Santoral dominicano de diciembre

La Virgen y los primeros santos (s.XVII)
Museo del Convento de los PP.Dominicos en Caleruega



1 B. Juan de Vercellis (+ 1283)
16 B. Sebastián Maggi (1414-1496)
22 Aniversario de la Aprobación de la Orden por Honorio III (1216)

Conmemorativa del Congreso Mariano

Rara medalla de acero, conmemorativa del III Congreso Mariano Hispanoamericano. Acuñada en Sevilla en 1929, pesa 26,50 grs. y mide 45 mm. de lado.

Calendario mariano de diciembre

Defensa de la Inmaculada por la Orden de San Agustín
Alfonso Caballero y Dueñas (Siglo XVII)


1 Nuestra Señora de Ratisbona (Bavaria)
Stella Maris
2 Nuestra Señora de Didinia ( Capadocia, Turquía)
3 Nuestra Señora de la Victoria (Paris)
7 Nuestra Señora de Paris
8 Solemnidad de la Inmaculada Concepción
N.S. de “El Viejo”, Patrona de Nicaragüa
Virgen de Caacupé, Patrona de Paragüay
Inmaculada de Garay (Santa Fe, Argentina)
Nuestra Señora La Conquistadora
Virgen de La Laguna, Patrona del So chaqueño (Argentina)
9 Nuestra Señora de la Concepción ( Nápoles, Italia)
10 Nuestra Señora de Loreto, Patrona de la Aviación Argentina
12 N.S. de Guadalupe, Patrona de México y del Continente Americano
13 Nuestra Señora de la Santa Capilla (Paris, Francia)
14 Nuestra Señora de Alba Royale (Hungría)
15 Nuestra Señora la Dulce Espera
16 NS de la Salud
17 Nuestra Señora de Amiens (Francia)
18 Expectación del Parto de la Virgen
22 Nuestra Señora de Chartres (Francia)
25 Natividad de NSJ
30 Nuestra Señora de Bolonia (Italia)
31 Sagrada Familia

Las imágenes de la Patrona de Cadiz

La Patrona coronada

La Hermandad del Rosario de Cadiz, integrada en principio por esclavos negros residentes en la ciudad, surge a finales del siglo XVI en la antigua ermita del Rosario, hoy parroquia del mismo nombre. Desde entonces, fueron cuatro las imágenes que los gaditanos han contemplado.

En 1596 la imagen original titular de los morenos, padeció los ultrajes de los invasores angloholandeses cuando el sitio y saqueo de la ciudad de Cádiz. La imagen fue arrastrada por las calles y también sufrió cuchilladas y quemaduras en distintas partes del cuerpo. Totalmente desmembrada fue arrojada en un lugar que se conocía como El Boquete. Pero una colonia católica de ingleses la recogieron y fue llevada a las islas británicas. Es la famosa "Lady Vulnerata".



La imagen destruida durante la Guerra Civil
Con la llegada a la ciudad de los frailes dominicos estos se hacen cargo de la dirección espiritual de la hermandad, que se traslada llevando consigo una nueva imagen realizada en 1598 desconociéndose su autor. La imagen tenía el semblante triste, muy erguida, de mirada frontal y con una leve inclinación de la cabeza. El Niño Jesús que portaba, según parece, fue una obra protobarroca, posterior a la hechura de la Virgen.

La intervención sin dudas milagrosa de la Sma. Virgen del Rosario en las epidemias de 1681 y 1730, y en el terremoto de Lisboa, motivó que el Ayuntamiento la nombrara Patrona y Protectora de la Ciudad de Cádiz, patronazgo que Pío IX ratificó mediante Bula del 25 de junio de 1867.
La Rubia de Granda

El 11 de mayo de 1931 un grupo de exaltados incendiaron el Templo y el Convento, y los dominicos, antes de huir, pudieron rescatar el Santísimo Sacramento y lo que quedaba de la imagen de la Virgen: las manos y el Niño Jesús.

Una reproducción fotográfica colocada en el altar y capilla de la Coronación de Nuestra Señora, en la Catedral Vieja, vino a sustituir el hueco dejado por la Patrona en su templo conventual.

Pronto se repuso la talla por medio del encargo que realizaron un grupo de gaditanos devotos de la Virgen al escultor y sacerdote Félix Granda y Buylla. El 23 de diciembre de 1933 se volvieron a abrir las puertas del templo dominico restaurado. Una nota de prensa muy escueta decía: "...se ofrece en la hornacina una imagen de la Santísima Virgen del Rosario, cuyas manos y el Niño Jesús que sostiene en ellas, pertenecen a la imagen destruida".

