Santoral dominicano de enero

Santo Tomás de Aquino
Filippino Lippi (c. 1457-1504)

2 Beato Marcolino Amanni, presbítero
3 Beata Estefanía de Quinzanis, virgen (1457-1530)
4 Santa Zdislava de Lemberk, viuda (1221-1252)
7 San Raimundo de Peñafort, presbítero (1175-1275)
10 Beato Gonzalo de Amarante, presbítero ( - 1259)
Beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen
11 Beato Bernardo Scammacca, presbítero (1430-1487)
14 Beato Nicolás de Jobezano.
15 San Francisco Fernández de Capillas, presbítero mártir
18 Santa Margarita de Hungría, virgen (1242-1270)
19 Beato Andrés de Peschiera, presbítero (1400-1485)
22 San Francisco Gil de Frederic, presbítero mártir
San Mateo Alonso de Leciana, presbítero
Beato Antonio della Chiesa, presbítero (1384-1459)
23 Beato Enrique Susso, religioso y místico ( -1366)
27 Beato Marcolino de Forli (1317-1397)
28 Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia (1225-1274)
29 Beata Vilana de Botti (1332-1361)

Calendario mariano de enero

Juan Zapata Inga: Desposorios de la Virgen (1680)
Museo de Arte de Lima

1 Solemnidad de María Madre de Dios.
4 Nuestra Señora Treves ( Italia )
6 Nuestra Señora de Belén
13 Nuestra Señora de las Victorias (Praga, Czechoslovakia)
15 Nuestra Señora de Banneux (Bélgica)
16 Nuestra Señora del Refugio
17 Nuestra Señora de Pontmain (Francia)
Na. Sra. de la Antigua (Patrona de Panamá)
18 Nuestra Señora de Dijon (Francia )
19 Nuestra Señora de Gimout (Citeaux, Francia)
21 Na Sra. de la Alta Gracia ( Patrona de la Rep. Dominicana)
23 Desposorios de la Virgen
24 Nuestra Señora de Damasco
Nuestra Señora de la Paz
29
Nuestra Señora de Chatillon sur Seine (Francia)

A 150 años de la evangelización de Taiwan

por el P. Domingo Albarrán
Fuente: Alfa & Omega
Estadio de Linkou: Conmemoración de los 150 años de evangelización de Taiwan

Los primeros misioneros que llegaron a Taiwán a evangelizar fueron dominicos españoles, en 1626, en tiempos de Felipe II. Inmediatamente, los caminos de la evangelización se tiñeron de sangre: tres misioneros caen en emboscadas y son asesinados. En 1642, fueron expulsados de la isla por los holandeses, tanto la guarnición española como todos los misioneros que quedaban.
Doscientos diecisiete años estuvo la isla sin misioneros, hasta que, en 1859, el padre Fernando Sáinz y el padre Ángel Bufurull llegan a Kaohsiung. Al enterarse el mandarín de la llegada de los extranjeros, ordena que les arresten. Debido a los malos tratos recibidos, Fernando tiene que abandonar la isla a los veinte días de pisarla. Sin embargo, perseveró. «Con dos cestos colgados en los extremos de una caña de bambú sobre los hombros –es la pluma de Fernando la que escribe–, llegué a la ciudad de Tainan. Fui disfrazado de peón o cargador, pudiendo, merced a este disfraz, entrar en la ciudad sin que nadie me dijera ni una palabra, no atreviéndome siquiera a comer, a pesar del hambre que tenía».

Con dos compañeros chinos, uno catequista y otro vendedor de medicinas, iba Fernando de un lado para otro con el único fin de implantar la Palabra de Dios. Así de sencillo comenzó la evangelización. En 1861 funda cinco misiones. Ante la avalancha de niñas abandonadas por sus padres, funda la Santa Infancia. En 1868 funda otra misión en Tainan. En ese mismo año, fallece como mártir de la fe el catequista Vicente Chin, brazo derecho de Fernando, tras ser apaleado e introducido boca abajo en una letrina. Los chinos prenden fuego a tres de sus misiones. Fue un año de furiosa persecución, dificilísimo para este evangelizador, que tuvo que abandonar Taiwán a sus 37 años.

¿Qué no experimentaría este gran apóstol al ir dejando sus costas? Su nombre es imperecedero en las gloriosas páginas de la Iglesia católica en Taiwán. Desde el tiempo de Fernando, la actividad misionera no se ha visto interrumpida hasta el día de hoy. De ahí estos 150 años de exaltación y celebración.

Virgen de Zapopán

Nuestra Señora de la Expectación de Zapopán
Imagen vestida actual

La imagen de la Virgen de Zapopán que se venera en el santuario a ella dedicada, es la misma que llevaba colgada al cuello Fr. Antonio de Segovia, el apóstol de Nueva Galicia (México), y que probablemente, a solicitud de él le hicieran los indios de Michoacán.

