Santa María de la Almudena


Fuente: Alfa & Omega

 
Se dice que en los arrabales del primitivo poblado de Madrid, que los musulmanes llamaban Magerit, y más concretamente en la Cuesta de la Vega, se daba culto a la Virgen en una pequeña iglesia allí situada y denominada Santa María de la Vega. Era una advocación muy conocida y venerada. Con frecuencia, a este respecto, se cita una carta que había escrito san Ildefonso (+667) a un canónigo de Zaragoza diciéndole que, cuando pasara por Madrid, «se acordara de que, en su vega, hay una devota imagen de Nuestra Señora, llamada la Virgen de la Vega».


Pero, llegado el año 711, y ante el propósito sarraceno de invadir aquel poblado, sus vecinos decidieron esconder la imagen de la Virgen para evitar que fuera profanada (algo que se hizo costumbre en casi todos los pueblos de la Península Ibérica); y, como expresión de su mucho amor a la Señora, decidieron colocar dos velas encendidas junto a su imagen oculta tras la tapia de cal y canto.


Pasaron más de 370 años, y en 1083, el rey Alfonso VI, que había conquistado Madrid, supo de sus nuevos súbditos la sorprendente historia de la imagen. El rey cristiano trató de encontrarla con distintos procedimientos, aunque sin éxito, pero no cejó en su intento e hizo a la Virgen la promesa de que organizaría toda suerte de plegarias y rogativas con el pueblo, hasta hallar la imagen, si conquistaba la ciudad de Toledo.


Al lograrlo en 1085, regresó triunfante a Madrid dispuesto a cumplir su compromiso. Convocó una gran procesión encabezada por él mismo, acompañado del arzobispo de Toledo, fray Bernardino de Ager, a la que asistieron nobleza, clero, ejército y todo el pueblo. Discurrió en torno a la fortaleza amurallada y, al llegar a un cubo de la muralla próximo a la almudayna -que en árabe significa ciudadela-, vieron sorprendidos cómo se desprendían las piedras y aparecía la tan añorada imagen. ¡La Virgen estaba allí, y con las dos velas encendidas! Ocurrió el 9 de noviembre de 1085, y desde entonces Santa María de la Vega tomaría el nombre de Santa María de la Almudena.


La imagen de la Virgen aparecida fue entronizada por el arzobispo de Toledo en el altar mayor de la recién cristianizada mezquita, ya iglesia de Santa María, situada al comienzo de la referida Cuesta de la Vega, en la confluencia de las hoy calles Mayor y Bailén. El rey quiso añadir al nombre de la Virgen la realeza: se llamaría para siempre Santa María la Real de la Almudena, Patrona de Madrid por voluntad de su pueblo y de su rey. La misma tradición nos dice que ya en el siglo XIII así se consideraba. Consta, además, que el templo de Santa María fue visitado por los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II y sucesivos soberanos.


Y se llega así al año 1868, en que aquel templo de la Cuesta de la Vega fue demolido por orden del Ayuntamiento, alegando motivos urbanísticos... La imagen fue trasladada a la cercana iglesia del Santísimo Sacramento, donde los vecinos de Madrid reiteraron y mantuvieron siempre su amor a la Señora.