Patrick Payton



El Sacerdote del Rosario
P. Patrick Peyton, C.S.C.
(1909 - 1992)

Fuente: www.rosarioenfamilia.org.pe



El fundador del Apostolado del Rosario en Familia nació el 09 de enero de 1909 en el Condado de Mayo, al oeste de Irlanda. Fue el sexto de los nueve hijos del matrimonio entre John Peyton y Mary Gillard. Su familia vivió en medio de la pobreza material, pero contrastaba con la enorme fortaleza espiritual y unión promovidas e inspiradas por su padre, frutos del rezo diario del Rosario.

“Pat” emigró a los Estados Unidos cuando tenía cerca de 20 años buscando nuevas oportunidades. Poco a poco su vocación sacerdotal se fue afianzando y fue ordenado el 15 de mayo de 1941 siendo su primera asignatura religiosa la capellanía de un colegio de la Congregación de la Santa Cruz. Desde entonces comenzó las campañas de promoción del rezo del rosario en las familias, que reunían millones de personas en todo el mundo. No en balde lo llamarían con el tiempo “el sacerdote del Rosario”.

Pero dejemos que él mismo se presente con sus propias palabras:

“En el amanecer de mi vida, Dios hizo del mundo que me rodeaba y de las personas con las cuales vivía un espejo para reflejar su Belleza, Bondad y Amor.
Dos aldeas irlandesas, las de mi madre y de mi padre, eran mi mundo. La poesía y la canción serían insuficientes para contar lo que esas dos aldeas me dijeron durante mi niñez. En el horizonte se distinguían las Montañas de Ox. En verano, eran un manto de flores azules del brezo-flores silvestres típicas del área. En la noche, pequeños fuegos ardían en las montañas debido al brezo sobrecalentado. Por otro lado, yo oía el murmullo de las inmensas olas del océano Atlántico alcanzando su muerte en las costas de Enniscrone, un pueblo en la distancia.
Era una poderosa lección de cómo todas las cosas terrestres, no importa su grandeza o poder, llegarán a su fin como las olas. Imborrable en mi memoria está la ciénega de la aldea de mi madre. El cielo parecía tocar la tierra cuando contemplaba la ciénega de niño. Cerca de mí los vecinos en grupos familiares cosechaban el césped. Para ellos y para mí, la hora del almuerzo significaba un picnic diario. Los arroyos que con prisa bajaban por las montañas no los detenían ni las grandes rocas en su viaje hacia el océano. Era una experiencia de misterio, convivencia ilusión y alegría.

¡Era vislumbrar el cielo!

En la aldea de mi padre donde pasé mis primeros diecinueve años, me llegué a sentir muy cerca de Dios. Los domingos, los caminos como los rayos de una rueda que llegan a su centro, estaban llenos de pequeños grupos de devotos caminando hacia la capilla que estaba al pie de una montaña. En esa capilla el sacerdote y los feligreses, la misa donde escuchamos la palabra de Dios y el Tabernáculo reflejaban la presencia de Cristo. En mi casa, María se hacía presente cada noche mientras rezábamos el Rosario en familia. Cuán verdad fueron para mí las palabras de William Shakespeare:

Encuentra las lenguas en los árboles
Los libros en los arroyos que bajan,
Los sermones en las piedras y el bien en todo.

Cuando comenzaba la edad de la madurez, América vino a ser mi nuevo país.
Allí encontré una acogida y una oportunidad de convertir en una rica cosecha las semillas que se sembraban y se cultivaban en mi familia. Los Padres de Santa Cruz me aceptaron en su familia. Sus seminarios menores y mayores estaban ubicados en la Universidad de Notre Dame Dos lagos. El Santa María y el de San José daban un ambiente pintoresco para la joya de la Universidad, la Cúpula Dorada, en donde se podía ver una imagen de Nuestra Señora desde la distancia.
En tal atmósfera bella y espiritual, pase nueve de esos años de madurez - tres en el seminario menor, uno el noviciado, cuatro en el seminario mayor y uno en la enfermería cuando sufrí un severo ataque de tuberculosis.
En esa enfermería, lejos de mis compañeros, yo me encontré en lo más profundo del desaliento y de la desesperanza. Pero fue allí también que encontré realmente a María. Al encontrarla, descubrí lo que Cristo quería que ella fuera para mí: una Madre tierna y amorosa. En mi hora más triste, acudía ella por ayuda. Me respondió con amor. Me recuperé, regresé al seminario y fui ordenado sacerdote. Ahora era mi turno. Si yo diera mi misma vida en agradecimiento, no sería suficiente. No era difícil acordarme dónde todo había comenzado.

Mi devoción a María empezó en ese pequeño hogar en el oeste de Irlanda donde nací, me crié y aprendí a rezar el Rosario. Compartir con las familias del mundo esa paz, oración amor y convivencia que viví en ese hogar del Rosario, seria mi forma de dar las gracias. Esta seria mi misión, Esta seria la fuerza y energía de mi sacerdocio.
Y así nació la cruzada del Rosario en Familia. En los primeros años las estrellas de Hollywood pusieron en marcha la cruzada. Ellos entregaron su tiempo, talento y experiencia para hacer del mundo un solo pueblo donde, de un extremo a otro, las familias llegaron a conocer, amar y vivir la verdad de la declaración: La familia que reza unida, permanece unida.

Estos artistas del teatro, de la radio y de la televisión glorificaron el Rosario, dramatizaron sus misterios, cantaron sus canciones y lo presentaron al mundo como una oración de gran profundidad, poder y belleza. La historia da testimonio del éxito que tuvieron sus esfuerzos. En el atardecer de mi vida, las señales de Dios son claras y puras. El Rosario perdurará por siempre y la misión de Family Rosary será la de enseñar a la familia a rezar, especialmente el rezo del Rosario.

No hay mejor manera de terminar esta expresión de alabanza a Dios que con estas palabras: “He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, siempre fiel a la fe (2 Ti 4,7 ).”


Con una salud siempre quebradiza, que superaba por amor a su misión, en sus últimos años no podía participar de las multitudinarias cruzadas. No obstante, dejó un camino sembrado, y su misión aún continúa.

Falleció el 03 de junio de 1992. La causa para su canonización se abrió el 01 de junio del 2001.

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