Granda realizó una versión muy libre y muy hermosa de la Virgen, sin ajustarse a los rasgos de la desaparecida. Según refieren algunos testigos, el rostro de esta Virgen era muy parecido al de una de las damas que fueron a encargarle el trabajo. La imagen no fue del agrado de los gaditanos, que la llamaban "la rubia de Granda" por el color de sus cabellos y sus ojos azules. En 1943 se retiró del culto y ha estado durante muchos años en una habitación próxima al camarín en que actualmente se aloja la Patrona; actualmente se desconoce su paradero.

La Patrona

En 1943, Manuel José Rodriguez Fernández Andes, -imaginero sevillano que pertenecía a la Orden Tercera de Santo Domingo de Guzmán y había sido novicio en el famoso convento de Almagro-hizo la actual imagen, a la que también se le colocaron las mismas manos y el Niño Jesús que habían tenido las anteriores. Es una imagen muy galana, hermosa como pocas, mostrando a Jesús y el Rosario. Es la imagen de la “Patrona” que desde el 26 de septiembre de ese año recibe la veneración de todos los gaditanos. Su coronación canónica tuvo lugar el 4 de mayo de 1947. Además, desde el 26 de mayo de 1967 ostenta la vara de Alcaldesa Perpetua de la ciudad, y también tiene honores de Capitán General, éstos, concedidos por los marinos, que la tienen por Patrona de la Armada Española desde la victoria de Lepanto. Y tiene, infinidad de regalos de gentes de toda condición. Y, todos los años, esta vez con varas de nardos, los niños de Cádiz, recuerdan al mundo quien es su Patrona y por qué se la quiere tanto.

La imagen procesiona dos veces al año: en la festividad del Corpus Christi y en el día de su onomástica, el 7 de octubre; viene precedida de una novena y una multitudinaria ofrenda floral. Durante estos actos, el pueblo canta los gozos que el Beato Fray Diego de Cádiz le dedicó:

Cantemos con devoción
a la que es de Dios Sagrario;
Señora, por tu Rosario,
logre yo mi salvación.


La Galeona, que se quemó en 1931

Estrechamente relacionada con nuestra Patrona, se venera en la misma iglesia otra imagen de la Virgen del Rosario: una talla de madera sin vestidos de tela, de unos 60 cms. de altura, llamada popularmente "La Galeona" Se llama así porque esta imagen acompañaba a los buques galeones de la Flota de Indias en la nave capitana.

Eran varias las esculturas galeonas en la carrera de Indias, pero ésta de Santo Domingo ha sido objeto de particular historia en esa tradición religiosa naval. Han quedado registrado pintorescos detalles de los actos y procesiones a que daba lugar el embarque y desembarque de esta imagen de Nuestra Señora del Rosario en la flota de Nueva España. Durante su tiempo de permanencia en Cádiz, la imagen de La Galeona quedaba colocada en la capilla del Tercio de Galeones, en la misma iglesia dominicana.

También el cuerpo de la primitiva Galeona se quemó en 1931 el mismo día que la Patrona. Pero, inexplicablemente, quedó de ella la cabeza y el Niño Jesús. Más tarde el Niño fue robado, pero el ladrón, al enterarse que iban a reconstruir la imagen de la Virgen, se arrepintió y lo devolvió secretamente. En 1945, por encargo de los padres dominicos, el escultor gaditano D. Juan Luis Vassallo Parodi esculpió una nueva imagen conservando en su interior, a modo de reliquia, el leño quemado de su primer cuerpo y colocado de nuevo el Niño Jesús en el brazo izquierdo de la Virgen. Y así, en la imagen que hoy vemos, la cabeza de la Madre y el Niño son de la primera Galeona, y el cuerpo, una perfecta reconstrucción del anterior.

Pío XII: Radiomensaje al Congreso de Zaragoza


Consagración de España al Corazón de María
12 octubre de 1954

1. Venerables hermanos y amados hijos que, clausurando vuestro Congreso Nacional Mariano, consagráis vosotros mismos y vuestra patria toda al Inmaculado Corazón de María:

¿Quién nos pudiera dar en estos momentos, que, así como con nuestra voz conseguimos hacernos presentes en medio de vosotros, lo pudiéramos hacer igualmente con nuestros ojos y nuestros oídos, para escuchar el voltear de las campanas de toda España, las salvas de honor, los vítores y las aclamaciones, los suspiros y las plegarias que suben a lo alto; para ver a todo un pueblo agolpándose ante los altares de su Madre y Señora, ofreciéndole su corazón y su vida? Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis y los oídos que oyen lo que vosotros oís1.

