El falso secreto de Fátima

El tercer secreto de Fátima: mitos y realidades
Por Pbro. Ernesto María Caro

Ya desde hace algún tiempo se han estado promoviendo algunas ideas relacionadas a supuestos mensajes dados por María Santísima sobre el fin del mundo. Ahora estos supuestos mensajes se han convertido en un mail sobre EL TERCER SECRETO DE FATIMA, el cual lo único que provoca es desconcierto y temor entre el pueblo cristiano. Por ello me permito, primero hacer de su conocimiento que la Iglesia ya hizo pública "la tercera parte del mensaje de Fátima" y en seguida comentar el supuesto mensaje a fin de aclararlo totalmente.

Es una error el considerar la tercera parte del Mensaje de Fátima como un "secreto" ya que la Virgen dió a los tres pastorcitos en Fátima un mensaje (conocido como el Mensaje de Fátima) dividido en tres partes. Las primeras dos partes conciernen al mundo en general y fueron hechas del conocimiento público en el momento en que la Virgen se lo pidió a sus interlocutores. La tercera parte fue dirigida al Papa por lo que sólo él la tenía. En una entrevista realizada por la televisión italiana al Cardenal Ratzinger, Prefecto para la Doctrina de la Fe, le preguntaron si él conocía esta parte del documento, a lo que respondió con claridad que sí, que él mismo lo había leído y que era información que sólo correspondía a los Papas por lo que no se hacía del conocimiento público. Desde hace más de un año que el texto del tercer secreto ya es público.

Existió un grupo encabezado por el P. Gruner que ha promovido a nivel de toda la Iglesia la idea de que el Documento contiene información que el mundo debe conocer sobre el fin del mundo y sobre el castigo que Dios dará a los hombres rebeldes. Ha acusado al mismo Papa de negligencia por no revelar este documento y a los altos funcionarios eclesiales de tener escondida y recluida a la Hermana Lucia (última de los videntes que aún vive desde el 25 de Marzo de 1945 en el Carmelo de Santa Teresa, en Coimbra - Portugal. ). Esto solo ha causado desconcierto y temor... y por supuesto curiosidad y morbo.

Todo esto, pues, no es sino un mensaje alarmista que no tiene ningún fundamento ya que el mensaje de Fátima, no contiene ninguna información ni sobre el fin del mundo, ni sobre el supuesto "castigo" que Dios quiere inferir sobre éste.



Me permito ahora comentar algunos de los elementos de este mensaje:
(lo que está en mayúsculas azules es el texto del mensaje difundido)

LA IGLESIA HA DADO PERMISO DE REVELAR A LOS FIELES UNA PARTE MAS DEL MENSAJE DE FÁTIMA. LA SANTÍSIMA VIRGEN SE APARECIÓ A TRES NIÑOS EN 1917. ESTO ESTA APROBADO, UNA DE LAS NIÑAS AUN VIVE, SE LLAMA LUCÍA, AHORA ES LA HERMANA LUCÍA PORQUE ES MONJITA Y SE ENCUENTRA EN UN CLAUSTRO EN EUROPA.

Esta información es parcialmente cierta, pero precisamente las verdades a medias son peligrosas. El mensaje fue publicado, pero el mensaje verdadero no es el que se pretende en los e-mails.



LA HERMANA LUCÍA DIO EL MENSAJE PRIMERAMENTE AL PAPA PÍO XII, QUIEN AL TERMINAR DE LEERLO ESTABA TEMBLANDO PERO, LO GUARDÓ, NO LO DIO A CONOCER. A SU DEBIDO TIEMPO LO LEYÓ TAMBIÉN EL PAPA JUAN XXIII, QUIEN HIZO LO MISMO. ELLOS ACTUARON ASÍ, PORQUE SABÍAN QUE AL SER REVELADO PRODUCIRÍA EN LA HUMANIDAD UN CAOS O DESESPERACIÓN. AHORA SE REVELA OTRA PARTE MÁS, PARA NO CAUSAR PÁNICO, YA QUE LA GENTE DEBE DE CONOCERLA PARA PREPARARSE.

