Bis Sæculari (Pío XII)


Constitución Apostólica
sobre las Congregaciones marianas
a propósito del Bicentenario
de la Bula Aurea
de Pío XII
27 de setiembre de 1948

INTRODUCCIÓN
Congratulación y aprobación de las Congregaciones Marianas


1. Confirmación de la Bula
Al cumplirse felizmente el día del segundo centenario de la Bula de Oro "Gloriosae Dominae". por la que Benedicto XIV Confirmó con nuevos favores las Congregaciones Marianas que Gregorio XIII había erigido e instituido para siempre (1), estimamos propio de Nuestro oficio apostólico, no sólo felicitar paternalmente a los directores y miembros de dichas Congregaciones, sino además ratificar y declarar solemnemente los amplísimos privilegios y gracias con que, en el curso de casi cuatro siglos, muchos Predecesores Nuestros (2), y Nos mismo, hemos enriquecido tales Congregaciones por sus numerosos y relevantes servicios en bien de la Iglesia.

I. - NATURALEZA Y ACTUACIÓN DE LA CONGREGACIÓN MARIANA

2. Las gloriosas falanges marianas al servicio de la Iglesia
Pues bien sabemos, para servirnos de las palabras de Benedicto XIV en la citada Bula Aurea, no sólo de cuanta utilidad haya resultado esta loable y piadosa institución para todas las clases sociales (3) en las épocas precedentes, sino también con qué celo y ardor estas falanges marianas, caminando sobre las huellas gloriosas de sus antepasados, y obedeciendo religiosamente a sus reglas, pelean hoy en primera fila, bajo los auspicios y la dirección de la Jerarquía eclesiástica, iniciando y realizando con constancia sus obras por la mayor gloria de Dios y bien de las almas, tanto que se las debe contar entre las agrupaciones y fuerzas espirituales más sólidas en la defensa, propagación y vinculación del catolicismo (4). Y esto por múltiples razones.

3. Su desarrollo en el pasado y el presente
Porque quien repasa la historia de las Congregaciones Marianas, aunque echa de ver que siempre brillaron por sus bien ordenados escuadrones, ha de confesar que las antiguas sí pueden parangonar con las modernas en el fervor y actividad, pero no en el número de congregantes; pues mientras en los siglos precedentes el número anual de agregaciones a la Prima Primaria nunca pasaba de diez, desde principios del siglo XX semejantes agregaciones fácilmente llegan al millar.

4. Sus normas y reglas son una escuela de perfección
Pero más que el número de las Congregaciones se han de estimar, porque es lo capital, las normas y reglas que llevan a los congregantes, como por la mano, a tal excelencia de la vida espiritual (5) que puedan subir a las cumbres mismas de la santidad (6), gracias sobre todo a los medios en los que es tan necesario que se ejerciten los incondicionales y perfectos seguidores de Cristo: la práctica de los Ejercicios Espirituales (7) y el uso cotidiano de la meditación y el examen de conciencia (8); la frecuencia de Sacramentos (9); el trato sumiso y filial con un director espiritual fijo (10); la consagración total y perpetua de sí mismo, bajo el manto virginal de la Bienaventurada Madre de Dios (11); y, finalmente, la firme promesa de trabajar en la perfección cristiana, propia y ajena (12)

5. Fomentan la vida interior
Todos estos medios conducen ya por sí a excitar en los Congregantes Marianos la llama de la caridad divina y alimentar y fortificar la vida interior, tan necesaria, sobre todo, en nuestra época, mientras, como en otro lugar dijimos con dolor, tantos sectores de la humanidad padecen vacío espiritual y profunda indigencia interior (13).

6. Son escuela de apostolado católico
Y que estos medios se encuentran, no sólo determinados en sapientísimas leyes, sino puestos en práctica felizmente, en la vida misma de las Congregaciones Marianas, se demuestra palmariamente porque, dondequiera que éstas se forman, con tal que se guarden fielmente las reglas establecidas, por todas partes brotan en ellas lozanas las flores de la pureza de las costumbres y la práctica solidísima de nuestra Religión. Más aún: bajo la inspiración del Divino Espíritu, de ellas surgen numerosos grupos de Congregantes, que ya dentro del orden eclesiástico, ya en los institutos religiosos, anhelan conseguir la perfección cristiana y comunicarla a otros; y no son pocos los que con vuelo seguro se elevan hasta las empinadas cumbres de la santidad (14). De este ferviente afán de la vida interior dimana, naturalmente, una tan plena formación apostólica de los Congregantes, acomodadas siempre a las nuevas necesidades y diversas circunstancias de la humanidad, que no dudamos en afirmar que el católico perfecto, tal como la Congregación Mariana, ya desde sus comienzos, solía modelarlo, no es menos apto para las necesidades actuales que para las de otros tiempos, puesto que nunca quizás tanto como ahora son necesarios católicos sólidamente formados en la vida cristiana (15).

7. Tienen preeminencia entre las organizaciones católicas
Por ello, al observar desde esta cátedra de Pedro, como desde una atalaya que domina el mundo entero, el admirable esfuerzo con que tantos cristianos en todas partes conservan, defienden y propagan nuestra Religión, estimamos dignas de un elogio especial a las huestes de las Congregaciones Marianas, que desde su mismo origen se propusieron como un deber propio y particularmente conforme a sus reglas (16) el llevar a cabo, ya individual, ya corporativamente y bajo la dirección de los sagrados Pastores (17), todos los trabajos apostólicos que la Santa Madre Iglesia les encomendara (18)

Transforman cristianamente todas las esferas

Los reiterados elogios de los Romanos Pontífices declaran elocuentísimamente cuan cumplidamente y con cuan feliz incremento de la Religión llevaron a cabo su deber y encargo (19). Y en ésta nuestra época, atormentada por tantas calamidades, Nos sirve de muy gozoso consuelo ver como las Congregaciones Marianas en todas partes del mundo consagran con vigor y eficacia sus fuerzas a toda clase de apostolado, ya estimulando a la virtud e inflamando en el deseo de una vida más cristiana, por medio de los Ejercicios Espirituales, a todas las clases sociales, particularmente a los jóvenes y obreros, ya socorriendo a los pobres en las necesidades espirituales y corporales, y esto no solamente por su iniciativa privada y por impulso de su caridad, sino también haciendo prevalecer en las asambleas estatales y aun en las alturas del poder supremo leyes conformes a los principios evangélicos y a la justicia social (20)

8. Las obras apostólicas especialmente actuales
Tampoco pueden pasarse en silencio las organizaciones creadas por las Congregaciones Marianas o sostenidas por ellas para combatir la inmoralidad en los espectáculos en el teatro y en el cine y para proteger las buenas costumbres contra el diluvio de libros y periódicos malos; las numerosísimas escuelas gratuitas para niños y adultos pobres, y las escuelas técnicas para perfeccionar a los obreros en su oficio (21), sobre todo las que preparan a las diversas especialidades profesionales (22); esta forma de apostolado, tan necesaria en las circunstancias actuales, ha sido desarrollada por buen número de Congregaciones Marianas, sobre todo por las interparroquiales, para favorecer la constitución de grupos homogéneos por profesiones y especialidades (23).

II - LA CONGREGACIÓN MARIANA Y LA ACCIÓN CATÓLICA

9. La prontitud de los congregantes para la cooperación
Estas obras tan numerosas son ciertamente muy útiles a la causa católica. Y también merecen singular alabanza las Congregaciones Marianas, porque han deseado sinceramente en todos los tiempos, pero sobre todo en los actuales, ir fraternalmente de acuerdo con las otras asociaciones católicas, para cosechar con esta alianza de fuerzas, bajo la autoridad y dirección de los Obispos, frutos más abundantes en los trabajos soportados en común por el reino de Cristo.
Son los "pioneros" de la Acción Católica
Más aun: como ya lo indicamos en otra ocasión, a propósito de la Acción Católica Italiana (24), en algunos países, los primeros grupos de esta organización estuvieron constituidos por congregantes marianos, sin que más tarde faltasen otros que les fuesen sucediendo y aportando con fervor su trabajo, demostrando así con hechos que los congregantes marianos con razón habrán de ser contados entre los principales promotores de la Acción Católica.