«Tierra de María»

2. Porque España ha sido siempre, por antonomasia, la «tierra de María Santísima», y no hay un momento de su historia, ni un palmo de su suelo, que no estén señalados con su nombre dulcísimo. La histórica catedral, el sencillo templo o la humilde ermita a Ella están dedicadas; y si quisiéramos solamente evocar, según se Nos vienen a las mientes, algunas de las advocaciones principales que, como piedras preciosas en manto riquísimo, son ornamento del territorio español: Covadonga, Begoña y Montserrat; la Peña de Francia, la Fuencisla y Monsalud; la Almudena, el Sagrario y los Desamparados; Guadalupe, los Reyes y las Angustias, Nos parecería o que estábamos recorriendo la topografía nacional o que íbamos fijando los hitos principales de la historia de España.

Eran pinceles españoles los de Juan de Juanes, Zurbarán, El Greco y Murillo; y por eso rivalizaron en representarla a cual más hermosa. Gubias y cinceles españoles fueron los de Gregorio Hernández, Alonso Cano, Martínez Montañés y Salzillo; y, por serlo, no pudieron menos de estar dedicados de modo especial al servicio de la Madre amantísima. Y si es un Rey Santo el que cabalga para conquistar Sevilla, irá con Nuestra Señora en el arzón; y si son proas castellanas las que, precisamente tal día como hoy, violan el secreto de las tierras americanas, sobre una de ellas irá escrito necesariamente el nombre de «Santa María», ese nombre que luego el misionero y el conquistador irán dejando en la cima inaccesible, en el centro de la llanura sin fin o en el corazón de la selva impenetrable para que sea también allí fuente de gracia y de bendición.

Virgen del Pilar

3. Pero entre tantas advocaciones, venerables hermanos y amados hijos, acaso ninguna para vosotros tan entrañable, ni tan enraizada en vuestra carne misma como esa Virgen Santísima del Pilar que en estos instantes tenéis ante los ojos.

Zaragoza: «Hispanidad»

iY tú, oh Zaragoza, no serás ya insigne por tu privilegiada posición, por tu cielo purísimo o por tu rica vega, «loci amoenitate, delicii praestantior civitatibus Hispaniae cunctis», como la llama el gran Isidoro de Sevilla; no lo serás por tus magníficos edificios, donde galanamente se salta, sin desentonar, de los primores mozárabes a las elegancias platerescas; no lo serás por haber oído el paso cadencioso de las legiones romanas o por el aliento indomable que te sostuvo «siempre heroica» en los heroicos Sitios; lo serás por tu tradición cristiana, por tus obispos, Félix, en pluma de San Cipriano, «fidei cultor ac defensor civitatis»2, San Valero y San Braulio; por Santa Engracia y los mártires innumerables, a los cuales podemos añadir el santo niño, embellecido también con la púrpura de su sangre, Dominguito de Val; lo serás, sobre todo, por esa columna contra la cual, rodando los siglos, como contra la roca inconmovible que, en el acantilado, desafía y doma las iras del mar, se romperán las oleadas de las herejías en el período gótico, las nuevas persecuciones de la dominación arábiga y la impiedad de los tiempos nuevos, resultando así cimiento inquebrantable, inexpugnable valladar e insuperable ornamento no sólo de una nación grande, sino también de toda una dilatada y gloriosa estirpe!

4. «Yo he elegido y santificado esta casa -parece decir Ella desde su Pilar- para que en ella sea invocado mi nombre y para morar en ella por siempre»3; y toda la Hispanidad, representada ante la capilla angélica por sus airosas banderas, parece que le responde: «Y nosotros te prometemos quedar de guardia aquí para velar por tu honra, para serte siempre fieles y para incondicionalmente servirte».

Pero hoy vosotros, venerables hermanos y amados hijos, si habéis venido aquí, si os habéis reunido en todos los centros marianos de la nación, ha sido con una intención precisa: evocando aquella jornada inolvidable en el Cerro de los Ángeles, de 1919, donde España se consagró al Corazón Sacratísimo de Jesús, os habéis hoy querido consagrar al de María, en la confianza de que, en esta hora ardua de la humanidad, Dios querrá salvar al mundo por medio de aquel Corazón Inmaculado.

¡Bien merece, sin duda ninguna, hijos amadísimos, esta manifestación de vuestra piedad el Corazón Purísimo de la Virgen, sede de aquel amor, de aquel dolor, de aquella compasión y de todos aquellos altísimos afectos que tanta parte fueron en la redención nuestra, principalmente cuando Ella stabat iuxta Crucem, velaba en pie junto a la Cruz4; bien lo merece aquel Corazón, símbolo de toda una vida interior, cuya perfección moral, cuyos méritos y virtudes escaparían a toda humana ponderación! Y bien justo es también que lo hagáis vosotros, si no fuera por otra razón, por ser la patria de San Antonio María Claret, apóstol infatigable de esta devoción, que Nos mismo hemos elevado al honor máximo de los altares.

