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Por qué el Papa Francisco ha añadido 3 nuevas letanías y qué significan



Las letanías son un tipo de oración que nace sin estar ligada a otro tipo de oración. El Papa León XIII las sugirió y decretó indulgencia cuando se rezan al final del rosario, pero las letanías son una forma de oración que podemos rezar solos o en comunidad.

A través de las letanías lauretanas, la Iglesia católica ha destacado las invocaciones a la Virgen María. Se llaman así ya que provienen del santuario de Loreto. Y en ellas los Papas han incluido diversas invocaciones acordes a momentos históricos.

Por ejemplo, Benedicto XV incluyó el título “Reina de la Paz” en 1917, en medio del sufrimiento por la Primera Guerra Mundial. Pío XII sumó “Reina Asunta al Cielo” tras el dogma de la Asunción de la Virgen. Mientras que Juan Pablo II incluyó “Madre de la Iglesia” y “Reina de las Familias”.

Recientemente el Papa Francisco ha incluido tres nuevas letanías con mensajes muy actuales.

Mater Misericordiae”: Madre de misericordia.
Con ella el Papa Francisco da continuación al mensaje del jubileo que convocó, aunque el origen de esta advocación data de la época medieval y aparece en la “Salve Regina”.

Mater Spei”: Madre de la Esperanza.
Se trata de una advocación muy acorde a los actuales momentos de pandemia. “Invocar a María como Madre de la Esperanza en estos tiempos difíciles, en los que podemos tener pensamientos de desesperación, ya que la desesperación llega en momentos en los que no se puede hacer nada más. Así podemos sentir que no estamos tan desesperados, porque la Virgen María es Madre y está cerca de nosotros en momentos de desesperación”. (Corrado Maggioni, Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino)
  
Solacium migrantium”: Consuelo de los migrantes.
Esta letanía es fruto de uno de los mensajes principales del pontificado de Francisco: la defensa de la dignidad de los migrantes y refugiados. Con ella invita a tener más presente este dramas.
“La Sagrada Familia se vio obligada a migrar, tuvieron que escapar. Fueron perseguidos, migrantes. La Virgen María no es distante a quienes se ven obligados a vivir la migración forzada”. (Corrado Maggioni, Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino)

Con estas tres letanías Francisco envía un mensaje de esperanza, misericordia y de cercanía a los dramas actuales y los confía a la Virgen María.

Las cofradías de la Virgen de la Capilla



Tomado del Diario de Jaén
junio de 2016

Suenan campanas y cohetes anunciando a los jaeneros que, un año más, la Virgen de la Capilla saldrá a la calle, haciendo de la noche luna y del día sol, como hace 586 años, en la capital del Santo Reino, en la noche del 10 al 11 de junio de 1430 en que la Madre de Dios quiso, en cuerpo glorioso y en blanco cortejo, visitar la ciudad.

 Existiendo en 1856 la Cofradía del Rosario de Nuestra Señora de la Capilla, esta se agregó a la Real Archicofradía del Culto Continuo de la Santísima Virgen, llamada también “Corte de María”; en 1867, se reorganizó la cofradía, y se separó de la Asociación General de la Corte de María. Con motivo de esta reorganización, se adoptó como nombre el de Real Cofradía de la Corte de la Virgen de la Capilla y Culto Continuo de la Santísima Virgen, por lo que se aprobaron, en 1879, nuevos Estatutos hasta 1885.

Y en nuestro siglo, en 1910, Francisco Serrano Pardo, coadjutor de la parroquia de San Ildefonso, fundó la Guardia de Honor de Nuestra Señora de la Capilla, asociación de señoras cuyo fin era hacer piadosa vela a la Santísima Virgen, asistiendo al Rosario el día 10 de junio, a una misa, el día 11, y a la Salve, los sábados.

En 1926, se reorganizan las primitivas Cofradías, denominándose la nueva Cofradía de Nuestra Señora de la Capilla. En junio de este año, la fusión de ambas con nuevos Estatutos, aprobados el 22 de diciembre, pasó a llamarse Cofradía de Nuestra Señora de la Capilla. Alfonso XIII acepta el nombramiento de Hermano Mayor perpetuo, por lo que la cofradía adopta el título de Real.

El 11 de junio de 1930, el Cardenal Primado Pedro Segura la coronó; en 1950, S.S. Pío XII la proclama Patrona de Jaén; en 1967, se le conceden los honores de Alcaldesa Mayor de la Ciudad. Y, sucesivamente, Venera de Oro, Placa de Plata y Llaves de Oro de Jaén.

Así fue pasando el tiempo, hasta que, el 20 de abril de 1980, al ser elegido Ramón Calatayud Sierra, nuevo hermano mayor, reformamos los Estatutos con el título de Ilustre, Pontificia y Real Cofradía de Nuestra Señora de la Capilla, Patrona y Alcaldesa Mayor de la Ciudad de Jaén. De entre la Junta de Gobierno, José Galián Armenteros, fue nombrado Vicesecretario General y encargado de la organización de la Corte de Honor de la Virgen de la Capilla.



Fundación de la Corte de Honor de la Virgen de la Capilla  

He hecho esta introducción para dar a conocer los fundamentos por los títulos de sus cofradías (Corte de María; Corte de la Virgen de la Capilla y Guardia de Honor), de la actual Corte de Honor de la Virgen de la Capilla. Y recordar en el XXXV aniversario de su fundación, su organizador, que lo escrito se puso en la práctica, gracias a la existente Corte, al igual que en otras ciudades, concretamente, en Lérida, desde 1967, cuando la cofradía peregrinó con la Virgen de la Capilla para hermanarse con la Virgen Blanca de la Academia, fundándose en Jaén la Academia Bibliográfica Mariana.

Desde 1980 hasta el día 3 de abril de 1991 y sucesivos, siendo secretario general, formé un censo con más de doscientas fichas con datos personales de jóvenes con traje de pastira y de chirri; existiendo, desde entonces, la Corte de Honor de la Virgen de la Capilla, con la colaboración de la Asociación “Lola Torres”, que la nombramos cofrade de honor y de la Corte, encomendándoles la primera ofrenda floral y sus asociados, los primeros chirris y pastiras de la Corte de Honor de la Virgen de la Capilla.

Desde entonces, cada año la cofradía costeaba algunas bandas de seda azul y blanca, con el nombre de “Corte de Honor de la Virgen de la Capilla” que, confeccionadas por las Madres Dominicas, en acto solemne en la cofradía, previa citación que yo hacía, se imponían a los designados y se les entregaba un diploma acreditativo.



Un ruego jaenero, cofrade y mariano

Así se fundó y dio vistosidad a la procesión la Corte de Honor de la Virgen de la Capilla; hasta que sucesivas juntas “enfriaron” la participación de los jaeneros, que vistiendo de chirri y de pastira, los hombres y las mujeres, acompañasen a su patrona, a la Virgen de la Capilla, como lo hacían, desde los años ochenta, “conduciendo” el trono por unas largas cintas de igual color que las bandas, que salían de las plantas de la Soberana Señora.

Pastiras y chirris iban delante de las camareras de la Virgen, mujeres, esposas de los miembros de la junta de Gobierno, vistiendo la mantilla española, formando presidencia en el cortejo, representaban a los jaeneros e iban como guardianes de la que es nuestra Madre espiritual.

