco.



 

El logotipo que se usó reproduce un detalle de una lápida sepulcral del siglo II de las catacumbas de Domitila en Roma. La imagen representa a Jesús Buen Pastor, que con su autoridad (cayado), guía a sus fieles (ovejas), los atrae con la música de la verdad (flauta), y los hace reposar a la sombra del árbol de la vida que es su cruz redentora.

 

Cinco años más tarde con la Carta apostólica Laetamur Magnopere del 15 de agosto de 1997, fue aprobada la edición típica (oficial) latina, texto de referencia para la redacción de los catecismos locales.

 

EL COMPENDIO DEL CEC

El 28 de junio de 2005 Benedicto 16 por un motu proprio aprueba el Compendio del CCE. Se trata, como el mismo papa lo dice, de una síntesis fiel y segura del CCE, es un vademécum. Tiene exactamente la misma estructura, contenido y lenguaje del CCE, y tiene además la característica de una forma dialogal, recuperando el estilo del género catequístico tradicional.

 

El Compendio es fruto de Congreso Catequístico Internacional de 2002.

En ese Congreso se plantearon varias alternativas al Catecismo; entre ellas, la propuesta del Card Schönborn de preparar un catecismo menor. Pero desde un comienzo la Santa Sede consideró que los catecismos breves, menores, marcados por la impronta de cada país, cada cultura, era responsabilidad de cada diócesis. De manera que prevaleció la idea de preparar una síntesis del Catecismo, un resumen, pero si ninguna parte faltante.

No es apto el Compendio como catecismo de primeras nociones. Mons. Manuel Estepa Llaurens aconsejaba su utilización por parte de adultos instruido como instrumento para comenzar a interiorizarse sobre los contenidos de la fe, pero siempre teniendo en vista el CCE, yendo de uno a otro texto. Y después de haber estudiado todo, utilizar el Compendio como ayudamemoria y repaso.

 

Juan Pablo II instituye en 2003 un Comisión con el encargo de elaborar esta Síntesis, tarea que se cumplió en dos años.

 

La Comisión, presidida por Ratzinger, estaba integrada por Jorge Medina Estévez, Jan P. Schotte, obispo belga; Darío Castrillón Hoyos, Prefecto de la sagrada congregación para el Clero; Christoph Shönborn; Tarcisio Bertone, secretario de Estado; Mons. Angelo Amato, secretario de la CDF; Mons. Rafaello Martinelli (de la CDF); Jean Luis Meinvielle (Congregación Para el Clero) y la Sra. Dagni Kjawergaard (colaboradora de Schönborn en Viena)

 

El YOU CAT

En el contexto de las Jornadas Mundiales de la Juventud surge la inquietud de intentar traducir el CEC a los jóvenes. Así surge el YOUCAT (Youth, juventud), bajo la guía del Arzobispo de Viena, Christoph Schönborn. La presentación oficial fue en la Jornada Mundial de Madrid en 2011.

 

Conclusión:

(palabras del Cardenal Joseph Ratzinger pronunciada en una conferencia poco después de la promulgación del CCE): “Sigue siendo para mí una especie de milagro que en un proceso de redacción tan complicado se haya originado un libro legible, interiormente homogéneo, y bello.

Que entre espíritus tan diferentes, -como los que estaban representados en el comité de redacción y en la comisión-, siempre se alcanzara la unanimidad, era para mí y para todos los participantes una formidable experiencia, en la que, a menudo, expresamente creímos percibir la mano superior que nos guiaba”.

 

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