Consagración al Inmaculado Corazón

5. Pero Nos creemos que hoy más que nunca, precisamente porque las nubes cargan sobre el horizonte, precisamente porque en algunos momentos se diría que las tinieblas van borrando aún más los caminos, precisamente porque la audacia de los ministros del averno parece que aumenta más y más; precisamente por eso, creemos que la humanidad entera debe correr a este puerto de salvación, que Nos le hemos indicado como finalidad principal de este Año Mariano, debe refugiarse en esta fortaleza, debe confiar en este Corazón dulcísimo que, para salvarnos, pide solamente oración y penitencia, pide solamente correspondencia.

Prometédsela vosotros, hijos amadísimos de toda España; prometedle vivir una vida de piedad cada día más intensa; más profunda y más sincera; prometedle velar por la pureza de las costumbres, que fueron siempre honor de vuestra gente; prometedle no abrir jamás vuestras puertas a ideas y a principios que, por triste experiencia, bien sabéis a dónde conducen; prometedle no permitir que se resquebraje la solidez de vuestro alcázar familiar, puntal fundamental de toda sociedad; prometedle reprimir el deseo de gozos inmoderados, la codicia de los bienes de este mundo, ponzoña capaz de destruir el organismo más robusto y mejor constituido; prometedle amar a vuestros hermanos, a todos vuestros hermanos, pero principalmente al humilde y al menesteroso, tantas veces ofendido por la ostentación del lujo y del placer! Y Ella entonces seguirá siempre siendo vuestra especial protectora.

«Ante vuestro trono, pues, oh María Santísima del Pilar -diremos, parafraseando las palabras por Nos mismo pronunciadas en ocasión solemnísima5- Nos, como Padre común de la familia cristiana, como vicario de Aquel a quien fue dado todo poder en el cielo y en la tierra, a Vos, a vuestro Corazón Inmaculado confiamos, entregamos y consagramos no sólo toda esa inmensa multitud ahí presente, sino también toda la nación española, para que vuestro amor y patrocinio acelere la hora del triunfo de todo el mundo del Reino de Dios y todas las generaciones humanas, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada, entonando con Vos, de un polo al otro de la tierra, el eterno Magnificat de gloria, amor y gratitud al Corazón de Jesús, único refugio donde pueden hallarse la Verdad, la Vida y la Paz».

Que la bendición del cielo, de la que quiere ser prenda la bendición apostólica, descienda sobre todos vosotros: sobre nuestro dignísimo cardenal legado; sobre el jefe del Estado; sobre todos nuestros hermanos en el Episcopado ahí presentes; sobre todas las autoridades; sobre el clero, religiosos y fieles que están en estos momentos oyéndonos y sobre toda la nación española, a la que continuamente deseamos toda clase de bienes y de prosperidades.

PIUS PP XII

1 Cf. Mt 13, 16.
2 De haeret. bapt. 6; PL 3, 1066.
3 Cf. 2 Par 7, 16.
4 Cf. Jn 19, 25.
5 Cf. Disc e Rad. 4, 260.

Verdaderas y falsas apariciones

CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO
Frag. de Las apariciones marianas en la vida de la Iglesia, Sociedad Mariológica Española, 1987
Fuente: Foros de la Virgen María


I. ARGUMENTOS

Las apariciones son hechos sobrenaturales que no dependen de la voluntad humana, sino del designio de Dios.
Tres argumentos, según la Teología Fundamental, hay que esgrimir para dilucidar si un hecho concreto –milagro o aparición– es auténtico o supuesto. Ante todo, el argumento histórico; luego, el filosófico; finalmente, el teológico.

1. Argumento histórico

Ante todo es menester que conste con certeza de la realidad objetiva del hecho que se relata. En el caso de una aparición, preguntaremos: ¿es cierto que se ha aparecido la Virgen? La respuesta nos la darán los testigos de vista que, examinados por separado, darán testimonio de lo que han visto.

En la mayoría de los casos los testigos no han visto a la Virgen, sino al o la vidente en posición extática. Han observado lo que hacía, lo que decía, como había comenzado y acabado el éxtasis, etc. Los jueces les harán infinidad de preguntas, a las que contestarán cada uno como sabe. Del conjunto y cotejo se sacará la conclusión. Si no hay consenso entre los testigos, o bien no hay datos suficientes para juzgar que el hecho fue tal como dicen, o este hecho no tiene nada de sobrenatural, la conclusión es negativa y no hay que pasar adelante. Pero si se da por aceptado el hecho que se narra –por lo menos sustancialmente–, se procederá al argumento segundo.