Bella estampa que hoy la vemos tan reducida que me permito sugerir a la Cofradía que fomente, que haga el esfuerzo jaenero, cofrade y mariano por restablecer aquella Corte y dé el sitio que le corresponde en el cortejo para mayor exaltación de la Virgen de la Capilla.

La Madrecita y el indígena

Fuente: Alfa & Omega

Cuando los primeros misioneros llegaron a Qutaqhawanaa orillas del lago Titicaca, en 1565, encontraron un lugar marcado por la religión inca, en el que se purificaban las personas que visitaban las cercanas islas sagradas del Sol y de la Luna. 

Menos de 20 años después, Copacabana, en la actual Bolivia, contaba con una de las primeras advocaciones marianas surgidas en América. La imagen que le dio origen, además, había salido de las manos de un descendiente de la nobleza inca: Francisco Tito Yupanqui.

Movido por su amor a María, Yupanqui había modelado, en arcilla, una imagen de la Candelaria. El sacerdote la colocó en un lateral del templo pero la escultura, más que devoción, despertó burlas por su poca calidad. Otro sacerdote, llegado poco después, la retiró. 

Dolido, Francisco se trasladó a Potosí para aprender el oficio y elaborar una imagen más digna. No le fue fácil: «El devoto indio lloraba su insuficiencia, afligíale la dificultad, animábale el deseo, consolábale la esperanza, y a todo recurría con lágrimas a la Madre de Dios», escribió, en 1653, el agustino Fray Antonio de la Calancha. Oraba y ayunaba, y «mandó decir una Misa a la Santísima Trinidad para que le alumbrase y favoreciese ». Muchos, incluido el obispo –a pesar de ser «prelado piadoso y amparo de indios»– le sugirieron dejar este empeño «para españoles maestros». 

Pero «ninguno de estos vaivenes y menosprecios desmayó el pecho del devoto indio, antes, a lo que él dice, se sentía más inflamado. Mientras más padecía, más se acrisolaba» su fe. Después de varios fracasos y accidentes, Francisco concluyó su versión definitiva de la imagen el mismo día que el obispo autorizó la fundación de una cofradía mariana. 
Talla original, sin la ropa y atavíos

Sin embargo, parte de la población indígena, de un grupo rival de aquel al que pertenecían los promotoresde la cofradía, pusieron la condición de que no se usara la imagen de Francisco. Ante este último golpe, el aspirante a escultor decidió venderla en otro lugar. 

Justo entonces, comenzó a extenderse la fama de que, de la imagen, salía un brillo especial. Se enteró el regidor de Copacabana de que varios pueblos se la disputaban, y puso mucho empeño en que llegara al lugar para el que había sido hecha. Se consiguió, por fin, el 2 de febrero de 1583, día de su fiesta. Y la acompañaron, hasta la iglesia de Copacabana, un nutrido grupo de indígenas, de uno y otro grupo.

La imagen, vestida como una princesa inca, ha tenido desde el primer día fama de milagrosa. «Siempre ha estado cuidando de los indígenas con su manto sagrado, viendo que tengan buenas cosechas y buena pesca –explica María Luisa, boliviana originaria de La Paz y residente en España–. Es la Madrecita, la Reina de Bolivia».

Además del 2 de febrero, también se celebra su fiesta el 5 de agosto. Pero «cuando más se siente la devoción es en Semana Santa, porque la gente aprovecha los días de fiesta para peregrinar desde La Paz. Familias enteras, niños, ancianos...» recorren, a pie, una distancia de 140 kilómetros para pedirle favores a la Virgen y agradecerle las gracias recibidas.

Es una efigie de poco mas de cuatro pies modelada enteramente en pasta de maguey y terminada en estuco. El cuerpo de la imagen está totalmente laminado en oro fino y en sus ropajes se reproducen los colores y las vestiduras propias de una princesa inca.  Su forma original permanece permanentemente cubierta por hermosos mantos y trajes. Su pelo es largo sobre sus hombros. 

Con el paso del tiempo los fieles donaron para adorno de la imagen, gran cantidad de valiosas joyas. La "Coyeta", como la llaman los quechuas y los aimaraes lleva al cuello, en las manos y el pecho ricas alhajas, y de sus orejas cuelgan valiosos pendientes de piedras preciosas obsequiados por sus devotos.  En su mano derecha sostiene un canastillo y un bastón de mando, regalo y recuerdo de la visita que en 1669 le hizo el virrey del Perú.

La imagen original nunca sale de su santuario y para las procesiones se utiliza una copia de la misma. Los  visitantes salen de la basílica caminando hacia atrás, con la intención de no darle la espalda a su querida patrona.

Desde Bolivia, esta devoción se extendió a otros países de América, como Brasil. La playa de Copacabana, en Río de Janeiro, no era, en el siglo XVII, más que un arenal. En él se construyó una pequeña iglesia en honor de la Virgen, con una imagen traída por comerciantes de plata peruanos. 

El templo que dio nombre a la playa desapareció; pero seguro que la Madrecita seguirá acompañando de forma especial a los jóvenes que lleguen a su playa para celebrar tres de los actos centrales de la JMJ.

La Señora Alcaldesa



 Los vecinos de la localidad de Gádor, (Almería, España) recibirán a las 12:00h de este domingo, 14 de abril de 2013, la visita del obispo Mons.  Adolfo González Montes, quien presidirá la Misa dominical, durante la cual se procederá al nombramiento de la Virgen del Rosario como Alcaldesa perpetua de la citada villa.

En el transcurso del mismo, el alcalde de la Villa de Gádor e impulsor de esta iniciativa, Eugenio Gonzálvez García, entregará a la Santísima Virgen del Rosario el bastón de mando, diploma acreditativo, medalla de concejal e insignia, como establece el Reglamento de Honores y Distinciones del Ayuntamiento. 

El patronazgo de la Santísima Virgen del Rosario se remonta al año 1573. En 1801 se realiza la Capilla de la Virgen del Rosario, en el actual templo parroquial, y en 1856 se le hizo un fino manto de tisú blanco, con ramilletes de oro, por su intercesión en la epidemia de cólera de 1855, precisándose que siempre se ha acudido a ella en diversos momentos que han jalonado la historia de Gádor.

Por todo ello, se indicó en el Pleno, “en atención a los merecimientos que han sido reiteradamente reconocidos por los vecinos de Gádor, su Corporación Municipal, considerando el enorme fervor popular del que es objeto la imagen de la Santísima Virgen del Rosario, quiere agradecerle todo lo que ella ha hecho por Gádor y los gadorenses, nombrándola Alcaldesa honoraria y perpetua de la villa”.

Entre el caserío de Gádor sobresale, por su altura y rotundidad arquitectónica la iglesia parroquial de la Virgen del Rosario. El templo se levanta sobre una colina central que preside el conjunto urbano. La construcción primitiva se remonta al siglo XVI, una sencilla iglesia mudéjar, pero en el siglo XVIII se considera insuficiente por el aumento de población y se decide levantar un nuevo templo gracias al obispo Claudio Sanz y Torres (1761-69), quien culmina la renovación artística barroca de la catedral y promueve la construcción de numerosos templos en la provincia, entre los que destacará Viator, Gádor, Vélez Rubio y el Santuario de Nuestra Señora del Saliente.

Por la fecha tan tardía el edificio conjuga un modelo tradicional y barroco de planta de cruz latina, de tres naves y cúpula sobre pechinas en el crucero, con la simplificación decorativa y el rigor clasicista del neoclasicismo español de finales del siglo XVIII, que se refleja en la ausencia de retablo mayor, y la desornamentación general del interior.