10. La sujeción a la autoridad eclesiástica
Además, como toda la fuerza de los católicos agrupados en una especie de ejercito ordenado, hay que ponerla en su obediencia a la autoridad de los sagrados Pastores, ¿quién no ve cuan buenos instrumentos de apostolado son estas Congregaciones Marianas, no sólo a causa de su absoluto y ferviente rendimiento a esta Sede Apostólica, cabeza y fundamento de todo el orden eclesiástico (25), sino también, según la naturaleza y posibilidad de cada una, por su humilde sumisión y dócil obediencia a los mandatos y consejos de los Ordinarios? (26)

11. Su esencial organización jerárquica
Porque quien examine bien el régimen interno de estas Congregaciones fácilmente echará de ver que unas están regidas por los Obispos y Párrocos, y otras en virtud de un privilegio por Nos mismo y, merced a la delegación de Nos recibida, por el prepósito General de la Compañía de Jesús; pero que todas ellas, en la elección y ejercicio de los trabajos apostólicos están sometidas a la potestad del propio Obispo, y aun a veces del Párroco.
Su colaboración en el apostolado jerárquico; su obediencia institucional a la Iglesia
Por lo cual, ya que es la Jerarquía Eclesiástica la que las incluye en el ejército del apostolado militante y de ella dependen enteramente en lo tocante a emprender y llevar a cabo sus obras, con toda razón, como ya indicamos otra vez, se deben llamar cooperadoras del apostolado jerárquico (27). Esta reverencia y humilde sumisión a los sagrados Pastores, que son connaturales en los congregantes marianos las sacan necesariamente de sus mismas reglas, según las cuales es esencial para el congregante la íntegra profesión en su vida y en su conducta de todo lo que enseña la Iglesia Católica, alabando lo que ella alaba, condenando lo que ella condena, sintiendo todo con ella, y no avergonzándose jamás de proceder en su vida pública y privada como hijo fiel y obediente de tan digna Madre (28).

12. Fieles al espíritu de la Compañía de Jesús
Y a esta unidad estrecha, semejante a la militar, de los católicos, no se opone en modo alguno el que estas Congregaciones, originariamente creadas por la familia ignaciana, se presenten como brotes y ampliaciones de la misma, sobre todo porque los sacerdotes de la Compañía de Jesús dirigen una parte de ellas, aunque pequeña, por delegación Nuestra como hemos dicho. Y, más aun: como las Congregaciones Marianas, ya desde aquel primer origen, se propusieron como norma las leyes para sentir con la Iglesia, diríase que heredaron cierta connatural propensión de obedecer a los mandatos de los que "el Espíritu Santo puso como Obispos para regir la Iglesia de Dios (29), la cual hace que les hayan servido y les seguirán sirviendo a los mismos de auxilio muy poderoso en el dilatar el reino de Cristo.

13. Siempre sirviendo al bien común de la Iglesia
De que siempre atendieron no a los intereses particulares sino siempre a la común utilidad de la Iglesia es testigo de mayor excepción ese brillantísimo escuadrón de congregantes marianos, a quienes la santa Madre Iglesia decretó el supremo honor de los Santos, con cuya gloria no se honra solamente la Compañía de Jesús, sino también el mismo clero secular y no pocas familias religiosas, ya que de las Congregaciones Marianas, han salido diez miembros Fundadores y padres de Nuevas Órdenes o Congregaciones.
Todo esto, pues, demuestra muy claramente que las Congregaciones Marianas son -como bien lo proclama la aprobación de sus reglas por la Iglesia- asociaciones llenas de espíritu apostólico (30), que, al mismo tiempo que mueven a sus miembros, elevados a veces a los más altos gados de la santidad (31), a trabajar por la perfección cristiana y por la eterna salvación del prójimo, bajo la dirección de los sagrados Pastores (32), y a defender los derechos de la Iglesia (33), logran formar en ellos diligentes heraldos de la Virgen Madre de Dios y apóstoles muy competentes del reino de Cristo (34)

14. Su acción bajo la protección de María revisten el carácter íntegro de Acción Católica
Siendo esto así, no puede negarse a las Congregaciones Marianas -ya se consideren sus reglas, su fin, sus designios y hechos- ninguna de las notas que caracterizan a la Acción Católica, puesto que ésta, como tantas veces lo proclamó Nuestro Predecesor, de feliz memoria, Pío XI, se define rectamente: el apostolado de los fieles cristianos que prestan su cooperación a la Iglesia y que en cierto modo la ayudan a cumplir su oficio pastoral (35). Las Congregaciones Marianas pueden ser llamadas en pleno derecho Acción Católica bajo el amparo e inspiración de la Bienaventurada Virgen María (36), y a ello no se oponen ni su estructura ni sus peculiares características, las cuales más bien son y serán defensa y baluarte de una mejor formación católica de los espíritus (37), como hasta aquí lo fueron.

La A. C. como lazo de unión sin uniformar las actividades

Porque, como ya muchas veces ha declarado esta Sede Apostólica, La Acción Católica no cristaliza rígidamente en esquemas fijos (38), como si estuviese circunscrita por ciertos límites definitivamente fijados que no puedan franquearse, ni de tal manera pretende conseguir con método y manera peculiar el fin a ella señalado (39), que suprima o absorba las demás asociaciones activas de los católicos, con respecto a las cuales debe pensar más bien que es propio de su oficio unirlas, arreglarlas entre sí amigablemente, y hacer que los progresos de una redunden en provecho de las otras, con plena concordia de ánimos, unión y caridad (40). Porque, como recientemente hemos recomendado en este magnífico fervor de apostolado, tan caro a Nuestro corazón, es necesario prevenir el error, que algunos, impulsados de buen celo, pueden tener de querer uniformar las actividades en pro de las almas y someterlas todas a una forma común (41); pues semejante modo de obrar es del todo ajeno al espíritu de la Iglesia (42), la cual no sólo está muy lejos de aprobar semejante restricción de la vida que brota y florece espontáneamente (43), por la que todas las obras de apostolado se confíen a sólo una determinada asociación o sólo a la parroquia, sino que más bien favorece a la multiforme unidad (44) en la realización de dichas obras.

Cooperación bajo la dirección de los Obispos

Naturalmente, mediante una cooperación verdaderamente fraternal, bajo la dirección de los Obispos, han de enderezarse por un esfuerzo común a una sola meta (45). Y tanto más fácilmente lograrán dichas asociaciones aquella inteligencia cordial, coordenada unión y mutua comprensión, que con tanta frecuencia hemos recomendado (46), cuanto más profundamente buscaren tan sólo la gloria de Dios, olvidando toda controversia de primacía (47), amándose mutuamente con caridad fraterna, adelantándose unos a otros en el honor mutuo (48), persuadidos de que entonces tendrán ventaja sobre las demás, cuando hubieren aprendido a cederles el primer puesto (49)

III. - DISPOSICIONES GENERALES DE DERECHO

15. Resumen de los puntos principales
Pesadas, pues, con toda atención estas razones y con vehementísimo deseo de que estas palestras de piedad y activa vida cristiana vayan cobrando de día en día vigor y robustez (50), señalamos detalladamente con Nuestra autoridad apostólica, algunos puntos comunes a las Congregaciones Marianas del mundo entero, que todos aquellos a quienes corresponden deben observar religiosamente:

1. Naturaleza, erección y agregación

I. - Las Congregaciones Marianas legítimamente agregadas a la Congregación Prima Primaria del Colegio Romano, son asociaciones religiosas erigidas y constituidas por la misma Iglesia (51), y por ella enriquecidas con privilegios amplísimos para que puedan cumplir más perfectamente la misión que les ha sido encomendada (52).

II. - Sólo se ha de tener como legítima Congregación Mariana la que haya sido erigida por el Ordinario competente; es a saber, en recintos propios de la Compañía de Jesús o encomendados a su cuidado, por el Prepósito General (53), en todos los demás, por el Obispo del lugar, o con su consentimiento formal, por el Prepósito General ya citado (54). Mas, para que la Congregación así erigida pueda gozar de los privilegios e indulgencias concedidos a la Congregación Prima Primaria, se requiere que esté debidamente agregada a ésta (55). Sin embargo, esta agregación, que se ha de realizar con el consentimiento del Ordinario del lugar, y que únicamente compete al Prepósito General de la Compañía de Jesús (56), no confiere a la Prima Primaria ni a La Compañía se Jesús derecho alguno sobre dicha Congregación (57).

