Carta de Edificación

Hna. Mercedes del Sagrado Corazón de Jesús
1918-2009

JM + JT
Jesús sea en el alma de VVRR y CC.

Cumpliendo con las santas costumbres de nuestra querida religión os hacemos llegar esta carta de edificación, que lejos de contener detalles pormenorizados es una semblanza de cómo la veíamos todas sus hermanas y cuan tiernamente amó ella nuestro estilo de vida hasta que apagándose en este mundo nacía para Dios, desde este palomar donde se ofreció por los sacerdotes y pecadores, como es menester en hijas de Santa Teresa.
Nos visitó el Señor, día 5 de octubre de 2009, llevándose de entre todas a la más anciana y por ende la más mimada y cuidada. “Nuestra niña” así gustaban llamarla todas las hermanas, sobre todo las novicias y enfermeras que la atendieron hasta el final viéndola tan débil y a la vez tan feliz. Eran las 10:45 am y tras unos meses de enfermedad volaba al Padre, con quien había querido siempre compartir su eternidad y por quien se había consagrado en la vida del Carmelo.

Era la alegría de la casa, pues a pesar de su enfermedad (Alzheimer) sonreía a todas y siempre nos sorprendía con alguna que otra travesura propia de las personas con este padecimiento progresivo y penoso.

Nació el 6 de octubre de 1918, el día después de su muerte coincidía con su cumpleaños. Murió nonagenaria, y a pesar de todo, hasta muy poco antes de partir al encuentro de su Amado puedo caminar, aunque por su enfermedad no pudiera valerse en algunas cosas por sí sola.
Aquí foto postulante

En los últimos años, quienes tuvimos la oportunidad de vivir a su lado, no perdió la lozanía y el brío que la caracterizaron siempre, incluso desde sus primeros años en el Carmelo.

Pocos meses antes, perdió la movilidad de las piernas, quizás por la debilidad y mal comer, pues últimamente había que alimentarla de forma asistida. Ya postrada y con llagas por el cuerpo, propias de la humedad a la que se exponía estando en tal estado, nunca la veíamos quejarse y decía el médico que mucho tenían que dolerle aquel mal que iba empeorando cada día. Curioso siempre nos resultó que al entrar las enfermeras o hermanas en la celda enfermería, la veíamos sonreír, diciendo con este gesto aquello que con palabras no podía, pues ya no las coordinaba. Siempre agradecida a todas hasta del más mínimo favor o paciencia que se tuviera con ella.

Su natural era alegre y dotada de un carácter fuerte e impetuoso, fue de mucha valía para esta casa. Dispuesta como era emprendió tareas difíciles y desempeñó diferentes cargos en la comunidad entre ellos el de superiora.


Hace poco más de un año, la veíamos dar las tablillas, pues encontrándoselas en el claustro de las celdas, y sin más explicaciones las tomó y comenzó a entonar la sentencia como si fuera la hora de despertarse. Al ver que las hermanas se reían de tal ocurrencia las miró severamente para callarlas, pues era (supuestamente) hora de silencio, aunque en verdad lo era de recreación. Cosas así hubo miles en este último tiempo.

Fue siempre muy amante de la vida de los santos del Carmelo, sobre todo de los Santos Padres. A ellos dedicó preciosísimas ilustraciones que salían de su pincel de forma natural, como si siempre en mente llevara sus enseñanzas y doctrina. Cosa que se ve rubricada por su vida piadosa y de verdadera carmelita descalza.

Hace poco la visitaron unos amigos de la comunidad en el locutorio, al interrogarla con la pregunta: ¿Es feliz siendo carmelita? Esperaban que no contestara, dado el estado avanzado en el que se encontraba la enfermedad, sin embargo respondió muy graciosa como siempre: ¡Si… sí, feliz, feliz!

Siempre fue muy artista y gustaba amenizar las recreaciones con bailes y curiosidades, sobre todo bailando sus queridas sevillanas, que de joven se la daba muy bien y aún de mayor recordaba los pasos.

A pasar de las dificultades propias del Alzheimer para hablar, memorizar, etc., y con su edad, era curiosa la cara que ponía y los gestos que hacía cuando alguna hermana, dada la alegría de las recreaciones en el Carmelo, se pasaba un poco en el timbre de las risas o la voz. Hacía gestos para llamarlas la atención.
Fue muy amante siempre del santo silencio, con mucha caridad y de alguna forma que todas nos dábamos cuenta, nos hacía gestos para que guardásemos la quietud de la casa.

De ellas nos llegaron las transcripciones de los libros de la fundación y la historia de este convento, gracias a ellas hoy podemos utilizarlos, pues estaban por el paso de los años en muy mal estado de conservación. Se dedicó lo que puedo a reunir los textos y pasarlos a limpios, desde donde se pueden leer mejor y más completamente.

Luchó cuanto pudo por ver en este monasterio del Glorioso San José guardadas las constituciones de Nuestra Santa Madre y repetía más con su ejemplo que con palabras aquello de Santa Teresa: “monja mal tocada monja mal casada”.

En el coro, como en las demás obligaciones de nuestra vida era puntual y rezaba el oficio con mucha devoción. Su carácter afable y bondadoso no eclipsó jamás su temperamento sanguíneo y serio. Hasta que no puedo moverse de la cama, asistía al oficio divino como todas, igual a la Santa Misa.

No podemos negar que todas la queríamos muy de veras y aún las más jóvenes, por no pasar mucho tiempo desde su entrada hasta su partida, sintieron mucho su ida, sabiendo que detrás de ese velo negro que nos deja la muerte física, tenían ya a alguien que intercediera por ellas ante la Virgen Santísima, a quien amaba con locura y cuyo hábito llevó siempre con gran orgullo. Anciana y todo, la veíamos siempre muy curiosa arreglándose la toca, manos debajo del santo escapulario, como si en su mente, gastada por los años hubieran quedado en fuego aquellos consejos de modestia religiosa que se han guardado siempre con gran perfección en la Reforma de Santa Teresa.

No nos alargamos más, pues todo es poco y aunque quisiéramos, quedaran muchas cosas por decir.

Pedimos se aplique todos los sufragios y oraciones que mandan nuestras leyes, aunque confiamos en Dios, estará gozando de ese Sol sin ocaso por el que todos suspiramos.

Pedimos encomienden nuestra casa, para que siguiendo el ejemplo de nuestros santos ¿y por qué no?, el de Hna. María del Carmen, sepamos ser aquellas carmelitas que soñó Ntra. Santa Madre al reformar el antiguo tronco del Carmelo.

De vuestras reverencias y caridades indigna sierva
M. Ma. Isabel de la Trinidad icd
Priora

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