2. Argumento filosófico

Se ha de demostrar que aquel hecho no puede explicarse por las leyes naturales, por las fuerzas de la naturaleza creada. Y aquí, como en el caso anterior, se continuará la investigación o se suspenderá según el veredicto sea positivo o negativo.


3. Argumento teológico

El argumento teológico se basa en la naturaleza de lo sobrenatural. Es sobrenatural todo aquello que supera las fuerzas naturales. No es necesario que supere todo el orden de la naturaleza. Si lo superase, necesariamente aquel hecho sería divino, ya que solamente Dios puede alterar el orden total de leyes que Él ha impuesto al mundo creado. Pero si se trata solamente de algo de la naturaleza, que está por encima del orden que conocemos y que podemos –digámoslo así– manejar, seres superiores a nosotros lo podrán obrar. Tales son los espíritus creados: ángeles y demonios. Si es un ángel el que ha obrado aquel hecho, es cosa de Dios; pero si lo ha ejecutado un demonio, esto no es de Dios. De aquí la necesidad de examinar las circunstancias y, sobre todo, los efectos, para que se pueda descubrir la intervención o no de la divinidad.

Aplicados estos criterios, podremos saber con la certeza humana de que somos capaces la veracidad o no de la aparición.

Si nos encontramos en el caso de una aparición única (es decir, que se ha realizado una sola vez), en la cual, pongamos por caso, la Virgen comunica un mensaje determinado, y hace allí un milagro patente, bastará esta aparición y será fácil demostrar su veracidad, si se prueba la autenticidad del milagro. Pero si no hay elementos adjuntos que nos permitan comprobar el hecho, no se podrá, obrando con prudencia, asegurar la veracidad de la aparición. Pero, del hecho de no poder probarla, no es lícito sacar la conclusión de que ha sido un engaño.

En la actualidad, nos encontramos con que las apariciones en cuestión duran temporadas largas, con lo que las observaciones son posibles, los exámenes de los videntes en estado de éxtasis se pueden comprobar, los testigos son muchos y muy variados, las circunstancias que rodean el hecho global van variando... Todo esto permite un estudio detenido, en el que todos los fenómenos que se van produciendo, se han de examinar cuidadosamente.

Como paréntesis, estimamos que hay un notable peligro de errar, si quien examina los hechos supuestamente sobrenaturales, se deja guiar por la Parapsicología, asignatura que estudia los fenómenos que salen del orden común de las leyes naturales conocidas.

Examinamos ahora algunos elementos muy a tener cuenta para el discernimiento.


II. ELEMENTOS NEGATIVOS

Son aquellos que conducen a negar la autenticidad divina de la aparición cuestionada.

1. El vidente
Una cualidad positiva que ha de aparecer en el vidente es la sujeción a la Jerarquía eclesiástica. Dios no puede llevar a la desobediencia o independencia respecto a aquellos que ha elegido como representantes suyos en la Tierra. Los auténticos videntes se han sometido siempre a la Iglesia y a sus representantes: el Papa, los obispos, los directores espirituales... Si falta, pues, esta sujeción a la Jerarquía y el vidente se cree llamado por Dios o la Virgen par realizar la renovación y crear una “nueva” Iglesia, ciertamente hay que afirmar que la aparición no es de Dios. Notemos, sin embargo, que no es menester que el vidente expresamente manifieste esta posición radical con claridad. Bastará la desobediencia a la Jerarquía.

Un protagonismo exagerado por parte del vidente es muy sospechoso. La humildad ha de ser una de sus virtudes principales. Creerse que, porque ve o supone ver a la Virgen, le han casi de venerar como un santo, es error claro. Podrá decir que se somete a la Jerarquía, pero si no se somete a su director espiritual, cuando éste no acepta todo lo que le comunica, o cuando le prueba en la virtud, es un mal indicio. No habrá de colocarse por encima de nadie ni vanagloriarse de su condición de vidente.

Será también un dato muy negativo que se aproveche de las apariciones para adquirir empleo, cargos, buena posición social, etc. Lo mismo diremos si tiene ambición o deseo de lucro, para aprovecharse de las personas piadosas y les pide dinero, regalos, etc.

También será un mal indicio si se observa que no mejora en su vida espiritual. No se le puede exigir una santidad extraordinaria, pero sí una mejora interior que aparezca en el exterior, puesto que ha de dar ejemplo. La aparición nunca será para dejarnos en el mismo estado de virtud, sino para mejorar y perfeccionar.