III. - Las Congregaciones Marianas, como quiera que responden plenamente a las necesidades actuales de la Iglesia (58), deben por voluntad de los Sumos Pontífices conservar intactas sus leyes, su espíritu y sus formas propias (59)

IV. - Las Reglas Comunes, cuya observancia, al menos en las cosas sustanciales, es necesaria para obtener la agregación (60), se recomiendan encarecidamente a todas las Congregaciones, por ser un código y memorial de la disciplina observada desde el principio por los congregantes y confirmadas por un uso constante (61).

V. - Todas las Congregaciones Marianas, de modos accidentales diversos, pero sustancialmente idénticos, dependen de la Jerarquía Eclesiástica, lo mismo que las demás asociaciones dedicadas al apostolado (62).

VI. - Para que en la propagación del reino de Dios y en la defensa de la Religión no se dispersen las filas ni se debiliten las fuerzas del ejército cristiano, los congregantes marianos, fieles a los ejemplos de sus predecesores y a su misma conducta actual, tengan presente, en las obras apostólicas que emprendan o lleven adelante:

a) Que el Ordinario del lugar
1º) según las normas de los sagrados cánones y salvas siempre las prescripciones y documentos de la Sede Apostólica, tiene potestad sobre las Congregaciones de su jurisdicción, en cuanto al ejercicio del apostolado externo.
2º) tiene potestad sobre las Congregaciones establecidas fuera de los recintos de la Compañía de Jesús, y, por lo tanto, puede darles normas propias, pero dejando a salvo la sustancia de las Reglas Comunes (63).
b) Que el Párroco
1º) es el Director nato de las Congregaciones parroquiales; las cuales, por lo tanto, gobierna como las demás asociaciones de su territorio.
2º) en todas las Congregaciones que ejercitan el apostolado en su territorio, goza de la potestad que le confieren los sagrados cánones y los legítimos estatutos diocesanos para la buena ordenación del apostolado externo (64)

VII. - El director de cualquier Congregación Mariana legítimamente nombrado, el cual debe ser siempre sacerdote, aunque está plenamente sometido a sus legítimos Superiores eclesiásticos, sin embargo, en la misma vida interna de la Congregación, goza, según la norma de las Reglas Comunes, de plena autoridad; la cual conviene que ordinariamente la ejercite por medio de congregantes a él asociados como ayudantes en el desempeño de su cargo (65).

2. Devoción y consagración a María

VIII. - Estas Congregaciones deben llamarse Marianas, tanto por el hecho de tomar su título de la Santísima Virgen María (66) como, sobre todo, porque cada uno de los congregantes profesa una particular devoción a la Madre de Dios (67), a quien se entregan mediante una consagración plena (68), comprometiéndose, aunque no bajo pecado (69), a luchar con todo empeño bajo el estandarte de la Santísima Virgen, así por la salvación y perfección propia, como por la de los demás (70); y con esta consagración queda el congregante obligado con la Santísima Virgen María para siempre, a no ser que sea expulsado por indigno, o que él mismo, por ligereza de espíritu abandone la Congregación (71).

3. Selección y formación de los congregantes

IX. - En la admisión de los congregantes escójase diligentemente (72) a los que no contentos con un género de vida vulgar y trillado (73), procuren con ansia preparar en su corazón ascensiones aun las arduas (74), según las normas ascéticas y los ejercicios de piedad que las Reglas les proponen (75)

X. - Es por lo tanto, propio de las Congregaciones Marianas el formar a sus congregantes de tal manera, que puedan, cada uno, según su condición, ser propuestos a sus compañeros como ejemplo de vida cristiana y actividad apostólica (76).

4. La misión principal, el apostolado

XI. - El apostolado de cualquier clase que sea, sobre todo el apostolado social, en la propagación del reino de Cristo y defensa de los derechos de la Iglesia (77), encargado a las Congregaciones Marianas por la Jerarquía Eclesiástica (78), se ha de contar entre los fines esenciales a la misma (79). Para prestar esa verdadera y plena cooperación en el apostolado jerárquico, en manera alguna se han de variar o modificar las normas propias de las Congregaciones, relativas al modo de realizar dicha cooperación (80).

5. Sus relaciones con otras organizaciones católicas

XII. - Finalmente, las Congregaciones Marianas se han de considerar como del mismo orden que las demás asociaciones que persiguen fines de apostolado (81), ya sea que formen con ellas una federación, ya sea que se adhieran colectivamente a la misma asociación primaria de Acción Católica. Por lo demás, como las Congregaciones deben prestar su activa colaboración (82) a cualquier otra asociación, bajo la dirección y autoridad de los sagrados Pastores, no es necesario que cada Congregación de también su nombre a la otra asociación (83).

EPÍLOGO

16. Vigencia y perduración de estas normas

Todo lo cual mandamos y establecemos decretando que la presente Constitución sea y perdure siempre firme, válida y eficaz, y logre y alcance plena e íntegramente los efectos que pretende, y que favorezca plenísimamente a aquellos en cuyo favor se ha dado, y que se debe juzgar y definir legítimamente en esta materia, y que, si acaeciese que alguno, quienquiera que sea, con cualquier autoridad que sea, a sabiendas o por ignorancia, atentare algo en contrario, desde este momento sea irrito y nulo. Sin que obste cosa alguna en contrario.
Dado en Castelgandolfo, cerca de Roma, el día 27 de Septiembre del año 1948, en el segundo centenario de la Bula Aurea "Gloriosa Dominae", décimo de Nuestro Pontificado.