Los retablos y la imaginería de la iglesia fueron totalmente destruidos durante la Guerra Civil, y tras la contienda se decoran las bóvedas con unas pinturas de escasa calidad, que desmerecen la majestuosidad del resto del conjunto.

Madre de la Vida y la Familia

Una pila bautismal de piedra es el lugar ideal con el que sueña Luis Olcoz Zaratiegui  para colocar la escultura a la Virgen que terminó de tallar el otoño pasado.

La estatua, hecha en roca arenisca de 71 kg de peso, 65 cm de altura y 38 de base, es "sencilla y de escaso valor artístico", -según reconoce su autor-, pero bajo la advocación de "Madre de la Vida y la Familia" pretende hacer un llamamiento a la sociedad actual sobre dos problemas que le preocupan gravemente: el aborto y las rupturas familiares.

Cuando se aproximaba la edad de jubilación, este navarro de 70 años, que fue enfermero ATS durante casi toda su vida laboral, empezó a preocuparse por las actividades a las que dedicaría su tiempo libre, sobre todo por aquellas que no había podido permitirse hasta entonces. "Primero planeé hacer una imagen de mi madre biológica, -santa Felisa para mí, afirma Olcoz-, e incluso trabajé bastantes días en esa idea, pero me di cuenta enseguida de que era una osadía y abandoné", reconoce.

Sin embargo, la piedra de más de 200 kg que Olcoz ya tenía en su casa nativa de Amatrian y que le había proporcionado un buen amigo suyo, Roberto Martínez Lerga, no le dejaba tranquilo. "Cada vez que me acercaba al pueblo, -explica-, esa piedra me recordaba mi falta de constancia". Así que a finales de 2008, cuando se hallaba muy sensibilizado por el devenir de la sociedad actual, se propuso un nuevo reto: hacer una talla de una Virgen "sencilla, sin bocetos, tal y como la concebía en aquél momento" y que "sirviera a la gran familia de creyentes para constituir hogares cristianos más sólidos ".
Olcoz compró dos cinceles, dos gradinas, un puntero, varios formones, una maza, diversos martillos y una sierra de diamante, que permitiera hacer los trabajos más bastos, y se puso manos a la obra. "La piedra arenisca, propia de la zona,-aclara Olcoz-, tiene dos inconvenientes: las vetas, que cuando te las encuentras pueden dar al traste con el trabajo realizado, y la blandura, que hace más difícil terminar los pequeños detalles, porque se rompen con más facilidad que en otro tipo de piedras como el granito o el mármol", concluye.
La escultura se terminó en otoño de 2010 y el pasado 13 de marzo fue bendecida por el arzobispo de Pamplona, D. Francisco Pérez, en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes en Tudela. Ahora, sólo necesita una pila en una iglesia.

La Virgen que vió Lepanto



Estuvo muchos años perdida pero finalmente, ha sido encontrada. Se trata de la talla de la Virgen del Rosario que estuvo presente en la gloriosa batalla de Lepanto de 1571 en la imponente y poderosa Galera Real, la nave capitana de los buques de la Liga Santa que derrotó a los turcos.

"La Real" era el buque más formidable de su tiempo y  además de reunir toda la tecnología de punta del momento, era en su zona de popa un auténtico palacete, con una lujosa ornamentación en rojo y oro y numerosas esculturas y bajorrelieves. Su dueño, Su Majestad Católica Felipe II; y su capitán, Don Juan de Austria, Almirante en Jefe de las fuerzas marítimas españolas en aquella batalla que cambió el curso de la Historia.

"La Real", fue la nave que se enfrentó con éxito a "La Sultana", el buque insignia otomano, en el que viajaba Alí Pachá.

Entre los pertrechos de la nave capitana en Lepanto había una talla de la Virgen que, tras muchos años en los que se le había perdido de vista, se encuentra ahora en restauración en el Museo Naval; se le conoce también -razones obvias- como la Virgen de la Victoria.

Esta imagen de la Madre de Dios fue un regalo hecho por los aliados venecianos a don Juan de Austria. Cuando éste dejó los mares quiso que la virgen, pasara a manos de la Cofradía de las Galeras de la iglesia de San Juan de Lebrón de El Puerto de Santa María. En 1854 llegó al Colegio de Guardiamarinas, donde fue restaurada. Sin embargo, el tiempo fue inclemente con ella. Hasta hoy.

Santa María de la Almudena


Fuente: Alfa & Omega

 
Se dice que en los arrabales del primitivo poblado de Madrid, que los musulmanes llamaban Magerit, y más concretamente en la Cuesta de la Vega, se daba culto a la Virgen en una pequeña iglesia allí situada y denominada Santa María de la Vega. Era una advocación muy conocida y venerada. Con frecuencia, a este respecto, se cita una carta que había escrito san Ildefonso (+667) a un canónigo de Zaragoza diciéndole que, cuando pasara por Madrid, «se acordara de que, en su vega, hay una devota imagen de Nuestra Señora, llamada la Virgen de la Vega».


Pero, llegado el año 711, y ante el propósito sarraceno de invadir aquel poblado, sus vecinos decidieron esconder la imagen de la Virgen para evitar que fuera profanada (algo que se hizo costumbre en casi todos los pueblos de la Península Ibérica); y, como expresión de su mucho amor a la Señora, decidieron colocar dos velas encendidas junto a su imagen oculta tras la tapia de cal y canto.


Pasaron más de 370 años, y en 1083, el rey Alfonso VI, que había conquistado Madrid, supo de sus nuevos súbditos la sorprendente historia de la imagen. El rey cristiano trató de encontrarla con distintos procedimientos, aunque sin éxito, pero no cejó en su intento e hizo a la Virgen la promesa de que organizaría toda suerte de plegarias y rogativas con el pueblo, hasta hallar la imagen, si conquistaba la ciudad de Toledo.


Al lograrlo en 1085, regresó triunfante a Madrid dispuesto a cumplir su compromiso. Convocó una gran procesión encabezada por él mismo, acompañado del arzobispo de Toledo, fray Bernardino de Ager, a la que asistieron nobleza, clero, ejército y todo el pueblo. Discurrió en torno a la fortaleza amurallada y, al llegar a un cubo de la muralla próximo a la almudayna -que en árabe significa ciudadela-, vieron sorprendidos cómo se desprendían las piedras y aparecía la tan añorada imagen. ¡La Virgen estaba allí, y con las dos velas encendidas! Ocurrió el 9 de noviembre de 1085, y desde entonces Santa María de la Vega tomaría el nombre de Santa María de la Almudena.


La imagen de la Virgen aparecida fue entronizada por el arzobispo de Toledo en el altar mayor de la recién cristianizada mezquita, ya iglesia de Santa María, situada al comienzo de la referida Cuesta de la Vega, en la confluencia de las hoy calles Mayor y Bailén. El rey quiso añadir al nombre de la Virgen la realeza: se llamaría para siempre Santa María la Real de la Almudena, Patrona de Madrid por voluntad de su pueblo y de su rey. La misma tradición nos dice que ya en el siglo XIII así se consideraba. Consta, además, que el templo de Santa María fue visitado por los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II y sucesivos soberanos.


Y se llega así al año 1868, en que aquel templo de la Cuesta de la Vega fue demolido por orden del Ayuntamiento, alegando motivos urbanísticos... La imagen fue trasladada a la cercana iglesia del Santísimo Sacramento, donde los vecinos de Madrid reiteraron y mantuvieron siempre su amor a la Señora.

