El Santo Rosario y la Familia

Reflexiones a la luz de la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae
por el P. Lic. Arel Alvarez
Fuente: iveargentina.org

Introducción
La reciente Carta Aposólica Rosarium Virginis Mariae de Juan Pablo II es iluminadora acerca de la eficacia pedagógica y el poder sobrenatural que tiene el rezo de la oración mariana en la familia de hoy y de siempre. 'Dios se comunica con el hombre respetando nuestra naturaleza y sus ritmos vitales. Por eso la espiritualidad cristiana. se caracteriza normalmente por la implicación de toda la persona, en su compleja realidad psicofísica y relacional' [1] . Así el Santo Padre presenta el rezo del Rosario como oración que, por su pedagogía, se adapta al modo natural de ser y de pensar de la persona de modo tal que se hace un instrumento y ayuda adecuada para favorecer ciertos valores en la familia, remarcando especialmente la capacidad que esta oración tiene para unir a sus integrantes: 'La familia que reza unida, permanece unida. El Santo Rosario, por antigua tradición, es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia' [2] .

Rosario y comunión familiar

Cuando el Papa enuncia a la familia como una de las principales intenciones por las cuáles propone rezar el Rosario, alerta una vez más las amenazas de disgregación que ésta sufre: 'Otro ámbito crucial de nuestro tiempo, que requiere una urgente atención y oración, es el de la familia, célula de la sociedad, amenazada cada vez más por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable institución y, con ella, por el destino de toda la sociedad' [3] . A esta amenaza de disgregación el papa simplemente propone el bien contrario, que es la unidad. Promover y fortalecer la comunión entre los miembros de la familia es fundamental para el crecimiento de cada miembro en cuanto persona y en sus relaciones con los demás.

Ahora bien, concretamente ¿cómo ayuda el Santo Rosario a ésta comunión entre los miembros de una familia? De modo externo y pedagógico e interno y espiritual. Externamente encontramos algunas ventajas de sencilla pedagogía: disponer diariamente de unos momentos reservados para la familia le da un cierto valor y sacralidad a esos minutos; el hecho de que el esposo, la esposa y los hijos se reúnan en una habitación u oratorio familiar y se sienten juntos es ya algo que habla de comununión.
En una familia cristiana normal puede ser un momento fuerte para compartir la oración; en una familia con dificultad, el hecho de sentarse juntos ya puede significar un obstáculo vencido; responder un ave maría es un pequeño diálogo en el que se vence la timidez o frialdad al menos respondiendo a una oración 'preestablecida' y puede ser el comienzo de un diálogo más profundo. Más aún cuando se trata de responder palabras que tienen contenido religioso o que dicen cosas que pueden mover la conciencia, aún en el caso de personas indiferentes a la religión. Cuando hay problemas entre los esposos, las palabras ' perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden ' pueden ser ocasión de reflexión y la palabra del Señor trabajaría en la conciencia moviendo al perdón mutuo. A los familiares de fe fría les movería escuchar de sus mismos labios ' ruega por nosotros, pecadores ' y los haría pensar en su destino eterno: ' y en la hora de nuestra muerte '.

Ayuda también a incentivar el espíritu de participación en una familia cuando cada uno reza su parte y colabora a que los otros lo hagan; si cada integrante reza un misterio o los niños y jóvenes preparan y dicen preces para cada misterio, pidiendo por la misma familia, por sus necesidades diarias, por sus inquietudes, por 'las de mi esposo' o 'de mi hermano', incluso se hace partícipe a toda la familia de las comunes necesidades y esperanzas. 'Contemplando a Jesús, -dice el Papa- cada uno de sus miembros recupera también la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios' [4] . 'Mirarse a los ojos' habla de ternura y de confianza incentivados por la unión en ese momento de oración. Implorar a Jesús por María que ruegue por nosotros 'ahora' es pedirle por las necesidades concretas del momento matrimonial y familiar.
'La familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de él la esperanza y la fuerza para el camino' [5] .

A Dios se le pide lo que necesitamos, se le ponen en sus manos los problemas y se le piden las soluciones. Animarse a hacerlo en voz alta ante el cónyuge y los hijos implica antes reconocer que hay dificultades y que se necesitan soluciones; es hacerlo saber y hacer saber que se es conciente de ello. Es un sinceramiento que ayuda a aclarar las cosas, lo cual es de gran provecho y tranquilidad para todos ya que no se puede luchar contra un problema si no se reconoce que existe.