NOTAS
(1) Bula Omnipotentis Dei, 5-12-1584.
(2) Sixto V Bul. Suprema Dispositione 5-1-1547. Clemnte VIII, Breve Cum sit Nobis, 30-8-1602. Greforio XV, Bulla Alias pro parte, 15-4-1621. Benedicto XIV, Breve Praeclaris Romanorum Pontificum 24.4.1748; Bulla Aurea Gloriosae dominae 27-9-1748; Beve Quemadmodum presbyteri 15-7-1749; Beve Quo tibi 8-9-1751; Breve Laudabile Romanorum 15-2-1758. Clemente XIII Bulla apostolicam 7-1-1765. pío VI Decreta 2-5-1775, 9-12-1tt5, 20-3-1776. Leonis VII Breve Cum multa 17-5-1824. Pío IX Decretum 8-7-1848; Beve Exponendum 10-2-1863. Leonis XIII Breve Frugiferas 27-5-1884; Breve Nihil adeo 8-1-1886. Pío X Decreta 10-5-1910 y 21-7-1910. Benedicto XV Aloc. 19-12-1915.
(3) Benedicto XIV Bulla aurea Gloriosae Dominae 27-9-1748.
(4) Pío XII Ep. al Card. Leme, 21-1-1942.
(5) Reg. Comm 1, 33 (Regulae Comunes Congr. Marian.
(6) Reg. Comm 12.
(7) Reg. Comm 9.
(8) Reg. Comm 34.
(9) Reg. Comm 37, 38, 39.
(10) Reg. Comm. 36.
(11) Reg. Comm 27, 1, 40, 43.
(12) Reg. Comm 1.
(13) Pío XII Encíclica Summi Pontificatus, 20-19-1939.
(14) Pío XII, Aloc. a los Sodal. Marian. 21-1-1945.
(15) Pío XII, Aloc. a los Sodal. Marian. 21-1-1945.
(16) Pío XII, Aloc. a los Sodal. Marian. 30-3-1930.
(17) Pío XII Carta al Cardenal Leme, 21-1-1942.
(18) Pío XII, Carta al P. D. Lord 24-1-1948.
(19) Reg.Comm. 1,12,43. Benedicto XIV Bula Aurea Gloriosae Dominae 27-9-1748. Benedicto XV Alocuc. a los Sod Marian. 18-12-1915. Pío XI Carta al Adm. Apost. Oenip 2-8-1927. Carta a los Congr. Marianos de Alemania, 8-9-1928. Pío XII Carta Apost. Nosti Profecto 6-7-1940; Carta al Cardenal Leme, 21-1-1942; Carta al P. S. Ilundain 26-8-1946; Aloc. radiofon. "Nos sentimus" al Congr. Barcelona, 7-12-1947.
(20) Pío XII, Carta al P. D. Lord 24-1-1948; Aloc. a los Sod. Mar. ex "Conference Olivaint" 27-3-1948 (L'Osservatore Romano Nº 73/26. 705 28 de marzo).
(21) Pío XII ep. ad. P. D. Lord 24-1-1948.
(22) Pío XII, alloc. ad. Sod. Mar. 21-1-1945.
(23) Pío XII, alloc. ad. Sod. Mar. 21-1-1945.
(24) Pío XII, alloc. ad. Sod. Mar. 21-1-1945.
(25) Conc. Vat. sess. 4 const. 1 de Ecclesia Christi. Denz... Umb. Nº 1821.
(26) Pío XII, carta al Card. Leme 21-1-1942.
(27) Pío XII, Aloc. Se atemperare a la A. C. Ital., 4-9-1940. La definición de Acción Católica que Pío XII dio aquí, incluyendo las Congregaciones Marianas en el ámbito y definición misma, pareció rectificar ciertos conceptos muy difundidos sobre la Acción Católica. Cuatro años más tarde, el 14 de octubre de 1951, ante el Congreso Mundial de Apostolado Seglar, el Papa aprovechó la oportunidad para volver sobre su pensamiento precisando y profundizando la idea del Apostolado organizado.
(28) Reg. Comm. 33.
(29) Act. 20, 28.
(30) Reg. Comm.,1, 43 (Regulae Comunes Congr. Marianae, ed. Fr. Wernz. Romae Secret. Congr. Marianae 1924).
(31) Reg. Comm. 12.
(32) Reg. Comm. 33.
(33) Reg. Comm. 1.
(34) Reg. Comm. 43.
(35) Pío XI ep. Cum ex epistola al Card. Van Roey 15-8-1928; Carta Laetus sanc nuntius al Card. Segura, 6-11-1929.
(36) Card. Pacelli, Aloc. a los Sod. Mar. en Menzingen, Suiza, 22-10-1938.
(37) Pío XI, Aloc. a los Sod. Mar. 30-3-1030.
(38) Pío II, Encicl. Firmissiman constantiam a los Obispos mejicanos, 28-3-1937.
(39) Pío XI, Carta Quae Nobis al Card. Bertram, 13-11-1928.
(40) Pío XI, Aloc. a la Acc. Cat. de Francia, 20-5-1931.
(41) Pío XII, Aloc. radiof. Nos sentimos al Congreso de la Congr. de Barcelona, 7-12-1947.
(42) Pío XI, Aloc. a la Acc. Cat. Ital., 28-6-1930.
(43) Pío XI, Carta Quamvis Nostra a los Obispos del Brasil 27-10-1935.
(44) Pío XI, Aloc. a los Sod. Mar. 30-3-1030.
(45) Pío XII, Carta al P. S. Ilundain 26-8-1946.
(46) Pío XI, Carta Quamvis Nostra a los Obispos del Brasil 27-10-1935.
(47) Marc., 9, 33.
(48) Rom., 12, 10.
(49) Mat. 20, 26-27.
(50) Pío Xi, Carta al Card. Leme, 21-1-1942.
(51) Bula de Gregorio XIII, Omnipotentis Dei, 5-12-1584.
(52) Bula Omnipotentis Dei, 5-12-1584; Sixto V Bul. Suprema Dispositione 5-1-1547. Clemnte VIII, Breve Cum sit Nobis, 30-8-1602. Greforio XV, Bulla Alias pro parte, 15-4-1621. Benedicto XIV, Breve Praeclaris Romanorum Pontificum 24.4.1748; Bulla Aurea Gloriosae dominae 27-9-1748; Beve Quemadmodum presbyteri 15-7-1749; Beve Quo tibi 8-9-1751; Breve Laudabile Romanorum 15-2-1758. Clemente XIII Bulla apostolicam 7-1-1765. pío VI Decreta 2-5-1775, 9-12-1tt5, 20-3-1776. Leonis VII Breve Cum multa 17-5-1824. Pío IX Decretum 8-7-1848; Beve Exponendum 10-2-1863. Leonis XIII Breve Frugiferas 27-5-1884; Breve Nihil adeo 8-1-1886. Pío X Decreta 10-5-1910 y 21-7-1910. Benedicto XV Aloc. 19-12-1915.
(53) Sixto V, Bula Romanum decet Pontificem, 29-9-1587.
(54) S. Congr. de las Indulgencias decr. 23-6-1885.
(55) Benedicto XIV, Bula Aurea Gloriosae Dominae 27-9-1748; Decreto León XII, Cum multa,17-5-1824; Decretum S. Congr. indulg. 23-6-1885.
(56) S. Congr. indulg. 17-9-1887; Cod. Derecho Can., 723; Reg. Comm. 2.
(57) Declarac. al R. P. Luis Martin, Praepos Generalis S. I. 13-4-1904.
(58) Pío XII, Aloc. a los Sod. Mar., 21-1-1945; Carta al Ilundain 26-8-1946; Carta al P. D. Lord. 24-1-1948.
(59) Pío XII, Aloc. a los Sod. Mar. 30-3-1930; Aloc. a los Sod. Primae Primariae 24-3-1935. Pío XII Telegr. al Congr. CC. MM. Italianas, 12-9-1947; Aloc. Radiof. "Nos sentimus" al Congr. de Barcelona 7-12-1947; Carta al P. D. Lord. 24-1-1948.
(60) Decr. Congr. Indulgencias, 7-3-1825; Rescript. S. Congr. Indulg. 17-9-1887.
(61) Pío XII, Aloc. a los Sod. Mar. 21.1.1945; Carta al P. D. Lord. 24-1-1948.
(62) Conc. Vat. Sess. 4, const. Ecclesia Christi cap. 3; Pío XII, Aloc. Se a temperares a la Ac. Cat. It. 4-9-1940; Carta al Card. Leme 21-1-1942; Aloc. al Congr. de Barcelona, 7-10-1947.
(63) Statuta Generalia CC. MM. 31-8-1885, 2, 5.
(64) Declaración del R. P. Luis Martín, 13-4-1904.
(65) Benedicto XIV, Bullam Auream Gloriosae Dominae 27-9-1784; Breve Laudabile Romanorum, 15-2-1758; Statuta Generalis 31-8-1885;Reg. Comm. 16, 18, 50.
(66) Reg. Comm 3; Bula Aurea Gloriosae Dominae 27-9-1748.
(67) Reg. Comm., 1, 40.
(68) Reg. Comm. 27.
(69) Pío XII Aloc. a los Sod. Mar. 21-3-1945; Reg. Comm. 32.
(70) Pío XII Aloc. a los sod. Mar. 21-1-1945: Carta al P. D. lord 24-1-1948.
(71) Reg. Comm. 1, 27, 30.
(72) Reg. Comm. 22, 24, 26: Benedicto XV Aloc. a los Sod. Mar. 19-12-1915. Pío XI Encicl. Urbi Arcano 23-12-1922. Pío XII Carta al Card. Leme 21-1-1942; Aloc. a los Sod. Mar. 31-1-1945; Carta al P. S. Ilundain 26-8-1946; Alocución Se a Temporare a la Acción Católica Italiana 4-9-1947; Aloc. radiofon. "Nos sentimus" al Congr. Barcelona, 7-12-1947.
(73) Reg. Comm. 1, 35.
(74) Reg. Comm. 12.
(75) Reg. Comm. 12
(76) Reg. Comm. 14, 1, 33, 43;Pío XII Aloc. a los Sod. Mar. 31-1-1945
(77) Reg. Comm. 1; Pío XII Aloc. a los Sod. Mar. 31-1-1945.
(78) Carta del Card. Pacelli al Card. Falhauber 3-9-1934; Pío XII Carta apost. Nosti Profecto, 5-7-1940; Aloc. a los Sod. Mar. 21-1-1945, Carta al P. S. Ilundain 26-8-1946
(79) Benedicto XIV Bula Aurea Gloriosae Dominae 27-9-1748 Bul. Rom. Cont. II, 448). Benedicto XV Aloc. a los Sod. Mar. 19-12-1915; Pío XI Carta al Adm. Apost. Oenip 2-8-1927. Pío XII Carta al Card. Leme 21-1-1942; Carta al P. S. Ilundain 26-8-1946. Aloc. radiofon. "Nos sentimus" al Congr. Barcelona, 7-12-1947
(80) Pío XII Alocución Se a Temporare a la Acción Católica Italiana 4-9-1947; Carta al Card. Leme 21-1-1942; Card. Pacelli Alocuc. a los Sod. Mar. in Menzingen (Helvetia) 22-10-1938.
(81) Pío XII, Aloc. radiofon. "Nos sentimus" al Congr. Barcelona, 7-12-1947
(82) Pío XII Alocución Se a Temporare a la Acción Católica Italiana 4-9-1947; Aloc. radiofon. "Nos sentimus" al Congr. Barcelona, 7-12-1947
(83) Pío XI Carta Quamvis nostra al Episcopado
del Brasil 27-10-1935