Virgen de Zapopán

Nuestra Señora de la Expectación de Zapopán
Imagen vestida actual

La imagen de la Virgen de Zapopán que se venera en el santuario a ella dedicada, es la misma que llevaba colgada al cuello Fr. Antonio de Segovia, el apóstol de Nueva Galicia (México), y que probablemente, a solicitud de él le hicieran los indios de Michoacán.

Fr. Antonio de Segovia (1486-1570)

La imagen miden 34,2 cm. de pies a cabeza. De ancho a la altura de los codos mide, 11,5 cm.; el rostro 5,5 cm.; de la rodilla a los pies, escasos 9 cm. Fuera de la cabeza, las manos y los cuernos de la luna que son de madera, el resto es de corazón de caña de maíz, no amasado ni batido sino unidos unos con otros los cañutos verticalmente con alguna clase de pegamento.


Imagen original

La tez es morena, acentuado el color oscuro por la antigüedad y por haber permanecido cubierta por dos velos para protegerla de la luz y el polvo. La frente es llana, los ojos rasgados y grandes de color aceitunado y de mirar sereno. La nariz recta es un poco estrecha en la parte media y algo amplia en la punta y fosas nasales. La boca es pequeña aunque el labio inferior luce un poco grueso. Las mejillas son llenitas. Un cuello recto sostiene la cabeza en igual posición, mientras las manos están juntas a la altura del pecho. Su aspecto y apariencia es el de una típica Inmaculada Concepción.

No es una obra de arte, pero impresiona por su majestad y realeza; admira su semblante y la expresión de su rostro: a veces sombría, a veces seria, a veces risueña, según la luz ambiente.
La imagen original fue resguardada de la cintura para abajo en un vaso de plata y placas metálicas en el pecho y en la espalda, juntamente con la peana en el año 1713. Posteriormente, en 1935 y con motivo de la elevación de su santuario a la categoría de Basílica, ese vaso de plata fue sustituido por otro en forma de túnica artísticamente labrada.
En 1992 la imagen fue sometida a una prolija restauración, proceso que permitió concluir que jamás había sido restaurada, sino que sólo había sufrido varios cuidadosos retoques con el correr de los siglos; todas las fallas fueron tapadas con pasta de maíz tomada de antiguas imágenes para que el resultado final fuera excelente.

Declarada en 1734 Patrona de Guadalajara contra tempestades, rayos y epidemias, no será hasta 1919 que Pío XII la coronará como Reina de Jalisco.

Las imágenes de la Patrona de Cadiz

La Patrona coronada

La Hermandad del Rosario de Cadiz, integrada en principio por esclavos negros residentes en la ciudad, surge a finales del siglo XVI en la antigua ermita del Rosario, hoy parroquia del mismo nombre. Desde entonces, fueron cuatro las imágenes que los gaditanos han contemplado.

En 1596 la imagen original titular de los morenos, padeció los ultrajes de los invasores angloholandeses cuando el sitio y saqueo de la ciudad de Cádiz. La imagen fue arrastrada por las calles y también sufrió cuchilladas y quemaduras en distintas partes del cuerpo. Totalmente desmembrada fue arrojada en un lugar que se conocía como El Boquete. Pero una colonia católica de ingleses la recogieron y fue llevada a las islas británicas. Es la famosa "Lady Vulnerata".



La imagen destruida durante la Guerra Civil
Con la llegada a la ciudad de los frailes dominicos estos se hacen cargo de la dirección espiritual de la hermandad, que se traslada llevando consigo una nueva imagen realizada en 1598 desconociéndose su autor. La imagen tenía el semblante triste, muy erguida, de mirada frontal y con una leve inclinación de la cabeza. El Niño Jesús que portaba, según parece, fue una obra protobarroca, posterior a la hechura de la Virgen.

La intervención sin dudas milagrosa de la Sma. Virgen del Rosario en las epidemias de 1681 y 1730, y en el terremoto de Lisboa, motivó que el Ayuntamiento la nombrara Patrona y Protectora de la Ciudad de Cádiz, patronazgo que Pío IX ratificó mediante Bula del 25 de junio de 1867.
La Rubia de Granda

El 11 de mayo de 1931 un grupo de exaltados incendiaron el Templo y el Convento, y los dominicos, antes de huir, pudieron rescatar el Santísimo Sacramento y lo que quedaba de la imagen de la Virgen: las manos y el Niño Jesús.

Una reproducción fotográfica colocada en el altar y capilla de la Coronación de Nuestra Señora, en la Catedral Vieja, vino a sustituir el hueco dejado por la Patrona en su templo conventual.

Pronto se repuso la talla por medio del encargo que realizaron un grupo de gaditanos devotos de la Virgen al escultor y sacerdote Félix Granda y Buylla. El 23 de diciembre de 1933 se volvieron a abrir las puertas del templo dominico restaurado. Una nota de prensa muy escueta decía: "...se ofrece en la hornacina una imagen de la Santísima Virgen del Rosario, cuyas manos y el Niño Jesús que sostiene en ellas, pertenecen a la imagen destruida".

Granda realizó una versión muy libre y muy hermosa de la Virgen, sin ajustarse a los rasgos de la desaparecida. Según refieren algunos testigos, el rostro de esta Virgen era muy parecido al de una de las damas que fueron a encargarle el trabajo. La imagen no fue del agrado de los gaditanos, que la llamaban "la rubia de Granda" por el color de sus cabellos y sus ojos azules. En 1943 se retiró del culto y ha estado durante muchos años en una habitación próxima al camarín en que actualmente se aloja la Patrona; actualmente se desconoce su paradero.

La Patrona

En 1943, Manuel José Rodriguez Fernández Andes, -imaginero sevillano que pertenecía a la Orden Tercera de Santo Domingo de Guzmán y había sido novicio en el famoso convento de Almagro-hizo la actual imagen, a la que también se le colocaron las mismas manos y el Niño Jesús que habían tenido las anteriores. Es una imagen muy galana, hermosa como pocas, mostrando a Jesús y el Rosario. Es la imagen de la “Patrona” que desde el 26 de septiembre de ese año recibe la veneración de todos los gaditanos. Su coronación canónica tuvo lugar el 4 de mayo de 1947. Además, desde el 26 de mayo de 1967 ostenta la vara de Alcaldesa Perpetua de la ciudad, y también tiene honores de Capitán General, éstos, concedidos por los marinos, que la tienen por Patrona de la Armada Española desde la victoria de Lepanto. Y tiene, infinidad de regalos de gentes de toda condición. Y, todos los años, esta vez con varas de nardos, los niños de Cádiz, recuerdan al mundo quien es su Patrona y por qué se la quiere tanto.

La imagen procesiona dos veces al año: en la festividad del Corpus Christi y en el día de su onomástica, el 7 de octubre; viene precedida de una novena y una multitudinaria ofrenda floral. Durante estos actos, el pueblo canta los gozos que el Beato Fray Diego de Cádiz le dedicó:

Cantemos con devoción
a la que es de Dios Sagrario;
Señora, por tu Rosario,
logre yo mi salvación.


La Galeona, que se quemó en 1931

Estrechamente relacionada con nuestra Patrona, se venera en la misma iglesia otra imagen de la Virgen del Rosario: una talla de madera sin vestidos de tela, de unos 60 cms. de altura, llamada popularmente "La Galeona" Se llama así porque esta imagen acompañaba a los buques galeones de la Flota de Indias en la nave capitana.