2. Las apariciones

En el hecho de las apariciones hay dos elementos principales a señalar:

a) Escenario-aparato

Puede ser de interés el examen del lugar y sus circunstancias, observando si se presta o no a manipulaciones. No será igual una aparición en un lugar abierto, solitario, aislado de edificios, etc., donde es difícil esconder aparatos secretos, juegos de luces, etc., que una sala cerrada (aunque sea una iglesia o capilla), que ofrece oportunidad para esconder aparatos audiovisuales, ambientación propicia a ilusiones ópticas. Si, pues, se descubriese algún fraude, quedaría ya descartada la autenticidad de la aparición.

b) La doctrina

Este punto es muy importante, ya que puede ser uno de los más decisivos en pro o en contra.

1) Dogma o doctrina teológico-moral. Si la aparición propone una doctrina contraria al dogma católico o a la moral, ha de ser rechazada de plano.

2) Profecías. Si se anuncian hechos a corto plazo y llegado el momento no se cumplen, hay motivo para dudar. Pero en este caso, habrá de tenerse mucha prudencia si se profetizan castigos o premios condicionados. Jonás profetizó la destrucción de Nínive, que no se realizó. Era condicionada y la condición no se cumplió.

Si la profecía es a largo plazo o para momento no determinado, nada se podrá aventurar o asegurar hasta que haya llegado el plazo prefijado. Jesús profetizó la destrucción de Jerusalén sin determinar fecha alguna y especificó la clase de muerte suya y su resurrección al tercer día. Solamente se tendrá como argumento negativo en el caso de una profecía determinada y especificada, de suerte que se pueda afirmar el fallo real y objetivo.

3) Mensajes particulares y descubrimientos de conciencia. En muchos de los casos de apariciones modernas ocurre que el vidente habla a alguna persona en particular y le da algún encargo de parte de la Virgen (por ejemplo), y quizás al mismo tiempo le revela algún hecho de su vida pasada o presente conocido únicamente de la persona con quien habla. Quien examina la autenticidad de una aparición ha de tener presente estas realidades.


III. ELEMENTOS POSITIVOS

Hemos examinado los principales pasos que se han de recorrer para conocer la falsedad de una aparición. Veamos ahora los elementos que denotan autenticidad.

a) El vidente. Éste ha de presentar las cualidades de humildad, obediencia, sumisión a la Jerarquía, determinada santidad, desprendimiento. Y es necesario que se hallen todas juntas.

b) Contenido de las apariciones. La doctrina ha de ser conforme al dogma y a la moral y de ordinario ha de traer alguna novedad (p. ej., el mayor relieve y amplitud que ha adquirido la devoción al Corazón Inmaculado de María con las apariciones de Fátima, etc.). Los mensajes no traen ninguna revelación nueva que se oponga a la Revelación pública.

c) Sucesos inexplicables naturalmente. Se manifestará la sobrenaturalidad del hecho si éste (tal vez milagro, curación, aparición de fuentes, acciones que realiza el vidente, etc.) no puede ser explicado por causas naturales hasta ahora conocidas.


IV. JUICIO DEFINITIVO

Es necesario aclarar todavía y aquilatar los elementos necesarios para formarse un juicio definitivo.

1. Sobrenaturalidad divina

No basta demostrar la sobrenaturalidad del hecho, sino que hay que especificar que sea divina.

Puede darse el caso de que el hecho sobrenatural sea de tal naturaleza que su realización sobrepase el poder satánico o angélico; entonces, por sí solo basta para probar que es de Dios. Pero en la mayoría de los casos quizás no sea así. Será necesario, pues, buscar otro elemento.

2. Conjunto de hechos

No bastará quedarse en un hecho o en una aparición, si éstas se repiten o multiplican. Si en todas ellas no hallamos ningún elemento negativo firme, y, por el contrario, todo nos induce a confirmar la autenticidad o intervención divina, podremos con razón opinar tranquilos a favor. Con todo, no olvidemos que, para determinar la falsedad, bastará un elemento ciertamente falso; y para afirmar la veracidad ha de ser todo verdadero (bonum ex integra causa, malum ex quocumque defecto). Si no existe razón o elemento negativo firme, se tiene una garantía. ¿Se tiene ya una seguridad? Todavía es menester tener en cuenta otro factor: los efectos.

3. Los efectos

Llegamos a esta fase cuando no existe ningún elemento negativo firme.

De la impresión que ha causado en el ánimo de una persona un hecho que ha creído subjetiva y sinceramente de Dios, pueden seguirse muy buenos efectos.