Pues que tú Reyna del cielo


por Juan de la Encina

(Español)

1469-1529


Pues que tú, Reyna del cielo,
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú que reynas con el Rey
de aquel reyno celestial;
tú, lumbre de nuestra ley,
luz de linage humanal,
pues para quitar el mal
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, Virgen, que mereciste
ser madre de tal Señor;
tú, que, quando le pariste,
le pariste sin dolor;
pues con nuestro Salvador
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, que del parto quedaste
tan virgen como primero;
tú, Virgen, que te empreñaste
siendo virgen por entero;
pues que con Dios verdadero
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, que lo que perdió Eva
cobraste por quien tú eres;
tú, que nos diste la nueva
de perdurables plazeres;
tú, bendita en las mugeres,
si nos vales
darás fin a nuestros males.


Tú, que te dizen bendita
todas las generaciones;
tú, que estás por tal escrita
entre todas las naciones;
pues en las tribulaciones
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, que tienes por oficio
consolar desconsolados;
tú, que gastas tu exercicio
en librarnos de pecados;
tú, que guías los errados
y los vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, que tenemos por fe
ser de tanta perfeción
que nunca será ni fue
otra de tu condición;
pues para la salvación
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


¿Quién podrá tanto alabarte
según es tu merecer?
¿Quién sabrá tan bien loarte
que no le falte saber?;
pues que para nos valer
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


¡O, Madre de Dios y Hombre!
¡O concierto de concordia!
Tú, que tienes por renombre
Madre de misericordia,
pues para quitar discordia
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, que por gran humildad
fueste tan alto ensalçada
que a par de la Trinidad
tú sola estás assentada.
Y pues tú, Reyna Sagrada,
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!


Tú, que estavas ya criada
quando el mundo se crio;
tú, que estavas muy guardada
para quien de ti nació,
pues por ti nos conoció,
si nos vales
fenecerán nuestros males.


Tú, que eres flor de las flores;
tú, que del cielo eres puerta;
tú, que eres olor de olores;
tú, que das gloria muy cierta,
si de la muerte muy muerta
no nos vales,
no ay remedio en nuestros males.


Ave de Lourdes


Del cielo ha bajado
la Madre de Dios,
cantemos el «Ave»
a su Concepción.
Ave, Ave, Ave María (bis)
La Reina del cielo,
la Madre de Dios,
en Lourdes de Francia
su trono fijó.
Ave, Ave, Ave María(bis)

Son siempre los niños
Imán de su amor;
Y allí a Bernardita
Su gloria mostró.
Ave, ave, ave, María (bis)
Un largo rosario
que el cielo labró
sostiene en sus manos
más puras que el sol.
Ave, Ave, Ave María (bis)
«Haced penitencia
y ardiente oración
por los pecadores
que ofenden a Dios».
Ave, Ave, Ave María (bis)

Aquí los enfermos
encuentran vigor;
aquí luz y vida
halla el pecador.
Ave, Ave, Ave María (bis)



Las enseñanzas del Rosario


por Fr. Mario Agustín Pinto, o.p.

Entre las oraciones más celebradas dentro de la Iglesia, el Rosario ocupa sin duda el primer lugar. No hay ninguna otra ni más universalmente difundida, ni más amada por los fieles, ni más a propósito para acercarnos a Dios.

En efecto, el Rosario se apodera por entero del fiel, en cuerpo y alma, y lo arrastra hacia lo celestial, hacia lo infinito.

Mientras su imaginación reproduce en su cuadro real las escenas del Santo Evangelio y su espíritu se esfuerza en penetrar las sublimes bellezas que ellas contienen, su corazón conmovido estalla en súplicas, en alabanzas o en acciones de gracias; y con estado de ánimo diverso según el sentimiento dominante en cada misterio, saluda con sus labios a la Virgen purísima, Madre de Dios, cuya dulce imagen resplandece en todos ellos.

Ocurre con mucha frecuencia que el Rosario de cinco misterios viene a ser una oración maquinal, precipitada, sin alma, por el cual sólo se piden bienes temporales sin atender suficientemente a la relación de estos con los bienes espirituales, la santificación y la salvación.

Para devolver a esta oración su alma y su vida, es preciso recordar que no es más que una de las tres partes del Rosario y que debe ir acompañada de la meditación, fácil por lo demás, de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos que nos recuerdan toda la vida de Ntro. Señor y de su Santísima Madre, así como también su elevación al Cielo.

Para comprender todo el sentido del rezo del Rosario debemos considerar que así como Jesús es el mediador obligado entre el Padre y nosotros, de la misma manera necesitamos una abogada para con Jesús.

Si Jesús es la Cabeza única del Cuerpo Místico, María es el cuello del mismo. La vida reside en la cabeza, pero no puede descender a los miembros sin pasar por el cuello. El cuello une el cuerpo con la cabeza puesto que forma parte de ambos. Tal es María entre Jesús y nosotros, Mediadora universal de todas las gracias.

Ahora bien, cuán a propósito son los misterios del Rosario para mostrarnos de una manera viviente la incomparable unión de María y de Jesús, el papel inmenso que María desempeña en los misterios de nuestra Redención.

A ella nos dirigimos; a ella saludamos con amor y gozo. Pero la encontramos toda concentrada en Jesús, no pensando sino en Él, ardiendo en su amor, participando de sus gozos, de sus sufrimientos y de su gloria.

Así es como la meditación del Rosario nos revela a Jesús por María. María, en efecto, es el ostensorio de Jesús, el vaso radioso que contiene y expone al pueblo cristiano, todos los misterios de Jesús.

El rezo vocal es en realidad una suave industria para movernos a la contemplación; así como Dios para darse a conocer se ha revestido de una naturaleza corporal, así también los actos de la inteligencia son ayudados por las expresiones sensibles: las palabras son como una cantinela que acaricia el oído. Nuestro espíritu volátil queda retenido por las oraciones vocales; si alguna vez se distrae por lo menos los labios continúan rezando. Y estos rezos son magníficas alabanzas que glorifican a María y renuevan en ella los goces de estos misterios. Y entonces de su corazón inmaculado derrama sobre el que la saluda gracias y luces, algo de lo que ella sentía cuando tuvieron lugar tan grandes acontecimientos, enseñándonos cómo esos misterios deben reproducirse en nosotros. De esto se sigue que toda alma devota del Rosario saca de él un gran conocimiento de Jesús y de María y descubre sin cesar en la vida de los mismos nuevas bellezas que los libros no pueden ensañar.

Jesús, en efecto, se hizo hombre no sólo para salvarnos sino también para enseñarnos a bien vivir. Es el modelo más perfecto que hemos de imitar para glorificar y servir a nuestro Creador. Por consiguiente el rezo del Rosario que nos hace penetrar en los misterios de la vida de Jesús bajo la dirección e iluminación de María, es un medio singularmente apto para santificarnos.

Ahora bien ¿qué lecciones nos da el santo Rosario? Nos da en primer lugar el remedio contra las tres concupiscencias.

Sicut in Adam omnes moriuntur,
ita in Christo omnes vivificabuntur.

San Pablo hace el paralelismo entre Jesucristo autor de nuestra salvación y Adán, autor de nuestra ruina: " así como por un hombre el pecado entró en el mundo y por el pecado la muerte... Así como por la desobediencia de un hombre se hicieron muchos pecadores, así por la obediencia de uno solo...”