Eran varias las esculturas galeonas en la carrera de Indias, pero ésta de Santo Domingo ha sido objeto de particular historia en esa tradición religiosa naval. Han quedado registrado pintorescos detalles de los actos y procesiones a que daba lugar el embarque y desembarque de esta imagen de Nuestra Señora del Rosario en la flota de Nueva España. Durante su tiempo de permanencia en Cádiz, la imagen de La Galeona quedaba colocada en la capilla del Tercio de Galeones, en la misma iglesia dominicana.

También el cuerpo de la primitiva Galeona se quemó en 1931 el mismo día que la Patrona. Pero, inexplicablemente, quedó de ella la cabeza y el Niño Jesús. Más tarde el Niño fue robado, pero el ladrón, al enterarse que iban a reconstruir la imagen de la Virgen, se arrepintió y lo devolvió secretamente. En 1945, por encargo de los padres dominicos, el escultor gaditano D. Juan Luis Vassallo Parodi esculpió una nueva imagen conservando en su interior, a modo de reliquia, el leño quemado de su primer cuerpo y colocado de nuevo el Niño Jesús en el brazo izquierdo de la Virgen. Y así, en la imagen que hoy vemos, la cabeza de la Madre y el Niño son de la primera Galeona, y el cuerpo, una perfecta reconstrucción del anterior.

Virgen del Rosario de Agua Santa


Fuente: Catholic.net

Bajando de la ciudad de Ambato, capital de la provincia ecuatoriana de Tungurahua, llegamos a la ciudadela de Baños, a 1,800 metros de altura, llamada "Puerta del Oriente", porque allí empieza prácticamente la región amazónica ecuatoriana. Baños, como lo dice su mismo nombre, es renombrada por sus aguas ferruginosas que brotan del volcán Tungurahua. Esta pequeña ciudad termal es famosa sobre todo por su santuario de la "Reina del Santísimo Rosario de Agua Santa", que surge en la zona oriental.

La fundación de Baños se remonta al año 1570, pocos años antes de la fundación de Quito, cuando los misioneros dominicos recorrían la región evangelizando los centros de Ambato, Pelileo, Patate y Canelos. En Baños construyeron un centro de acogida para los misioneros que bajaban a la región amazónica o regresaban de ella. En los comienzos erigieron una capillita con muros de "guadua" y techo cubierto de paja, donde se veneraba una estatua de la Santísima Virgen de Monserrat. Más abajo surgía la "ermita" de la Virgen de Agua Santa.

Un relato histórico informa que una noche el sacristán de la iglesia de Baños vio a una pequeña estatua de la Virgen cernerse en el aire, acompañada por dos bellísimos jóvenes, y bajar a pies de un manantial que brotaba de la montaña.

El hecho se repitió varias veces; por eso el párroco y la gente del lugar se reunieron en la capillita para suplicar a la Santísima Virgen que les manifestara claramente sus intenciones.

La noche siguiente la Virgen apareció al sacerdote pidiéndole la erección de una capilla junto al manantial, prometiendo la curación a los leprosos que se bañarán con fe en aquellas aguas. El mando fue ejecutado minuciosamente, pero cuando llegó el momento de trasladar la imagen al nuevo templo, el párroco y la gente constataron que había misteriosamente desaparecido.

Más tarde llegó a la plaza del pueblo donde se había construido el templo, una mula cargada con un cajón. Nadie sabía de donde había llegado y a quien pertenecía. El cajón fue entregado al párroco esperando la comparecencia del propietario.

Pasaron dos meses sin que nadie reclamara el cajón. Por lo tanto, el párroco decidió abrirlo en presencia de algunos testigos. Con su gran maravilla descubrieron la estatua de la Virgen venerada actualmente en el santuario de Baños. Desde aquel momento la imagen de "Nuestra Señora del Rosario de Agua Santa de Baños" se convirtió en una de las más veneradas en el Ecuador y en otros países latinoamericanos. La construcción de la actual basílica, comenzada por el dominico flamenco P. Tomás Cornelio Alflants a finales del siglo pasado, fue completada en 1929.

Un breve del Papa Pío XII en 1957 declaraba a la Virgen de Agua Santa de Baños "patrona principal de las misiones del oriente ecuatoriano". En 1959, el Cardenal Arzobispo de Quito, Carlos M. de la Torre, coronaba solemnemente la estatua de la Virgen con la presencia del Presidente de la República, Dr. Camilo Ponce, quien ofreció a la Madre de Dios el bastón presidencial invocando su patrocinio sobre el Ecuador.

En la basílica podemos admirar numerosos lienzos que ilustran la historia del Santuario y los milagros más conocidos obrados por la Santísima Virgen. Numerosísimos son los peregrinos, provenientes de todas partes del Ecuador y de otros países, que visitan el santuario.

La Reina de Gibraltar


El 12 de mayo del año pasado, el obispo de Gibraltar, Mons. Charles Caruana, declaró un Año Jubilar con motivo del séptimo centenario de la devoción a Nuestra Señora de Europa.

Desde entonces, se han organizado una serie de actos culturales, sociales y religiosos que culminarán el próximo 5 de mayo con una misa multitudinaria junto al santuario. Será oficiada en latín, inglés, español, alemán e italiano y contará con la asistencia del cardenal José Saraiva Martins en representación del Vaticano; del Arzobispo de Madrid, Card. Rouco Valera; del de Sevilla, Mons. Carlos Amigo; obispos de toda España y miembros de la Red Mariana de Santuarios de toda Europa.

La vinculación de Gibraltar con la Virgen de Europa data del año 1309, cuando el rey español Fernando IV acabó con el enclave musulmán en el Peñón. Sin embargo, Gibraltar fue de nuevo ocupado por los árabes en 1333. Allí permanecieron hasta 1462, cuando Rodrigo Ponce de León los expulsó definitivamente.


La antigua mezquita existente fue convertida en capilla tras la reconquista. Desde entonces se mantuvo un fuego permanente como ayuda a la navegación, lo que convirtió a la capilla en precursora del Faro de Europa Point. Una estatua sedente de la Virgen, con cetro y corona y el niño Jesús en los brazos, fue colocada en el pequeño santuario, que en dos siglos adquirió mucha fama y popularidad. Así, los barcos que surcaban el Estrecho solían rendir tributo a Nuestra Señora de Europa y las ofrendas de los marineros eran habituales: a lo largo de los siglos se formó una impresionante colección de lámparas de plata donadas por los navegantes que pasaban por Gibraltar.

Desde entonces y hasta la actualidad, el santuario ha sufrido numerosas vicisitudes. Así, en 1504 fue saqueado por el corsario turco Hali Hamat. A raíz de aquel grave incidente, Felipe II ordenó construir unos muros para proteger la ermita.

Ya en el siglo XX-en 1962-, se llevó a cabo una restauración del santuario, que durante años de conflicto llegó a ser utilizado por el Ejército como almacén de aceite y cajas de embalar, e incluso como biblioteca para las guarniciones militares. El 28 de septiembre de 1962, el obispo Healy celebró allí la primera misa tras 258 años, en vísperas de su viaje a Roma para asistir al II Concilio Vaticano. El primer bautizo tuvo lugar en noviembre de 1966 y la primera boda, diez años después en el mes de julio.