Esta información también es falsa. ¿Cuál sería la diferencia entre el tiempo de Pío XII o Juan XXIII y el nuestro? ¿Por qué en ese tiempo causaría una confusión, desesperación y caos y ahora no? Esto es una información que prepara el siguiente mensaje para causar temor y desconcierto entre la comunidad cristiana.




LA VIRGEN LE DIJO A LUCÍA: " VE, HIJA MÍA, DI AL MUNDO LO QUE PASARÁ ENTRE LOS AÑOS 1950 AL 2000".

Esto es falso también. La Virgen no dió ninguna fecha ni habló de catástrofes. Es extraño que la fecha sea desde 1950 al 2000 sobre todo si pensamos que la Virgen se apareció en 1917 y que entre esta fecha y 1950 pasaron las dos guerras mundiales que causaron tantísimos daños a la humanidad. Sin embrago esto no es mencionado aquí. En el mensaje original de Fátima, dirigido a toda la Iglesia, dice que si "oramos, la guerra desaparecerá", cosa que se realizó, al menos para Portugal que no sufrió los estragos de la guerra. La reina de Portugal se quitó su corona y coronó con ella a la Santísima Virgen. Resulta más bien que estas fechas coinciden con la ya vieja promoción del "Milenarismo" que sucede cada 1000 años basada en una incorrecta interpretación del Apocalipsis (Ap 20,2-3) la cual no está referida a una fecha concreta.




LOS HOMBRES NO ESTÁN PONIENDO EN PRÁCTICA LOS MANDAMIENTOS QUE NUESTRO PADRE NOS DIO.

Cuando se generaliza y se dice "los hombre" se excluye a los miles y miles de hombres que precisamente después del Concilio Vaticano II y con los nuevos movimientos eclesiales y ecuménicos se han vuelto al Señor. No se considera a todos los países en proceso de evangelización, ni a los millones de seres humanos que aún no han conocido el mensaje del Evangelio. Si bien es cierto que MUCHOS, a pesar de conocer el evangelio no lo viven, esto no significa que ha llegado el fin, sino al contrario, pues san Pedro dice Dios tiene paciencia y espera a que el mundo se convierta, pues no quiere que el mundo muera sino que se salve (2Pe 3,9). El Papa, en todos sus documentos, y de manera especial en el que prepara al Jubileo del 2000 "Tertio Milenio Adveniente" invita a todos los cristianos a unirse en un fuerte esfuerzo por la evangelización y la reevangelización. Esto, viniendo del Papa, de aquel a quien Jesús le dijo: "Lo que ates en la tierra será atado en el cielo" (Mt 16,18), tiene mucho peso y mucho valor. Sería una incongruencia que el Papa conociendo estas supuestas "catastróficas profecías" estuviera preparando una gran fiesta y no hubiera hecho del conocimiento del pueblo cristiano esta información. Quien escribió esto no tiene ni la mínima idea de lo que es la Iglesia y el amor del Papa por la Iglesia.




EL DEMONIO ESTÁ DIRIGIENDO AL MUNDO, SEMBRANDO ODIO Y CIZAÑA POR TODAS PARTES.

Esto no es una novedad... esto ha sido una realidad desde el principio del mundo. Si bien es cierto que hoy por hoy muchos han renunciado a la vida de fe y al mismo Dios y con ello han dado paso a una actividad más abierta y destructora del pecado, azuzado por el mismo demonio, no podemos decir que esta acción del demonio pertenece a este momento de la historia.


En la siguiente parte el mensaje contiene elementos extraños y no congruentes:

LOS HOMBRES FABRICARÁN ARMAS MORTALES QUE DESTRUIRÁN AL MUNDO EN MINUTOS. LA MITAD DE LA HUMANIDAD SERÁ HORROROSAMENTE DESTRUIDA.