La muerte es una consecuencia del pecado y también la concupiscencia; “caro enim concupiscit adversus spiritum, spiritum autem adversus carnem” (la carne desea contra el espíritu, y el espíritu contra la carne) . Es el hombre viejo nacido del primer Adán que arrastra un desequilibrio profundo en su naturaleza caída y herida.

Recordemos lo que era la justicia original: armonía entre Dios y el alma, entre el alma y el cuerpo, entre el hombre y el mundo exterior; sumisión de las pasiones a la inteligencia y la voluntad, no había ni enfermedades ni muerte.

Pero el pecado original ha venido a destruir esta armonía y así Adán nos transmite una naturaleza caída y herida.: expoliata in gratuitis, vulnerata in naturalibus (despojada de los dones gratuitos, herida en los naturales). Nacemos, en efecto, con la voluntad adversa a Dios: el egoísmo, que es la raíz de todos los pecados, amor desordenado de nosotros mismos. De él provienen las tres concupiscencias que en los tres órdenes de bienes (bienes del cuerpo, exteriores y del espíritu) nos hacen confundir el bien aparente con el real.

El alma se inclina hacia el orgullo de la vida o amor desordenado de la propia excelencia y de todo lo que pueda exaltarla por arduo y difícil que sea: quien se entrega a él acaba por ser para sí su propio Dios, como Lucifer. De ahí pueden provenir todos los pecados, es la raíz de todos ellos : vanagloria, egoísmo, dureza de corazón, rebelión.

Pues bien, amados hermanos: el remedio son los misterios gozosos: Jesús haciéndose siervo, lo Infinito haciéndose pequeño, el que nada necesita entregándose por los pecadores, el Creador obedeciendo a la creatura: a María, a José, a las leyes, a todo. Es la ley de la pobreza, de la pequeñez y de la infancia espiritual. Es el Señor que nos recomienda ser como los niños, pues de ellos es el Reino de los Cielos.

¿Y nosotros, tierra y nada, nos atreveremos a ser soberbios? Estos misterios nos enseñan el valor de la vida interior toda escondida con Cristo en Dios. El Reino de Dios es ante todo interior y se halla escondido en las profundidades del alma. Tal es la sublime lección de estos misterios que han transformado el mundo, millares y millares, centenares de millares de cristianos han ganado el Cielo con los ojos fijos unicamente en estos misterios gozosos del nacimiento y de la vida oculta de Jesús, practicando obscuramente, silenciosamente las virtudes de la vida oculta de Jesús.

Lo característico de nuestra fe es que la gracia obra con un mínimo de materia temporal, más aún, que sólo está a su gusto en un mínimo de materia temporal, y el último de los enfermos en su lecho es admitido a imitar a Jesús.

La segunda es la concupiscencia de la carne. Es el deseo desordenado de aquellas cosas destinadas a la conservación del individuo y de la especia. Es el pecado que nos iguala a las bestias. De él proviene la lujuria con todas sus vergüenzas, la gula con todos sus refinamientos y la pereza.. Es el pecado que más nos enceguece para todo lo espiritual,

El remedio está en los misterios dolorosos: allí vemos a Jesús sufriendo en su carne los castigos que han merecido nuestros crímenes, los crímenes de nuestra carne pecadora. Es Jesús azotado, cayendo bajo el peso de la cruz, crucificado, muerto de sed, gustando hiel y vinagre, muriendo en los tormentos. Ahora bien, si así es tratado el leño verde ¿qué se hará con el seco? ¿Cuánto sufriremos en la otra vida si en esta no hacemos penitencia, puesto que Jesús tuvo tanto que sufrir , siendo la inocencia misma?

Estos misterios nos enseñan la ley de la mortificación; varias son sus causas: pecado original, pecados actuales. Debemos tratar el cuerpo como el domador a un caballo salvaje: o sometemos el cuerpo al alma o quedará el alma bajo el peso del cuerpo. Pero el principal motivo que nos induce a la mortificación es la imitación de Jesús crucificado “Si alguno quiere ser mi discípulo, que tome su cruz y me siga”. Es la pasión de la Cruz: del apóstol Andrés, San Pablo, Santo Domingo,... : debemos vivir la vida de Cristo quien vino como Redentor por la cruz.

La tercer concupiscencia es la de los ojos, o sea el deseo desordenado de aquello que agrada a la vista: lujo, riquezas, sobre todo el dinero, que es lo que permite procurarse todos los demás bienes materiales. De ella nace la avaricia; de ahí proviene la avaricia con todas sus secuelas, a saber la envidia por el bien de los demás y todas las injusticias, la ambición, la guerra, los hurtos. El avaro hace un dios de su tesoro, puesto que se le sacrifica todo.

El remedio para esta concupiscencia son los misterios gloriosos que nos muestran los bienes eternos, infinitamente más preciosos y deseables que todos los bienes de la tierra, pues las cosas visibles son pasajeras, y las invisibles eternas; que nos hacen pensar en el verdadero objeto de la esperanza cristiana, en la vida eterna y los medios de alcanzarla; que nos muestran la elevación infinita de nuestro fin sobrenatural; luego, no basta obrar racionalmente: se nos pide el desprendimiento de todo lo terreno y humano que no pueda ser un medio para llevarnos a obrar como hijos de Dios, de suerte que la caridad sobrenatural impere todos nuestros actos. :”si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes del cielo”.

Después de levantarnos del pecado, de reparar en nosotros las heridas de las tres concupiscencias, el Rosario nos ayuda a progresar en la vida espiritual viniendo a ser para nosotros una escuela de contemplación. Es todo el credo que desfila ante nuestra vista, no de una manera abstracta en fórmulas dogmáticas, sino de una manera concreta en la vida de Cristo que desciende a nosotros. Es todo el dogma católico en su esplendor para que podamos saborearlo y alimentar nuestra alma.

Para ello debemos recitar el Rosario mirando con los ojos de la fe a Jesús siempre vivo que no deja de interceder por nosotros y que influye siempre en nosotros para hacernos reproducir sus misterios, sea bajo la forma de su vida de infancia, o de su vida dolorosa o de su vida gloriosa. Viene actualmente a nosotros para asimilarnos a El.

Fijemos pues la mirada de nuestro espíritu en la del Señor que nos mira a su vez. Su mirada no sólo está llena de inteligencia y de bondad, sino que es la mirada misma de Dios que purifica, que pacifica, que santifica.

Es la mirada de nuestro juez pero más todavía de nuestro Salvador, de nuestro mejor amigo, del verdadero esposo de nuestra alma. El Rosario así recitado en el recogimiento y el silencio se transforma en una fructuosísima conversación con Jesús, siempre vivo para vivificarnos y atraernos.

Es también una conversación con María quien nos conduce hasta la intimidad de su Hijo, pues nadie conoce más íntimamente al hijo que la madre y nadie, pues, mejor que ella puede hacerlo conocer. Así se explica que los santos hayan visto en el Rosario una escuela de contemplación. Dice el P. Vaysieere : “Recitad cada decena, menos que reflexionando , comulgando con el corazón en la gracia del misterio, en el espíritu de Jesús y de María tal como el misterio lo presenta.”. El Rosario es la comunión de la noche que traduce en luz y en resolución fecunda la comunión de la mañana; no es sólo una serie de Ave María piadosamente recitadas, es Jesús reviviendo en el alma por la acción maternal de María, Así vivía, gracias al Rosario, rodeado por Cristo y por María, comulgando con cada uno de sus estados, con cada uno de los aspectos de su gracia, penetrando y manteniéndose en los abismos del Corazón de Jesús.

Amadísimos hermanos: si sabemos vivir de esta oración, nuestras tristezas y esperanzas se verán purificadas, elevadas, sobrenaturalizadas, veremos cada vez mejor contemplando estos misterios, que Jesús, nuestro Salvador y nuestro modelo, quiere asimilarnos a El, comunicarnos algo de su vida de infancia y de vida escondida, luego alguna semejanza de su vida dolorosa, para hacernos participar por fin de su vida gloriosa por toda la eternidad.