Este elemento de los efectos o frutos de la aparición es muy válido en el caso de las apariciones duraderas o largas en el tiempo y en la repetición de éxtasis. La razón es que todo lo que es diabólico tiene un fin malo, o si es momentáneamente bueno, a la larga llevará a mal fin. Las cosas de Dios, por el contrario, procuran el bien espiritual. Si, pues, un conjunto de apariciones produce una renovación espiritual permanente, profunda y tal vez universal (es decir, en un lugar, pueblo, región, nación…), ofrece garantías de veracidad. Lleva el sello de Dios.

A esto hay que añadir, como elemento de seguridad, la continuidad –después de las apariciones– de la intervención divina con prodigios o milagros. Tal es el caso de Lourdes, La Salette, Fátima…


V. LA ACTITUD DELA IGLESIA

Con lo que acabamos de decir se demuestra la prudencia de la Iglesia en tardar a declarar auténticas o falsas algunas apariciones. Será más fácil rechazarlas que aprobarlas, ya que un solo elemento negativo basta para la negación. Para la aprobación, en cambio, se requiere un profundo examen. El tiempo juega un papel muy importante, porque permite examinar bien los efectos.

También es importante distinguir entre el parecer de tal o cual teólogo, obispo, en particular, y el dictamen final de la Iglesia. Aun en el caso de aprobación, la Iglesia no impone como objeto de fe la veracidad de la aparición y su mensaje; deja plena libertad. La Revelación, objeto de fe, se terminó con el último de los Apóstoles.


VI. OBSERVACIONES Y PRECISIONES

1. El vidente o los videntes

Ante todo, se corre el peligro de creer que porque han visto a la Virgen o a Jesús, están obligados a llevar una vida de santidad irreprochable. Sería de desear; de hecho, a muchos les ha ocasionado la conversión total o la vocación a la vida religiosa. Pero esto no es esencial para la veracidad del hecho sobrenatural.

2. Los mensajes

Santo Tomás y muchos autores afirman que en las apariciones se trata de cuerpos aparentes, no reales, sin que esto obste a la realidad de la aparición. Si, pues, la visión no es de un cuerpo físico objetivo, tampoco la voz es menester que lo sea. La comunicación de la Virgen con el vidente se puede hacer por ideas que el vidente traduce en palabras –las suyas, su lenguaje– y que a él le produce la impresión de que las oye.

3. La interpretación de los mensajes

Éste es un elemento muy importante que hay que matizar. Es muy conveniente registrar con aparatos modernos lo que el vidente dice en estado de éxtasis, porque, cuando posteriormente se pregunte al vidente por el mensaje, puede suceder que se equivoque al interpretar. Esto sucede más fácilmente si se le pregunta después de bastante tiempo de algún mensaje. No lo recuerda al pie de la letra y da la versión que responde más o menos al fondo, pero puede añadir involuntariamente algún pormenor o alguna expresión que suscitará dificultades.

4. Estado psicológico del vidente

En muchos de los casos que se dan en nuestros días, los videntes dicen que sienten una «llamada» o sentimiento interno que les lleva al lugar de la aparición. Entonces ocurre que el vidente va ya «prevenido» y esperando el éxtasis o aparición. Llega al lugar, habla con la gente o se pone a rezar.

Los grandes místicos distinguen las fases del proceso por las que pasa la mente del vidente en la aparición: durante la entrada es todavía el vidente el que piensa. Al comenzar a ver la aparición ha continuado, por lo menos en el subconsciente, con aquello que estaba pensando o hablando; durante la estancia, poco a poco ha ido saliendo de sí mismo y adentrándose en la aparición; ahora es cuando Dios o la Virgen se le comunican y actúan, y el vidente transmite –con sus palabras, con su lenguaje– lo que la Virgen le dice. Finalmente, durante la salida, ha desaparecido la visión y el vidente ha continuado por un rato en el ambiente extático hasta que ha vuelto totalmente en sí, volviendo a actuar el hombre.


VII. CONCLUSIÓN

San Pablo escribía: «No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal» (1 Tes 5, 19-22). Aquí tenemos una clara referencia a los carismas; los que hay que aceptar una vez comprobada su autenticidad, porque vienen del Espíritu Santo; pero igualmente seguir la recomendación del Apóstol: examinar, demostrar su autenticidad, juzgar, porque también el espíritu del mal puede engañarnos con falsos carismas.

Si la Virgen Santísima quiere en este tiempo, en que el Príncipe de las Tinieblas anda tan suelto por el mundo, aparecer para irradiar la luz de la verdad y ejercer su misión de Madre, Ella cuidará de iluminar al representante de su Divino Hijo en la Tierra, para que acierte a distinguirla y descubrirla, a fin de que su Corazón Inmaculado finalmente triunfe y el Reinado de Cristo se estabilice en la Tierra.