Fr. Antonio de Segovia (1486-1570)

La imagen miden 34,2 cm. de pies a cabeza. De ancho a la altura de los codos mide, 11,5 cm.; el rostro 5,5 cm.; de la rodilla a los pies, escasos 9 cm. Fuera de la cabeza, las manos y los cuernos de la luna que son de madera, el resto es de corazón de caña de maíz, no amasado ni batido sino unidos unos con otros los cañutos verticalmente con alguna clase de pegamento.


Imagen original

La tez es morena, acentuado el color oscuro por la antigüedad y por haber permanecido cubierta por dos velos para protegerla de la luz y el polvo. La frente es llana, los ojos rasgados y grandes de color aceitunado y de mirar sereno. La nariz recta es un poco estrecha en la parte media y algo amplia en la punta y fosas nasales. La boca es pequeña aunque el labio inferior luce un poco grueso. Las mejillas son llenitas. Un cuello recto sostiene la cabeza en igual posición, mientras las manos están juntas a la altura del pecho. Su aspecto y apariencia es el de una típica Inmaculada Concepción.

No es una obra de arte, pero impresiona por su majestad y realeza; admira su semblante y la expresión de su rostro: a veces sombría, a veces seria, a veces risueña, según la luz ambiente.
La imagen original fue resguardada de la cintura para abajo en un vaso de plata y placas metálicas en el pecho y en la espalda, juntamente con la peana en el año 1713. Posteriormente, en 1935 y con motivo de la elevación de su santuario a la categoría de Basílica, ese vaso de plata fue sustituido por otro en forma de túnica artísticamente labrada.
En 1992 la imagen fue sometida a una prolija restauración, proceso que permitió concluir que jamás había sido restaurada, sino que sólo había sufrido varios cuidadosos retoques con el correr de los siglos; todas las fallas fueron tapadas con pasta de maíz tomada de antiguas imágenes para que el resultado final fuera excelente.

Declarada en 1734 Patrona de Guadalajara contra tempestades, rayos y epidemias, no será hasta 1919 que Pío XII la coronará como Reina de Jalisco.

Francisco Coll y Guitart

La pasión por predicar el amor de Cristo


Las fechas de nacimiento y muerte de Francisco coinciden providencialmente con las de Juan Pablo II, aunque obviamente en años diferentes. Nació el 18 de mayo de 1812 y murió el 2 de abril de abril de 1875.

Nació en una zona muy cercana a Francia, en la comarca del prepirineo, región de Cataluña, en medio de una familia numerosa y humilde. Varios de sus hermanos murieron cuando estaban pequeños.

Desde niño se orientó hacia el sacerdocio, siente una inclinación hacia la predicación recordando un poco la predicación del párroco de su pueblo. Así entró en la Orden de Predicadores en el convento de Gerona en 1830, donde hizo la profesión solemne y recibió el diaconado.

En 1835 la exclaustración de los religiosos le obligó a vivir fuera del convento, exclaustrado obligado por las leyes civiles.

El camino que tenían los religiosos era esperar a ver si la tormenta pasaba, si aquella situación política se aclaraba y podrían reintegrarse en los conventos.

Francisco Coll fue ordenado sacerdote en la clandestinidad, al principio tuvo que ejercer el sacerdocio como si fuese diocesano, por la situación política no podía vivir en un convento. Luego se trasladó a una localidad llamada Moyá, donde la primera guerra carlista había dejado más de 130 muertos sólo en aquella población.

El Padre Coll fue un verdadero ángel de paz, reconciliación entre los bandos políticos diferentes, el paño de muchas lágrimas, la ayuda de tantas familias, de tantos niños, viudas, padres, tuvo que arreglárselas para levantar el ánimo de aquellas gentes y de la población.

Con su prédica comenzó a recorrer las diferentes comarcas de Cataluña. Allí descubrió que uno de los males del mundo radicaba en la falta de educación, especialmente de la mujer. De cara a esa necesidad fundó la congregación de las Dominicas de la Anunciata, que fueron las continuadoras de su labor evangelizadora por todas aquellas comarcas en las que no había escuelas. Inició varios centros educativos con una orientación cristiana de la vida, tratando de transmitir todos los saberes, formando a la persona y orientándola a sus valores y a la fe.

Enfermo desde 1869 de ceguera y de pérdida a intervalos de las facultades mentales, murió en Vic (Barcelona). Allí yacen sus restos, en la casa madre de la congregación.

Sus escritos fueron recopilados en dos libros: “La hermosa rosa” y “La escala del cielo”, donde recalcaba: “la vida de las Hermanas debe ser vida de oración... Por esto os recomiendo y os vuelvo a recomendar, amadas hermanas: no dejéis la oración”.

En el momento de su muerte, en 1875 había ya cerca de 50 comunidades de las Dominicas de la Anunciata. Actualmente la congregación cuenta con cerca de 1.200 hermanas en cuatro continentes. Su carisma es la educación en la que se da mucha importancia a la doctrina y a la teología.

Beatificado por Juan Pablo II el 29 de abril de 1979, fue canonizado por Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009

Medalla de la Guardia de Honor


En alumnio, de 5 cm de alto. Tiene en el anverso la imagen de la Virgen entregando el Rosario a Santo Domingo. A sus pies, unos querubines surgen de una nube. El óvalo central está decorado con motivos florales