Un Rosarito a la Virgen


En octubre, un rosarito a la Virgen
Carta de monseñor Rafael Palmero Ramos,
obispo de Orihuela-Alicante


En octubre, un rosarito a la Virgen. He aquí una invitación, formulada años atrás con fundada esperanza. La repito hoy nuevamente: en un ambiente distinto, pero con idéntica confianza.

Atrás quedan, un año más, las horas de descanso estivo, los momentos de reencuentro familiar, los lugares conocidos que hemos vuelto a pisar. ¡Cuántas personas que ya no están en ellos! ¡Cuántos recuerdos actualizados y, por lo mismo, revividos! Nos enriquecen siempre, y nos ayudan a seguir dando a la vida la dimensión que tiene: la auténtica, la verdadera, la de proyección hacia un futuro eterno, definitivo y gozoso.

El mes de octubre señala, año tras año, el comienzo de una tarea nueva, de otro peldaño a escalar con una carga añadida sobre los hombros. Y estimula siempre, alienta y empuja, porque nos espolea a todos a seguir adelante. «Suponiendo que la providencia, asegura san Agustín, no presidiera las cosas humanas, sería vana toda preocupación religiosa». De ahí que tratemos de seguir viviendo con ilusión y con gozo.

Consagrado como está, desde hace siglos, a honrar la memoria de Santa María –lo mismo que el florido mes de mayo–, al finalizar la primera semana de octubre tenemos la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Popular en determinados lugares. Histórica por la Victoria de Lepanto, atribuida a su protección y a su ayuda, la Virgen del Rosario es, para muchos, conocida y entrañable. Desde pequeños, porque en lugares distintos, pueblos y ciudades, nos familiarizamos con ella.

Y en octubre, su mes, rezábamos el Rosario. En familia, en el colegio, en la parroquia. Siempre con alguien a la cabeza, que desgranaba avemarías esperando respuesta coral, y que enunciaba cada uno de los misterios, como momentos importantes de la vida de María.

También hoy, ¿por qué no?
Pienso que era una costumbre buena y que debe ser, por lo mismo, mantenida. Con intervenciones nuevas, porque distinto es el momento, y también con nuevos misterios, los luminosos, que nos regaló el Papa Juan Pablo II, tan mariano, antes de dejarnos.

Son miles y miles, hasta millones, los rosarios que hoy se fabrican y que recorren el mundo entero. Hermosos algunos, valiosos otros, sencillos los más. Con las 50 cuentas que corresponden a otras tantas avemarías, o con sólo 10, para repetir e incidir una y otra vez, hasta 5, con la mano siempre abierta.

Llevamos este rosario en el coche, lo cuelgan muchos jóvenes al pecho, lo guardamos en el bolsillo: ¿por qué no tomarlo más frecuentemente entre las manos, sin cobardía alguna y sin respeto humano? La Virgen María, nuestra Madre, ha recomendado con frecuencia esta recitación, sencilla, reiterada, abierta a la contemplación. En Lourdes, en Fátima, en tantas apariciones…

Muchas son las personas que no recuerdan los misterios o que no han aprendido las letanías, pero abundan los subsidios que facilitan la cosa. Tengo para mí que el buen Dios escucha con atención las voces de las personas que se pasan el rosario, una a otra, señalando intenciones especiales en cada decena del mismo.

Probadlo y ved. Intentadlo y experimentaréis resultados maravillosos. «Al Cristo que encontramos en el Evangelio y en el sacramento, comenta nuestro Papa Benedicto XVI, lo contemplamos con María en los diversos momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Así, en la escuela de la Madre aprendemos a configurarnos con su divino Hijo y a anunciarlo con nuestra vida».

Es bien sencillo el intento. En octubre, ya estamos en él y pasa pronto, un rosarito a la Virgen. Veréis qué cadena invisible tan fuerte une a unos hermanos con los otros.

+ Rafael Palmero Ramos
Obispo de Orihuela-Alicante

La oración del Rosario...


...nos invita a ser discípulos y misioneros
Carta pastoral de Mons. José Luis Mollaghan,
arzobispo de Rosario
con ocasión de las celebraciones patronales

Rosario, 7 de octubre de 2007

A los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de la Arquidiócesis de Rosario:

Me dirijo cordialmente a ustedes, al celebrar en este mes la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y el mes del Rosario. La finalidad de esta Carta pastoral tiene relación, por una parte, con la devoción al Rosario, que le da su nombre a esta advocación mariana, que celebramos además en el mes de las fiestas patronales de nuestra Arquidiócesis y de esta Ciudad de Rosario, llamada así en honor a la Santísima Virgen.

Por otra parte, deseo hacer referencia a nuestra condición de discípulos y misioneros, de la que nos hablara recientemente el Santo Padre Benedicto XVI, y que fue considerada por la Va. Conferencia General de los Obispos de Latinoamérica y el Caribe. Este llamado recibido en el bautismo se renueva en nuestro interior de diversas maneras, como por ejemplo al rezar el Rosario, mediante esta oración tan querida por la Iglesia; por lo que deseo tenerla muy presente en esta ocasión.

Justamente después de rezar el Rosario en el Santuario de Aparecida, el Santo Padre les decía a quienes participaban en la oración del Rosario, invitándolos a ser profundamente misioneros y llevar la buena nueva del Evangelio: “Hoy es ella quien orienta nuestra meditación; ella nos enseña a rezar. Es ella quien nos muestra el modo de abrir nuestra mente y nuestro corazón a la fuerza del Espíritu Santo, que viene para ser comunicado al mundo entero” (Benedicto XVI, Santuario de Aparecida, 12.V.2007).

Descubrir el sentido del Rosario en nuestra vida cristiana y rezarlo diariamente nos ayuda a crecer y nos invita a vivir como discípulos y misioneros, de la mano de María.


DISCÍPULOS Y MISIONEROS

1. Peregrinar con el Rosario en los misterios de la vida de Cristo

En el mes de octubre, la Iglesia nos invita a rezar el Rosario, y en nuestra Arquidiócesis a invocar a Nuestra Madre, con el nombre y el título de Nuestra Señora del Rosario. Como lo dijera el Santo Padre Juan Pablo II hace veinte años, al visitar esta Ciudad y Arquidiócesis que lleva su nombre, “me conmueve esta advocación de Santa María, que evoca en el ánimo de los fieles la oración mariana por excelencia” (Juan Pablo II, Homilía, Rosario 11.IV.1987).

Así como, desde la anunciación, el silencio de María le permitió recibir y responder con fidelidad a la voz del Ángel; así también la fe de María, la acompañó a lo largo de toda su camino terreno, peregrinando en los misterios de Cristo.

El Rosario también es de algún modo como una peregrinación. Una peregrinación espiritual, a la que estamos invitados a recorrer contemplando los misterios de la vida de Jesús.

Así, a lo largo de los quince misterios, rezamos siguiendo sus pasos, desde la Anunciación, hasta la Coronación de la Virgen, como en los momentos luminosos de la vida del Señor, que completan los misterios que ya conocíamos. La meditación de cada uno de ellos es una profunda oración, y nos mueve a “contemplar con María el rostro de Cristo”. Ellos nos permiten ahondar en la “la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio” (Juan Pablo II, Rosario de la Virgen María, Int.).

Dentro nuestro, mediante la acción de la gracia, el recuerdo continuo de los misterios de Dios, lo hace también más presente y cercano. “Esta familiaridad con el misterio de Jesús es facilitada por el rezo del Rosario, donde el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor…” (Benedicto XVI, Santuario de Aparecida, 12.V.2007; DA 271).

Por esto, rezar los misterios del Rosario, “que brota de la fuente límpida del texto evangélico” (Benedicto XVI, Santuario de Aparecida, 12.V.2007) es un modo de crecer en la fe, como seguidores fieles y oyentes; y a la vez, rezarlos con otros, es una forma de anunciar el Evangelio y hacerlo más presente en nuestra vida.

Rezar el Rosario es también un modo de responder al llamado del Señor, que nos invita a vivir como discípulos y misioneros suyos.

2. Como María, conocer y contemplar sus misterios en forma amistosa nos hace crecer como seguidores y discípulos de Cristo

Al conocimiento y a la contemplación de Cristo sólo se llega por el Espíritu, escuchando, como discípulos, la voz del Padre, que nos habla, pues nadie conoce al Hijo sino el Padre (Mt. 11,27).