El tesoro más valioso del santuario - la estatua de la Virgen y Niño - todavía se encuentra allí hasta el día de hoy. En este Jubileo, Gibraltar reconoce la intercesión de Nuestra Señora de Europa y llama a su devoción como patrona de todos los ciudadanos del continente europeo.

La Almudena

El Niño desnudo de la Almudena
por Joaquín Martín Abad
Fuente: Alfa & Omega

Al contemplar la talla de Nuestra Señora de la Almudena llama la atención hasta el interrogante: ¿por qué la Virgen está vestida y el Niño completamente desnudo?

Mucho más llama la atención si se la compara con las tallas de la Virgen de Atocha y de Nuestra Señora de Madrid, en las que el Niño Jesús está vestido; o como también sus vestidos están tallados o esculpidos en las de: Begoña (Bilbao) y Los Reyes (Sevilla); la Virgen Blanca, de Vitoria, o la de la catedral de Toledo; la de Monserrat (Monistrol de Monserrat) o la de los Ojos Grandes (Lugo); y la de Lluc (Mallorca) o la de Guadalupe (Cáceres). De norte a sur y de este a oeste. (El Niño de la del Rocío es muy posterior a la talla de la Virgen).

Además, los Austrias auspiciaron mantos de telas ricas y bordadas sobre las imágenes que, a su vez, dentro de ellas llevan pintados sobre la escultura sus propios vestidos. Cosa distinta es otra serie de imágenes, llamadas de vestir, a las que sólo se les talla caras, manos y pies, y luego se entroncan en un armazón que sostiene las túnicas y los mantos de tela.


No obstante, el Niño de la Almudena, a quien la Virgen tiene actitud de mostrarlo, está desnudo del todo y sin nada en las manos. Igualmente el de la Virgen del Pilar en Zaragoza, Patrona de la Hispanidad, aunque éste lleva en la mano izquierda una paloma; el de la Santina de Covadonga (Cangas de Onís) - añadido a la Virgen-, aunque se le suele ver con manto de tela por encima; y el de la de Aránzazu (Oñate), imagen esculpida en piedra, Niño que lleva en su mano izquierda un fruto.


Las imágenes de la Virgen del románico y del gótico -hasta mitad del siglo XV- llevan al Niño con vestido de talla o esculpido. Las imágenes desde la segunda mitad del siglo XVI en adelante también, porque el Concilio de Trento ordenó el decoro de las imágenes en las iglesias.


Pero en la segunda mitad del XV, llamado el siglo de la Encarnación, y en la primera mitad del XVI, andando el Renacimiento, fueron talladas imágenes de la Virgen con el Niño completamente desnudo con esta intención: mostrar al Niño como verdadero niño y que, siendo Hijo de Dios, y Dios, es simultáneamente Hijo de la Virgen María, y hombre.


Era poner en imagen el poema latino atribuido al papa Inocencio VI: «Ave, verum Corpus natum de Maria Virgine (Salve, verdadero Cuerpo nacido de María Virgen)», que desde 1362 se fue extendiendo y divulgando en el culto eucarístico por toda la Iglesia. O el texto evangélico, que repetimos diariamente en la recitación del Ángelus: «Et Verbum caro factum est. Y el Verbo se hizo carne». Para que, al ver la imagen del Cuerpo de Cristo, admiremos con fe la encarnación del Verbo.


Las señales de que había nacido el Hijo de Dios fueron la de los pañales y la del pesebre, como aparece en el evangelio de San Lucas. San Francisco de Asís se encargó de ponerlas en imagen, en Greccio, para que el Misterio entrara a todos por los ojos hasta el corazón. La señal del misterio de la Encarnación era mostrar al Niño en todo su cuerpo, que es cabalmente varón, sin pañales ni vestidito, sino tal cual. En cuerpo y alma. Para que se pueda comprender y adentrar desde los ojos hasta el espíritu el texto de la carta a los Hebreos: «Me has formado un cuerpo». La humanación de Dios.



Así, el Niño desnudo en brazos de su Madre Virgen hasta resulta un dato para fechar las imágenes de hace siglos. No sabemos cómo era la primitiva imagen de la Almudena, ni la del Pilar ni la de la Santina, que perecieron incendiadas. Pero la señal del Niño desnudo nos indica que estas actuales imágenes pudieron ser talladas entre esos cien años que van desde la mitad del XV a la del XVI.


Después, muchos escultores optaron por vestir al Niño Jesús, medio desnudo, con el fin de compaginar el sentido del recato de su época con la mostración de la humanidad del Señor. En el museo de la catedral de Madrid se pueden contemplar los trajes y las distintas coronas con que en otros tiempos se ha vestido a Nuestra Señora de la Almudena y al Niño. Pero ahora se muestra la imagen en su talla original y, por cierto, bien restaurada recientemente en el Estudio-taller de restauración, de la Fundación del Arzobispado de Madrid Nuestra Señora de la Almudena.


El Niño, pues, totalmente desnudo. Y, al ser mostrada la imagen de Nuestra Señora de la Almudena con el Niño sin vestir, podemos rezar, en el templo o en la procesión, exclamando desde la hondura de nuestro amor: ¡Salve, Señora! y, a la vez, dirigiéndonos al Hijo, sobre todo en el culto eucarístico donde está realmente su Cuerpo y ya no sólo una imagen: ¡Salve, verdadero Cuerpo nacido de la Virgen María!

Nª Srª del Huerto


por la Hna. María de Roncesvalles
Fuente: ive.org

El origen de la devoción y del culto de Nuestra Señora del Huerto se remonta a fines de 1400.

En la primavera de 1493 la ciudad de Génova (Italia) es aquejada por una gravísima epidemia. Chiávari, una amena y pequeña ciudad construida sobre la costa de levante, tenía cotidianas comunicaciones con Génova y por lo tanto no permanece inmune a dicha epidemia.

La señora María de la familia de los Quercio, una piadosa mujer del suburbio de Rupinaro, iluminada por una fe profunda acude a la Madre de Dios y le promete una señal de público reconocimiento si permanecía inmune del tremendo flagelo.

Su esperanza no fue defraudada, la mujer resultó inmune de la epidemia. En señal de gratitud a María Santísima mandó pintar su imagen en medio de los dos santos protectores de los afectados por la peste, San Sebastián y San Roque. Y a fin de que los que pasaran pudiesen más fácilmente alabarla, pensó en hacer pintar la imagen no ya en una Iglesia sino en un lugar público, en un muro a lo largo de los huertos que en aquél entonces se extendían desde el Palacio del Capitán hasta la marina. Confió el encargo a Benito Borzone.

Siguiendo las indicaciones de la señora, el pintor logró expresar de un modo admirable la idea de la bondad y del poder de María. Representa a la Virgen en el acto de estrechar en su seno con la mano izquierda al Niño Jesús, que se toma de su cuello, mientras que con la mano derecha sostiene alzado el pequeño brazo del Hijo para bendecir a la ciudad o a cualquiera que tuviera la gracia de pasar delante de Ella.

En torno a la cabeza de la Virgen se leen las palabras del saludo angélico: Ave gratia plena, y, más en alto la frase bíblica: Hortus Conclusus.

La nueva imagen suscitó enseguida una nueva devoción, pero el culto a María del Huerto se mantenía siempre privado.

En 1528 la peste volvió otra vez a la Liguria y también a Chiávari, este peligro despertó más la devoción y la atención hacia la sagrada imagen. Fue entonces cuando se edificó un altar a los pies del nicho para permitir al público asistir al Santo Sacrificio.