Santoral dominicano de noviembre


3 San Martín de Porres (1579-1639)
5 B. Simón Ballachi (1240-1319)
Santo Domingo Mau, mártir
6 Beatos Ignacio Delgado, Francisco de Capillas y Alfonso Navarrete y compañeros mártires dominicos de Oriente
B. Ángel Orsucci
7 Todos los Santos de la Orden
8 Aniversario de todos los difuntos de la Orden
14 B. Juan Licio (1430-1511)
Santa Lucía de Dublin
15 San Alberto Magno (1206-1280)
16 Santa Lucía de Narni (1476-15449
19 B. Santiago Benfatti (+1332)
21 Beato Romeo de Llívia, presbítero
24 San Francisco Gil de Féderich y Sans (1702-1745)
San Mateo Alonso de Leiciniana (1702-1745)
San Jacinto Castañeda Puchasons (1743-1773)
San Ignacio Delgado Cebrián (1762-1838)
Santo Domingo Henares (1765-1838)
San José Fernández (177-1838)
San Melchor García-Sampedro Suárez (1821-1855)
San José María Díaz Sanjurjo (1818-1857)
San Jerónimo Hermosilla (1800-1861)
San Valentín de Berrio-Ochoa y de Aristi (1827-1861)
San Pedro Almató y Ribera (1830-1861)
Santa Magdalena de Nagasaki (1610-1634)
Santa Marina de Omura (+1634)
San Miguel Kurobioye
San Lázaro de Kyoto
San Vicente Liem (+1773)
San José Kang (+1861)
Beato Dalmacio Moner (1291-1341)
25 B. Margarita de Saboya-Acaya (1382-1464)
Beatos Jacinto Serrano López y Santiago Meseguer, presbíteros mártires

Calendario mariano de noviembre


2º domingo:
Virgen del Sufragio de Benidorm (España)
N.S. de la Soledad de Porta Vaga (Filipinas)
N. S. de América
último domingo:
N.S. de los Lagos
3º domingo:
Virgen de Castelmonte
Maria de Caná


1 N.S.de la Palma (Cádiz, España)
2 N.S. de Emminont, (Francia)
3 N.S. de Rennes, (Francia)
N.S. del Sufragio
4 N.S. de Port Louis (Milán, Italia)
N.S. de Mariapocs (Hungría)
5 N.S. de Damietta (Egipto)
N. S. de Smolenks ( Rusia)
6 N.S.de Valfleurie (Francia)
7 N.S. del Estanque (Francia)
N.S. de Tulum
María Medianera de todas las Gracias
8 N.S.de Belle Fontaine (La Rochelle, Francia)
Virgen de los 33( Uruguay)
N. S. del Parto de Palhoca (Brasil)
9 Santa María La Real de la Almudena (Madrid, España)
11 N.S de los Portugueses
Virgen de Lourdes de Can Cerdá (España)
Madre de Dios del Claustro (Tarragona, España)
12 N.S.de la Torre Secreta (Turín, Italia)
13 N.S.de Nanteuil ( Francia)
14 N.S.de la Gruta (Lamego, Portugal)
15 N.S.de Pignerol (Francia)
16 N.S.de Chieves (Bélgica)
N. S. de la Salud
N.S. de la Misericordia
17 N.S.de Sión
18 Virgen del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia
19 N.S. de la Divina Providencia, Patrona de Puerto Rico
20 N.S.de La Guardia (Italia)
21 Presentación de la Santísima Virgen María
N.S. de los Remedios
N.S. de la Presentación del Quinche (Ecuador)
22 N.S.de Lavang (Viet Nam)
23 N.S.de Sumampa (Santiago del Estero, Argentina)
24 N.S.de Montserrat (España)
25 N.S.de la Roca de Fiesola (Italia)
26 N.S.de las Montañas ( Italia)
27 N.S.de la Medalla Milagrosa
28 N.S.de Walsingham (Inglaterra)
29 N.S.de Beauraing (Bélgica)
30 N.S.de Genesta.
Stella Maris

Don Bosco visita Córdoba

En el marco de la histórica visita de las reliquias de San Juan Bosco a nuestra ciudad de Córdoba,
la Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro
participó de la misa celebrada el día 19 de octubre

en la parroquia María Auxiliadora,
compartiendo con toda la familia salesiana ese momento de gracia,

regalo de Dios.
Con motivo de ello y aunados bajo el manto de María, nuestra Madre del cielo,
se hizo entrega de una placa recordatoria de tan especial acontecimiento.
La misma fue recibida durante la celebración eucarística por el

padre Inspector Leonardo Palazzo, sdb.
quien agradeció y aplaudió tan importante regalo.
Fue un momento de gran emoción para todos.