Esa misma acción del Espíritu, le permitió a la Santísima Virgen, aún antes de concebir a Jesús en su vientre, recibirlo en su mente y en su corazón; antes de concebir corporalmente a su hijo, lo concibió en su espíritu (cfr. San León Magno, Sermones, en la Natividad del Señor, 2. 3: PL 54, 191-192).

A la vez que María contemplaba con profunda fe y guardaba en su corazón de discípula, el anuncio del Ángel; fiel a la profunda vivencia de la encarnación, y dócil al Espíritu, preparó en su seno virginal y en su corazón el nacimiento de su Hijo.

Esta vivencia se hizo aún más gozosa en Belén, iluminando todo su ser de Madre. La Virgen María podría meditar a partir de allí los acontecimientos de la vida de su Hijo, que se iban a suceder, y también los de su propia vida, a la luz de las palabras del ángel y del nacimiento del Redentor.

Como discípula fiel, el recuerdo permanente de las Palabras del ángel, hicieron más visible en su vida la misión salvadora de Jesucristo, su Hijo, uniéndose íntimamente a Él; y al que contempló asiduamente a lo largo de su vida; como en el pesebre, al darlo a luz en Belén, en la presentación en el Templo, en las bodas de Caná, en el dolor de la cruz y en la alegría de la Resurrección.

Nosotros también estamos llamados a ser discípulos. Ser discípulo no es solo aprender la doctrina de un maestro. Es “dejarse atraer siempre, con renovado asombro por Dios que nos amó y nos ama primero (cfr. 1 Juan 4,10)” (Benedicto XVI, ibidem); es contemplarlo, identificarse con él, seguirlo y llevarlo en el corazón. Esta identidad hace al discípulo cercano, y también amigo de su maestro.

El seguimiento de Cristo tiene como meta asimilarse a Cristo, y de este modo llegar a la unión con Dios; una unión que ante todo es invitación suya, que también exige nuestra respuesta.

De esta manera, al contemplar sus misterios en el Rosario, con sus gozos y sus dolores, con su gloria y su luz, podemos seguirlo, animarnos a ser suyos, estimulados por la esperanza y la fuerza en el camino.

Esta oración que renovamos cada día nos permite encontrarnos con Jesús, contemplar sus imágenes en nuestra vida, acercarnos a Él, y tenerlo presente con los ojos de fe, así como descubrir su acción salvadora.

Como nos dice el Documento de Aparecida, “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.” (D.A 29).

De aquí, que esta forma de oración, nos ayuda a crecer en la amistad con Jesús, y a ser parecidos a El, por medio de María. “…nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen al meditar los misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos ejemplos de vida humilde, pobre, escondida, paciente y perfecta” (Bartolomé Longo, I Quindici Sabati del Santísimo Rosario, 27, ed. Pompeya, 1916, pag. 27).

Al rezar el Rosario, podemos decir con Juan Pablo II: “si la repetición del Ave María se dirige directamente a María, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús” (El Rosario de la Virgen María, nº 26), que nos atrae a sí, y nos ofrece la paz que conquistó para nosotros.


3. La oración del Rosario es un compendio del Evangelio: cada misterio nos invita a escuchar y meditar la Palabra de Dios, que nos hace discípulos y misioneros

De este modo, la peregrinación reflejada en el Rosario, que nosotros hacemos con María, nos ayuda a recorrer un camino de discípulos, que transitamos en la fe, y nos hace amigos de Cristo. Él es el maestro que forma a los discípulos., nos educa interiormente para escuchar y asimilar su Palabra, que es la del Padre (Juan 14, 23).

Al contemplar sus misterios, “Creemos y anunciamos ‘la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios’ (Mc 1,1). Como hijos obedientes a la voz del Padre, queremos escuchar a Jesús (cf. Lc 9,35) porque Él es el único Maestro (cf. Mt 23,8). Como discípulos suyos, sabemos que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6,63.68). Con la alegría de la fe, somos misioneros para proclamar el Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación.” (DA 103).

Si somos discípulos, debemos tener presente, como nos expresó el Santo Padre Benedicto XVI, que “discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva.” (Discurso inaugural a la V conferencia, 13.V.2007).

Al respecto, nos dice también en Aparecida, que “La Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con él, imitar su ejemplo y dar testimonio. Todo bautizado recibe de Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión:"Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará" (Mc 16, 15). Pues ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida "en él" supone estar profundamente enraizados en él” (ibidem).

Por estas razones, el deseo de prepararnos para vivir con mayor entusiasmo el llamado de los Obispos en Aparecida, que nos invitan junto a Benedicto XVI, a ser discípulos y misioneros, ya encuentra en nuestro corazón un eco muy favorable, y una inmensa ayuda si nos acercamos a los misterios de Jesús, mediante la oración del Rosario.

Esta oración la podemos ofrecer de un modo especial en el mes de octubre, mes del Rosario, y mes que la Iglesia también dedica a las misiones, y a despertar el espíritu misionero en los fieles.

Como nos dice el Papa en Aparecida: “permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que ella, por mandato divino, les envía desde lo alto” (D.A, nº 270).

Los invito a que nuevamente volvamos la mirada y la oración a la Madre del Rosario, a fin de que con Ella podamos recomenzar este camino; recomenzar desde María, y con Ella recomenzar desde Cristo.

Esta oración nos permitirá comprobar en nuestra vida, que el encuentro con Cristo es el que nos hace discípulos y misioneros; ya que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (D.A 12).

- Que durante este mes de octubre y a lo largo del año, se pueda ofrecer cada día en las familias, así como en las parroquias y capillas, una parte de la oración del Rosario en comunidad; como una preparación intensa al llamado a ser discípulos y misioneros, que deseamos ahondar.

- Que podamos visitar a los enfermos en sus casas y hospitales, y recemos personalmente con ellos el Rosario, como un modo de acompañarlos en la oración, y en la enfermedad, con María la Madre de Jesús.

- Que enseñemos la oración del Rosario a los niños, y podamos rezar con ellos esta oración mariana.

- Que ofrezcamos el rezo del Rosario por las intenciones del Papa y por el anuncio del Evangelio en nuestra Arquidiócesis y en la Iglesia en nuestra Patria, para que este siga siendo el primer servicio que podamos ofrecer; especialmente para que se orienten hacia el bien y la verdad las transformaciones culturales, y sociales del momento actual; y se alivie el mal de los que sufren más.

Los saludo fraternalmente con este deseo: Madre del Rosario, que nos guías y fortaleces, se para nosotros una escuela de fe destinada a ser discípulos y misioneros de tu Hijo Jesucristo.



El Rosario de botones








Éstas son las manos de Ingrid Betancourt, de las que permanentemente cuelga el Rosario de botones que ella misma hizo durante su cautiverio en la jungla. Aunque los medios de comunicación de todo el mundo insisten en esconder sus declaraciones y estas fotos, Ingrid Betancourt no pierde ocasión de reiterar -acaba de hacerlo en Lourdes- que lo que la mantuvo viva y con esperanza fue la fe, la oración, el rezo del santo Rosario. Se ha anunciado que será recibida en audiencia privada por Benedicto XVI el próximo otoño.
Fuente: Alfa & Omega

Versos a la Reina


por Rubén Darío
(Nicaragüense)

¡Oh, celeste, Reina mía!
¡Sol de amor, luz de alegría
Lis de Dios, Madre María!

A tu planta soberana
Cayó la luna pagana
De la frente de Diana.

Rosas para tu incensario,
Perlas para tu rosario,
Almas par tu santuario.

Refugio del pecador,
Reina del divino amor,
Tu alma engrandece al Señor.

Caen a tus plantas bellas
Las flores de las doncellas
Las lágrimas, las estrellas.

Buena, sacra, madre, pura
Halla en ti la criatura
Remedio a toda amargura.

“Ave, Mater! Gratia Plena”
Inmarcesible azucena,
Quítame pecado y pena.

Y en vital cautiverio
Cante tu santo misterio
Con la lengua del salterio.

Hasta que pueda llegar
A tu reino a descansar,
¡Mística estrella del mar!