El cuadro, a pesar de estar expuesto a la lluvia, al sol, a las exhalaciones marinas conservaba toda la frescura de sus pinturas.

La aparición de María en el huerto de Chiávari respondía al designio de la Providencia que quería suscitar un despertar en la fe y en la piedad mediante el culto de María, Mediadora y Corredentora del género humano.

María concedió una lluvia de dones y gracias: curaciones de enfermedades, extinción de odios y enemistades y conquistó el corazón aún de los incrédulos. La fama de estas maravillas se divulgó acrecentando más la devoción entre los chiavareses y las poblaciones vecinas, de tal manera que se originó una reforma general de vida.

Fueron desterradas las diversiones ilícitas; se volvió a la devoción, a una enmienda en el lenguaje, a la sinceridad en las obras, a la prontitud en los actos religiosos, a la oración. Fueron a postrarse delante de la imagen aquellos que la habían profanado con sus juegos y blasfemias.


La fisura


El pequeño muro sobre el cual se había pintado la imagen de María amenazaba derrumbarse a causa del deterioro del tiempo y la intemperie. En efecto en el nicho apareció una fisura como de un dedo de ancho, que, atravesando transversalmente la imagen por el lado derecho de la cabeza iba a terminar en el flanco izquierdo, de tal modo que dejaba intacto al Niño Jesús.

El pueblo temía que el nicho se derrumbase, pero después de una aparición de María a un joven, el muro se restauró por sí solo. De la peligrosa fisura no quedó mas que una señal apenas visible, y esto fue como un testimonio del prodigio de la aparición. Los que testificaron declararon que después de haber desaparecido ésta, la imagen de María aparecía más hermosa.

A pesar de todos estos signos hubo quienes se opusieron a ver todo esto como un instrumento providencial en los designios de Dios para dar un nuevo impulso al culto de María. Sin embargo el pueblo al seguir dando testimonio de lo que la Virgen había hecho en favor de ellos logró que se rindiera el homenaje debido a María. El día 27 de julio de 1610 se congregó todo el pueblo para un acto de pública veneración. Después del canto de las letanías, entonadas por el vicario, hizo el primer panegírico de la Virgen del Huerto el Padre Gavanto, uno de los más insignes teólogos de entonces.

Con el consentimiento del Vicario, en lugar del simple nicho se construyó una capilla, para preservar mejor la sagrada imagen de los peligros de la intemperie. El 25 de marzo de 1612 el canónigo Bartolomé Chiappe celebraba en la capilla de la Virgen del Huerto la primer Misa solemne.

Finalmente se decidió construir una nueva Iglesia que fuera una digna respuesta de las muestras de predilección que María hacía a los del pueblo. El 1 de julio de 1613 se puso la primera piedra del templo de María del Huerto, bendecida por Mons. Papiniano Denalio, vicario general de la curia de Génova. Dentro de la piedra fue encerrada una medalla de plata representando a la Virgen del Huerto.

Los trabajos para la erección del Santuario requirieron años y a menudo fueron suspendidos por falta de fondos. Para poder continuar con esta obra contribuyó mucho la familia Costaguta, que se comprometió a levantar el Coro y la Capilla Mayor a sus expensas. La inauguración con la bendición del templo se hizo el 23 de noviembre de 1633.

Terminada la construcción del Santuario se iniciaron enseguida los preparativos para el traslado de la sagrada imagen a la capilla central, al puesto de honor. Se fijó como fecha el día 8 de septiembre de 1634. Al alba del día 8 de septiembre empiezan las solemnes funciones y enseguida la imponente procesión: la imagen de María del Huerto sacada del viejo muro y encerrada en un marco de gruesas pizarras, pasó por primera vez por las calles de Chiávari en medio de un pueblo jubiloso llevando por todas partes la bendición de su Divino Hijo.

Santa María de Pérula



por Rafael Leante y García
Fuente: Revista Serrablo


Distante dos kilómetros del pueblo de Ayneto, perteneciente a la parroquia de Lasaosa, en el término de Serrablo y distrito de Secorun; en un llano que forma el eje de célebre pardina, propiedad particular de D. Manuel Escartín, vecino de 12 feligresía, existe, una ermita dedicada desde muy antiguo a la Santísima Virgen, conocida en el país, bajo la advocación de Santa María de Pérula.

En la Botánica, pérula es la cubierta exterior de los botones de las flores, ó sea, las hojas que unidas lo defienden mientras está cerrado, hasta que tomando toda la consistencia necesaria, se abre a los rayos del sol. Pérula es también un nombre femenino, que en la lengua latina significa alforjilla, ó saco pequeño.


Tomada la advocación en su acepción primera, representa con exactitud, la misión de aquella sagrada imagen de María, que cubre con su manto y protege a todos los cristianos devotos de la comarca, cual las verdes hojas cobijan la naciente flor, y no los abandona; hasta que fortalecidos con la gracia, se abren sus almas ante el divino Sol de justicia; cual la pérula de la rosa la defiende y protege hasta que fortalecido su botón, puede abrirse y sufrir sin peligro los rayos ardientes del sol.

Tomado el título de aquella Imagen en su segunda acepción, puede ser más interesante para la historia, por referirse a la Virgen del primitivo Santuario que, siendo de pequeño tamaño, y aparecida a sencillo pastor en lo alto de aquella montaña, pudo muy bien conducirla en su alforjilla, para presentarla al pueblo que la llamó desde entonces la Virgen de la alforja, o como dicen hoy, Santa María de Pérula, para ajustar la advocación a la mayor elegancia en el lenguaje.

Es verdad que la pardina donde está situado el Santuario es conocida con el mismo título que la sagrada imagen de la Virgen, de cuyo hecho deducen algunos, que el sitio ha dado la advocación; pero discurriendo detenidamente y apreciando, como debemos hacerlo, los títulos piadosos que vienen en apoyo de nuestra opinión, debemos suponer, que la Santísima Virgen es quien ha dado nombre a la pardina, y ese nombre poético, que una piadosa y brillante imaginación impusiera al levantar su templo.

Investigando ahora la época en que se echaran los cimientos del Santuario, hallamos el dato importante de que en el año 1450, vendió Juan Escudero, a Fernando Sánchez, la mitad del término llamado pérula, y en aquella fecha existía ya la ermita conocida con el mismo nombre que hoy la distingue. Aquel templo primitivo se derrumbó bajo la acción destructora de los siglos, y cuando el terreno pasó a ser propiedad de Pedro Escartín, su hermano D. Ramón, que fué Cura Párroco de Lasaosa desde el año 1777 al 1782, y después Canónigo Magistral de esta Santa Iglesia Catedral de Jaca, desde el año 1782 al 92; por la gran devoción que tenía a la Santísima Virgen, y por ser la pardina de Pérula propiedad de su familia, procuró con empeño reedificar la ermita, como lo realizó a sus expensas, cuando era prebendado de esta Catedral, y por lo tanto desde el año 1782 al 92. No puede reconocerse al Santuario de la Virgen de Pérula, ni a la actual Imagen de María, mayor antigüedad, ignorándose el paradero de la Virgen primitiva, sobre la que nos ha conservado la tradición el vago rumor, de que era de madera y de pequeñas dimensiones.