¿Se destruirá TODO EL MUNDO o solo la mitad de la humanidad? Entre estos que morirán (si sólo muere la mitad) ¿estarán mezclados justos con pecadores? ¿El Señor arrancará la cizaña junto con el trigo? Esto más bien parecen dos afirmaciones tomadas de mensajes distintos.




LA GUERRA EMPEZARÁ CONTRA ROMA, HABRÁ. CONFLICTOS ENTRE LAS ORDENES RELIGIOSAS.

¿Se refiere a una guerra mundial? ¿A una guerra Atómica? ¿Será contra Roma que es la capital de Italia, o será contra el Vaticano, sede del Papado y de la Iglesia Católica? ¿Por que sólo de la Iglesia católica, y no de las demás Iglesias cristianas, digamos la ortodoxa (Constantinopla), la Anglicana (Inglaterra), etc.? ¿Esta guerra será promovida por quién? ¿Por los musulmanes, los shiitas, los protestantes, el New Age, por algún estado en particular? Y ¿qué tiene que ver la guerra contra Roma (en caso de que fuera) con los conflictos entre las órdenes religiosas?




DIOS PERMITIRÁ QUE TODOS LOS FENÓMENOS NATURALES, COMO EL HUMO, EL GRANIZO, EL FRÍO, EL AGUA, EL FUEGO, LAS INUNDACIONES, LOS TERREMOTOS, EL TIEMPO INCLEMENTE, DESASTRES TERRIBLES Y LOS INVIERNOS EXTREMADAMENTE FRÍOS, POCO A POCO ACABARÁN CON LA TIERRA.

Esta profecía es contraria a la Biblia, pues Dios mismo, después del Arca hizo alianza con Noé jurando que no destruiría de nuevo la tierra a causa del corazón rebelde de los hombres (Gen 8,21). ¿Cómo es posible que una predicción de este tiempo tenga un origen celestial... que María en su mensaje contradiga a la Escritura?



ESTAS COSAS DE TODOS MODOS SUCEDERÁN ANTES DEL AÑO 2000. LOS QUE NO QUIERAN CREER, AHORITA QUE AÚN ES TIEMPO, EN LO QUE CON AMOR, LES DICE SU MADRE SANTÍSIMA Y LOS QUE LAMENTABLEMENTE NO PONGAN EN PRÁCTICA EL AMOR Y LA CARIDAD, YA QUE ESTOS SON SÍMBOLOS DEL VERDADERO CRISTIANO, LA GENTE QUE SE COMPLACE SÓLO EN LOS BIENES MATERIALES, LOS EGOÍSTAS, LOS FALTOS DE CARIDAD HACIA EL PRÓJIMO Y LOS QUE NO SE AMEN UNOS A OTROS COMO MI HIJO LOS HA AMADO, TODOS ESTOS, NO PUEDEN SOBREVIVIR, DESEARÁN HABER MUERTO; MILLONES DE ÉSTOS PERDERÁN LA VIDA EN SEGUNDOS.


¿Los que no quieran creer en qué? ¿En el Evangelio o en el mensaje? Es realmente extraño que no se hace referencia a la vida evangélica, que es la que Jesús nos invitó a vivir. Ciertamente el centro del Evangelio es el amor y la caridad, sin embargo, más bien parece que la amenaza es para aquellos que no crean en este mensaje. No es una invitación a la conversión, como de ordinario lo hizo Jesús y todos los profetas, sino un anuncio fatalista privado de todo sentido evangélico.







LA CLASE DE CASTIGOS QUE ESTÁN FRENTE A NOSOTROS, EN LA TIERRA, ES INIMAGINABLE, Y VENDRÁN, NO HAY DUDA. DIOS NUESTRO SEÑOR CASTIGARÁ DURAMENTE A QUIENES NO CREAN EN EL, A LOS QUE LO DESPRECIARON, A LOS QUE NO TUVIERON TIEMPO PARA EL.