El Santo Rosario es también un instrumento para reemplazar el tiempo perdido en cosas infructuosas y ocuparlo en la oración; es -como ya dijimos- un tiempo en familia, que antes y después de rezarlo incentiva a continuar el diálogo, el momento de reunión, que da pie para conversar, para seguir juntos. Ese tiempo de reunión en oración es un escudo contra las amenazas de la sociedad moderna y se prolonga por toda la jornada, a pasar de ser sólo unos pocos minutos, ya que queda en las personas la conciencia de 'momento para mi familia'. 'En la sociedad de la tecnología avanzada, de los medios de comunicación social y de la globalización, todo se ha acelerado y cada día es mayor la distancia cultural entre las generaciones' [6] .
Esta distancia se acorta y se anula cuando se buscan momentos comunes para compartir, y el Rosario se propone de modo especial como uno de esos momentos. El Santo Padre deja libre a la creatividad de cada familia el enriquecimiento de la recitación del Santo Rosario con 'oportunas aportaciones simbólicas y prácticas que favorezcan su comprensión y valorización' [7] . Un niño que crece habituado a ese momento de oración familiar será un joven que luchará por las virtudes y un adulto que encontrará alivio y fuerza en el recogimiento y enseñará a los suyos a vivir de igual modo.


La gracia actuante
En cuanto a la ayuda interna y espiritual que brinda la recitación del Santo Rosario, de más está recordar que se debe tener en cuenta también todo lo que la Santa Iglesia enseña acerca de los bienes espirituales que se siguen de toda oración y que aquí presuponemos. No basta con resaltar una eficacia externa y pedagógica del Rosario. El mayor caudal de su fuerza le viene en cuanto que es una oración dirigida a Nuestro Señor a través de su Madre, el cual derrama su gracia sobre aquellos que le imploran aliviando sus dolores, confortando en las luchas, moviendo los corazones, iluminando las inteligencias. El esposo y la esposa que hacen la prueba de poner a Jesús en medio de sus relaciones no pueden quedar defraudados por el mismo Señor. Permitir a Cristo que entre por María en un matrimonio, en una familia y darle un lugar exclusivo en la jornada fortifica los lazos y cura las heridas. Se busca la solución del conflicto familiar o el robustecimiento del matrimonio y la familia en el único lugar donde se puede encontrar de modo seguro y estable: Dios.
Esta determinación va de acuerdo con el fin para el cual existe el hombre, con el bien de su alma, con su misma naturaleza humana que en su integridad está hecha para Dios y sólo encuentra orden en la medida que se inserta en el plan Divino y participa de su gracia.

Ciertamente que la eficacia de la oración mariana depende en gran medida de la persona que la rece, del modo de rezarla. Son oraciones que, como toda oración, requieren la conciencia de lo que se dice y a quién se lo dice. No es una repetición mecánica sino una 'expresión del amor que no se cansa de dirigirse hacia la persona amada con manifestaciones que, incluso parecidas en su expresión, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira' [8] .
Saber esto y asimilarlo ayuda mejor a favorecer la comunión como efecto del rezo del Rosario. Y para quien no lo sabe, no lo comprende o es indiferente a saberlo, el hecho de rezarlo junto a su cónyuge e hijos le es ya de provecho compartiendo al menos materialmente ese momento y abre una puerta a la actuación de la gracia en su alma.

Conclusión

'Rezar con el Rosario por los hijos, y mejor aún, con los hijos (.) no es ciertamente la solución de todos los problemas, pero es una ayuda espiritual que no se debe minimizar' [9] . La profundidad y la sabiduría que contiene el Santo Rosario es un eficaz complemento para ayudar a la profunda y sabia naturaleza humana a dirigir sus acciones al fin último para el cual ha sido creada: la gloria de Dios y la salvación del alma.
 
[1] Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, Juan Pablo II, 16 de octubre de 2002, nº27.
[2] Nº 41.
[3] Nª 6.
[4] Nª 41.
[5] Idem.
[6] Nª 42.
[7] Idem.
[8] Nº 26.
[9] Nº 42.

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