La ermita de Pérula no es un Santuario aislado, pues tiene adosada espaciosa casa de labranza, con sus correspondientes corrales, era y pajar. El templo mide 8 metros de longitud por 5 de latitud, y otros 5 de elevación en los muros, hasta el arranque de las bóvedas que lo cubren. Hay coro en alto, pero carece de púlpito. No tiene más altar que el mayor, dedicado a la Santísima Virgen, y al Sagrado Corazón de Jesús. El retablo es de preciosa escultura en madera, todo dorado, y la imagen de la Santísima Virgen una acabada estatua, cuyo bellísimo rostro encanta a los devotos e inspira profundo respeto y veneración en los corazones de sus amantes y amados hijos. Asegúrase que el señor Escartín hizo renovar hasta siete veces la cabeza de la Imagen, porque no encontraba sus formas tan correctas como deseaba. Un metro de altura mide la sagrada Imagen, que tiene al Niño Jesús en la mano izquierda.

Dos imágenes más, de escultura en madera y de 50 centímetros de altura decoran los laterales del retablo, representando a Santa Bárbara y Santa Quiteria.

La forma del altar es de medio círculo, trazado sobre tabla, y en el remate aparece el Sagrado Corazón de Jesús, pintado sobre lienzo y velado por cuatro ángeles dentro de la preciosa pintura, y otros cuatro en la parte exterior. El fundador debió imbuirse en la piedad y devoción al Sagrado Corazón en el Seminario Sacerdotal de esta ciudad, que había sido construido y consagrado al Corazón Divino por el Arcediano de la misma iglesia D. Francisco Torrejon en el año 1757, y "quiso propagar e implantar aquella devoción naciente, que tanto se ha extendido durante el presente siglo, en el país en que se meció su cuna, y donde había estado encargado del pasto espiritual de las almas".

Celébrase la fiesta principal de la ermita el día de la Natividad de la Virgen, con misa cantada, a la que asisten con extraordinaria devoción muchos vecinos de Aineto, Secorun, Solanilla, Lasaosa, Cerésola, Fenillosa, y algunos otros comarcanos. Terminada la fiesta repártese caridad a todos los concurrentes, que regresan a sus hogares mejor alimentados en el alma que en lo material del cuerpo y con el corazón enteramente satisfecho, por haber contribuido con su presencia a solemnizar la fiesta de su adorada Madre, la Santísima Virgen de Pérula.

La Virgen gaucha


Nuestra Señora de Luján
por Isidora Rossi

A 60 kilómetros al oeste de Buenos Aires se halla la villa de Luján. En 1630 no había en aquel paraje ningún rastro de población y sólo era frecuentado por las caravanas de carretas y las recuas de mulas tucumanas que bajaban o subían del puerto de Buenos Aires.

Sucedió que un portugués dueño de una estancia, a cuarenta leguas de la ciudad, trató de erigir en ella una modesta capilla dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen. Para esto le pidió a un amigo de Brasil que le envíe una imagen pequeña de la Virgen en aquel misterio.
El amigo cumplió el encargo y envió dos imágenes acondicionadas en sendos cajoncitos: una que representaba a María en su Inmaculada Concepción y otra que tenía en sus brazos al Niño Jesús.

La carreta que las transportaba acampó después de dos días de marcha, cerca del río Luján, al norte de la actual ciudad de Pilar. A la mañana siguiente, al querer reanudar la marcha, los bueyes no fueron capaces de poner en movimiento la carreta, a pesar de los esfuerzos. Tras muchos intentos los bueyes sólo arrancaron cuando fue quitada de la carga una de las cajas, que contenía la imagen de la Purísima y Limpia Concepción de María.

Los viajeros percibieron que era un aviso del cielo y acataron la voluntad de la Virgen de ser venerada en ese lugar. La condujeron a la vivienda más cercana: la casa de la familia de Don Rosendo; entronizándola en un humilde oratorio; confiando su cuidado al Negro Manuel, quien cumplió su cometido, hasta su muerte (1685), el que fue enterrado a los pies de su "Señora Ama" como él llamaba a la Virgen.

La imagen que representaba a la Madre dios con el Niño en brazos, siguió viaje a Santiago del Estero y hoy se venera como Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa.

Al enterarse del milagroso suceso muchos fueron los que acudieron a venerar la imagen.

Por el año 1674 la Señora Ana de Matos, viuda de Siqueyras, traslada la imagen a su estancia. En 1677 se inician los trabajos de un templo, en un terreno que donó la Señora de Matos. Fue inaugurado el 8 de diciembre de 1685. Alrededor del Santuario, las gentes comenzaron a edificar casas, surgiendo así una pequeña aldea que se llamó "Pueblo de Nuestra Señora de Luján". En 1730 fue declarada Parroquia.

En 1754 se construye un nuevo templo, terminado en 1763 y se traslada la imagen al nuevo templo.

En 1872 los Padres Lazaristas tomaron a su cargo el Santuario. En 1875, uno de ellos, Jorge María Salvaire, a punto de perecer en manos de los indios de Namuncurá en las Salinas Grandes, y ante el peligro, recurre al Señor y a la Virgen de Luján, haciendo votos de levantarle un gran templo, propagar su culto y dar a conocer su historia.

Fruto de esa promesa tenemos hoy el libro con su historia y la magnífica Basílica. Comenzada el 1890 y concluida en 1930.

La imagen fue coronada el 8 de mayo de 1887 por monseñor Federico Aneiros, arzobispo de Buenos Aires. (Dicha corona había sido bendecida por el papa León XIII el 30 de septiembre de 1886). La Virgen de Luján es la primera en América a la que se la ha concedido los honores de la Corona Pontificia.


En el Boletín Oficial del 17 de marzo de 1998 se publicó el Decreto N° 283 por el cual el Poder Ejecutivo Nacional declara Monumento Histórico a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, en la Provincia de Buenos Aires.


La Imagen

La imagen de la Virgen que llegó en 1630 al Río de la Plata es brasileña, hecha en terracota (tierra cocida) en el valle de Paraiba, San Pablo, donde en el siglo XVII, había una importante producción de esculturas de ese material. Mide 38 cm. Está de pie sobre un nimbo de nubes donde aparecen cuatro cabezas de ángeles. A ambos lados de la figura se ven las puntas de la luna en cuarto creciente. Tiene las manos juntas sobre el pecho.
Estaba totalmente policromada, siendo el manto azul cubierto de estrellas, y la túnica roja.

En 1681 –según el historiador Maqueda- ya se veneraba la imagen vestida. El padre De Los Ríos, en una visita canónica a Luján en 1737, dispone que cada tres meses se renovara el vestuario de la Virgen.
En 1904, Juan Nepomuceno Terrero, Obispo de La Plata –Diócesis a la que por ese entonces pertenecía Luján-, ante el evidente deterioro de la imagen a causa de la desintegración de la arcilla con la que fuera construida, mandó hacerle una cubierta de plata, que dejó a la vista solo el rostro y las manos.

Dicha cubierta, de autor anónimo, es de perfil cónico y está compuesta de dos piezas que se unen en el costado de la imagen. La frontal remeda túnica y manto. Ambas están repujadas y cinceladas imitando telas con roleos vegetales y un galón en el borde del manto.


La cubierta de plata sólo se hizo para preservar la figura de María, porque se la siguió vistiendo con trajes de tela. Desde esa época se le superpone el cuarto creciente por delante del manto con que se la viste. Es ya tradición que dicho manto se le cambie una vez al año, en fecha cercana al 8 de mayo, día de la Coronación.