El Señor claramente ha dicho que: "El hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido" (Lc 19,10). Es doctrina de la Iglesia que el castigo que recibiremos por nuestro pecado, por no haber aceptado la vida Evangélica, aun cuando ésta se nos fue anunciada con claridad y por haber "atentado contra la gracia" concretizada en un NO a la conversión, se recibirá en la eternidad. La vida en el mundo será siempre una oportunidad para la conversión y para empezar a vivir ya desde ahora el Reino. Con este tipo de mensajes se pierde o al menos se oscurece totalmente la imagen del Padre amoroso que Jesús quiso mostrarnos en su predicación lo cual es contrario a la Escritura y a la enseñanza del magisterio de la Iglesia.




LLAMO A TODOS A QUE VENGAN HACIA MI HIJO JESUCRISTO; DIOS AYUDA AL MUNDO, PERO TODO EL QUE NO DÉ TESTIMONIO DE FIDELIDAD Y LEALTAD HACIA EL, SERÁ DESTRUIDO EN FORMA PEOR.

¿Que significa ser destruido en forma peor? Jesús dice en el evangelio haber venido por los pecadores, para que se conviertan (Mc 2,17). Cuando una ciudad no quiso recibir a Jesús, Santiago y Juan le dijeron al Señor: "Quieres que oremos para que llueva fuego sobre esta ciudad? Y Jesús los regañó y les respondió: "No he venido a destruir sino a salvar" (Lc 9,54).




EL PADRE AGUSTÍN, QUIEN RESIDE EN FÁTIMA, DICE QUE EL PAPA PAULO VI, LE DIO PERMISO PARA VISITAR A LA LUCÍA, QUIEN ES MONJITA DE CLAUSURA, NO SALE NI RECIBE VISITAS. EL PADRE AGUSTÍN PLATICA QUE ELLA LO RECIBIÓ MUY ACONGOJADA Y LE DIJO: "PADRE, NUESTRA SEÑORA ESTA MUY TRISTE PORQUE NADIE HA TOMADO INTERÉS EN SU PROFECÍA DE 1917, ASÍ LOS BUENOS TIENEN QUE CAMINAR CON SACRIFICIOS POR UN CAMINO ESTRECHO; LOS MALOS VAN POR UN CAMINO AMPLIO QUE LOS LLEVA DIRECTAMENTE A LA DESTRUCCIÓN Y CRÉAME, PADRE, QUE EL CASTIGO VENDRÁ MUY PRONTO. MUCHAS ALMAS PUEDEN PERDERSE Y MUCHAS NACIONES DESAPARECERÁN DE ESTA TIERRA. PERO EN MEDIO DE TODO ESTO SI LOS HOMBRES REFLEXIONAN, REZAN Y LLEVAN A CABO BUENAS ACCIONES, EL MUNDO PODRÁ SER SALVADO. EN CASO CONTRARIO, SI LOS HOMBRES INSISTEN EN SUS MALDADES EL MUNDO SE PERDERÁ PARA SIEMPRE.

Por un lado, este mensaje del P. Agustín está siendo usado de una manera oportunista y fuera de su contexto pues, si bien Lucia le hacía ver la necesidad de poner en práctica el mensaje, lo hacia refiriéndose a que no se habían consagrado los corazones de todo el mundo a su Inmaculado Corazón y que la gente no estaba realmente buscando la conversión. En ningún momento la hermana Lucia se refirió a una "destrucción" o un castigo preparado por Dios para los que no respondieran a este mensaje.

