La Virgen gaucha


Nuestra Señora de Luján
por Isidora Rossi

A 60 kilómetros al oeste de Buenos Aires se halla la villa de Luján. En 1630 no había en aquel paraje ningún rastro de población y sólo era frecuentado por las caravanas de carretas y las recuas de mulas tucumanas que bajaban o subían del puerto de Buenos Aires.

Sucedió que un portugués dueño de una estancia, a cuarenta leguas de la ciudad, trató de erigir en ella una modesta capilla dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen. Para esto le pidió a un amigo de Brasil que le envíe una imagen pequeña de la Virgen en aquel misterio.
El amigo cumplió el encargo y envió dos imágenes acondicionadas en sendos cajoncitos: una que representaba a María en su Inmaculada Concepción y otra que tenía en sus brazos al Niño Jesús.

La carreta que las transportaba acampó después de dos días de marcha, cerca del río Luján, al norte de la actual ciudad de Pilar. A la mañana siguiente, al querer reanudar la marcha, los bueyes no fueron capaces de poner en movimiento la carreta, a pesar de los esfuerzos. Tras muchos intentos los bueyes sólo arrancaron cuando fue quitada de la carga una de las cajas, que contenía la imagen de la Purísima y Limpia Concepción de María.

Los viajeros percibieron que era un aviso del cielo y acataron la voluntad de la Virgen de ser venerada en ese lugar. La condujeron a la vivienda más cercana: la casa de la familia de Don Rosendo; entronizándola en un humilde oratorio; confiando su cuidado al Negro Manuel, quien cumplió su cometido, hasta su muerte (1685), el que fue enterrado a los pies de su "Señora Ama" como él llamaba a la Virgen.

La imagen que representaba a la Madre dios con el Niño en brazos, siguió viaje a Santiago del Estero y hoy se venera como Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa.

Al enterarse del milagroso suceso muchos fueron los que acudieron a venerar la imagen.

Por el año 1674 la Señora Ana de Matos, viuda de Siqueyras, traslada la imagen a su estancia. En 1677 se inician los trabajos de un templo, en un terreno que donó la Señora de Matos. Fue inaugurado el 8 de diciembre de 1685. Alrededor del Santuario, las gentes comenzaron a edificar casas, surgiendo así una pequeña aldea que se llamó "Pueblo de Nuestra Señora de Luján". En 1730 fue declarada Parroquia.

En 1754 se construye un nuevo templo, terminado en 1763 y se traslada la imagen al nuevo templo.

En 1872 los Padres Lazaristas tomaron a su cargo el Santuario. En 1875, uno de ellos, Jorge María Salvaire, a punto de perecer en manos de los indios de Namuncurá en las Salinas Grandes, y ante el peligro, recurre al Señor y a la Virgen de Luján, haciendo votos de levantarle un gran templo, propagar su culto y dar a conocer su historia.

Fruto de esa promesa tenemos hoy el libro con su historia y la magnífica Basílica. Comenzada el 1890 y concluida en 1930.

La imagen fue coronada el 8 de mayo de 1887 por monseñor Federico Aneiros, arzobispo de Buenos Aires. (Dicha corona había sido bendecida por el papa León XIII el 30 de septiembre de 1886). La Virgen de Luján es la primera en América a la que se la ha concedido los honores de la Corona Pontificia.


En el Boletín Oficial del 17 de marzo de 1998 se publicó el Decreto N° 283 por el cual el Poder Ejecutivo Nacional declara Monumento Histórico a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, en la Provincia de Buenos Aires.


La Imagen

La imagen de la Virgen que llegó en 1630 al Río de la Plata es brasileña, hecha en terracota (tierra cocida) en el valle de Paraiba, San Pablo, donde en el siglo XVII, había una importante producción de esculturas de ese material. Mide 38 cm. Está de pie sobre un nimbo de nubes donde aparecen cuatro cabezas de ángeles. A ambos lados de la figura se ven las puntas de la luna en cuarto creciente. Tiene las manos juntas sobre el pecho.
Estaba totalmente policromada, siendo el manto azul cubierto de estrellas, y la túnica roja.

En 1681 –según el historiador Maqueda- ya se veneraba la imagen vestida. El padre De Los Ríos, en una visita canónica a Luján en 1737, dispone que cada tres meses se renovara el vestuario de la Virgen.
En 1904, Juan Nepomuceno Terrero, Obispo de La Plata –Diócesis a la que por ese entonces pertenecía Luján-, ante el evidente deterioro de la imagen a causa de la desintegración de la arcilla con la que fuera construida, mandó hacerle una cubierta de plata, que dejó a la vista solo el rostro y las manos.

Dicha cubierta, de autor anónimo, es de perfil cónico y está compuesta de dos piezas que se unen en el costado de la imagen. La frontal remeda túnica y manto. Ambas están repujadas y cinceladas imitando telas con roleos vegetales y un galón en el borde del manto.


La cubierta de plata sólo se hizo para preservar la figura de María, porque se la siguió vistiendo con trajes de tela. Desde esa época se le superpone el cuarto creciente por delante del manto con que se la viste. Es ya tradición que dicho manto se le cambie una vez al año, en fecha cercana al 8 de mayo, día de la Coronación.

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