Grandes mujeres en la Edad Media

Por la Lic. Carlota Sedeño Martínez

Compartimos este artículo, que gentilmente nos hiciera llegar el P. Rodrigo Longo, para gozarnos en las maravillas de nuestro Señor,  de su esplendorosa Iglesia y su Gloria en la Edad (llamada) Media,  tan injustamente denigrada y desconocida.

Monasterio de Santa Mª la Real de Huelgas, Burgos


Hay un concepto erróneo, por parte de algunos, de considerar a la Edad Media como una época oscura cuando es en este periodo de mil años (siglo V al XV) cuando tuvieron lugar todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí y muchos de ellos se proyectaron hacia el futuro y sentaron las bases del desarrollo y la expansión europea.
    
Fue una época en la que se produjeron migraciones de pueblos enteros y surgió una rica vida cultural y artística. En realidad, todos los conceptos a los que se asocia la modernidad aparecieron en la Edad Media que realizó una curiosa combinación entre la unidad y la diversidad, fue el período en el que se fue produciendo la aparición de Europa.

Se dio una impresionante sucesión de estilos artísticos: pre-románico, románico y gótico. Está comprobado cómo la cultura tuvo su sede principal en los monasterios y cómo llegó a salvarse por este medio. Lo que se conoce escasamente es el papel que desempeñaron algunas mujeres en este entorno: las abadesas.

En 2011, tuve ocasión de visitar el monasterio de Santa María la Real de Huelgas, en Burgos. El lugar fue elegido por el rey Alfonso VIII y su esposa Leonor de Plantagenet para erigir un monasterio cisterciense femenino que fue fundado en 1187.
Y fue la reina Leonor quien puso el mayor empeño para que las mujeres alcanzasen el mismo nivel de mando y responsabilidad que los hombres dentro de la vida monástica. Los reyes donaron muchas tierras y villas, y este patrimonio se fue multiplicando con el paso del tiempo.

La abadesa de las huelgas tuvo una autonomía y poder tan elevados que solo dependía del Papa y se situaba por encima de la curia episcopal. Ella era la que otorgaba las licencias a los sacerdotes y era dueña de un señorío material y jurídico. El señorío jurídico tenía sus propios fueros cuyas leyes, en el tema civil y penal, dirigía la abadesa. En las huelgas se coronaban reyes y se armaban caballeros y, entre los caballeros armados, antes de ser reyes, figuran: Fernando III el Santo, Eduardo I de Inglaterra, Alfonso XI de Castilla y León, etcétera.

Y fuera de España, podría destacarse a una abadesa alemana: Santa Hildegarda de Bingen que fue declarada doctora de la Iglesia por Benedicto XVI en octubre de 2012.

Nació en Renania e influyó notablemente en la sociedad del siglo XII desde su monasterio benedictino de Disibodenberg y, más tarde, fundando otra comunidad en Bingen. Sus visiones místicas han llegado hasta nuestros días de tal forma que dieron lugar a una película: “Visión”, estrenada hace pocos años.
 Fue autorizada por el Papa Eugenio III para hablar en público, y sus contemporáneos le atribuyeron el título de “profetisa teutónica”. Según palabras de Benedicto XVI: “esta gran mujer nos habla con gran actualidad, con su valiente capacidad para discernir los signos de los tiempos, con su amor por la creación, su medicina, su poesía, su música –que hoy se reconstruye- su amor a Cristo y a su Iglesia”.

 En otro tipo de escritos, Hildegarda de Bingen nos transmite la vivacidad cultural de los monasterios femeninos de la época medieval. Dirigió cartas a comunidades masculinas y femeninas, a obispos y abades. No dudó en dirigirse al emperador Federico Barbarroja para recordarle que también él estaba sujeto al juicio de Dios. En sus exhortaciones a variados auditorios les decía que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se obtenía con el cambio de estructuras sino con un sincero espíritu de penitencia y un camino activo de conversión.

 Y en Inglaterra, encontramos a la mística Juliana de Norwich, venerada tanto por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana. Vivió entre el siglo XIV y el XV, un período en el que la vida de la gente sufría las consecuencias de una larga guerra entre Inglaterra y Francia. Juliana hizo una opción radical, eligió vivir como una antigua anacoreta dentro de la ciudad de Norwich, importante centro urbano entonces, cerca de Londres.

 “Se dedicó a la vida contemplativa y al estudio. Hombres y mujeres de toda condición la buscaban cuando necesitaban ayuda y consejos. Se sabe que Juliana recibía frecuentes visitas y se convirtió en una madre para muchos como así consta en su monumento fúnebre.


 Compuso las “Revelaciones del Amor divino” que contienen un mensaje de optimismo fundado en la certeza de que Dios nos ama y su Providencia nos protege. Unas palabras suyas: “aprendí de la gracia de Dios que debía permanecer firmemente en la fe y, por tanto, debía creer perfectamente y con seguridad que todo será para bien.” Juliana de Norwich es citada en el Catecismo de la Iglesia Católica.

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