Por otro lado, debemos ser claros que el mensaje de Fátima, es reconocido por la Iglesia como una invitación a la conversión. María Santísima, como madre amorosa, se apreció a estos pastorcitos para recordarnos que la vida vivida en el Evangelio es la única que pude llevarnos a la verdadera paz y a la alegría del Reino. Que el pecado nos destruye y que efectivamente son muchos los que deciden vivir al margen de esta vida. Sin embargo esto no quiere decir que la infinita misericordia de Dios se haya acabado. Dios, como lo dice la Sagrada Escritura, busca continuamente que nos salvemos y que vivamos en su amor (cf. Jn 3,16; 10,10). La invitación definitiva fue hecha por Jesús y nos la recuerda continuamente la Iglesia. La Escritura es clara cuando dice que cada uno de nosotros seremos juzgados por nuestros propios pecados (cf. Mt 25, 31-46). También es clara en el sentido de que el pecado nos destruye y destruye toda la realidad humana, pues no existe pecado que no tenga consecuencias sociales y colectivas (Rm 6-7). Por ello el apóstol san Pablo dice que "el salario del pecado es la muerte" (Rm 6,23). El pecado y sus consecuencias es el que está llevando al mundo a su destrucción, moral y física. María nos recuerda que solo con la oración y la penitencia (pilares de la vida cristiana) es posible resistir los embates del pecado y vivir en la plenitud de Dios.



YA HA LLEGADO EL TIEMPO PARA TODOS, DE PASAR EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA A SUS FAMILIARES, A SUS AMIGOS Y AL MUNDO ENTERO, DE EMPEZAR A REZAR, DE HACER PENITENCIA, DE SACRIFICARSE.

El momento de EMPEZAR a rezar y de hacer penitencia, de vivir de acuerdo al evangelio fue cuando Jesús nos lo anunció... y esto es lo que hemos venido haciendo. Desgraciadamente, no todos.... Los que no han empezado, deben empezar, no por que el fin de mundo esté por llegar (lo cual ninguna persona ni en el cielo ni en la tierra lo sabe sino sólo el padre del Cielo Mt 24,36), sino porque la vida del Reino, es una vida vivida bajo la dirección del Espíritu Santo (que crece con nuestra vida de oración y sacramental), porque es una vida llena de paz y de alegría... es comenzar la vida del cielo ya aquí en la tierra.




ESTAMOS CERCA DEL ÚLTIMO MINUTO, DEL ÚLTIMO DÍA Y LA CATÁSTROFE SE APROXIMA. DEBIDO A ESTA CATÁSTROFE, MUCHOS QUE UN DÍA SE APARTARON, REGRESARÁN ARREPENTIDOS A LOS BRAZOS ABIERTOS DE LA IGLESIA CATÓLICA. REGRESARÁN INGLATERRA, RUSIA, CHINA, LOS PROTESTANTES Y LOS JUDÍOS. TODOS REGRESARÁN, ADORARÁN Y CREERÁN EN DIOS NUESTRO SEÑOR Y EN SU HIJO JESUCRISTO Y EN LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

Este tiempo de predicciones FATALISTAS que anuncian el fin del mundo son características del fin de un milenio. ¿Quién puede decir que el fin está cerca si ninguno sabe ni el día ni la hora? La primera comunidad estaba convencida que el fin del mundo era inminente (basta leer la primera carta de san Pablo a los Tesalonicences y la escrita a los Corintios en el capítulo 10 para corroborar esto). Sin embargo poco a poco se dieron cuenta que el fin del mundo es una realidad que llega a la muerte de cada uno de nosotros, por lo que debemos vivir siempre preparados, vivir la vida del evangelio no solo los domingos sino todo el tiempo; que cuando se habla de los "últimos tiempos" esta expresión indica el tiempo inaugurado por Cristo y que ciertamente un día llegará a su final. Sin embargo, nadie sabe cuándo pasará esto. Buscar la conversión por el temor JAMAS dará buenos resultados, pues una vez que hayamos cruzado el 2000 y si nada ha pasado, la gente se sentirá ENGAÑADA por aquellos que promovieron este tipo de mensajes y predicciones. Por ello LA IGLESIA NO LOS ACEPTA.



¿QUE NOS ESPERA A NOSOTROS? EN TODAS PARTES SE HABLA DE PAZ Y DE TRANQUILIDAD PERO, EL CASTIGO VENDRÁ, UN HOMBRE EN PUESTO MUY ALTO SERÁ ASESINADO Y ESTO PROVOCARÁ LA GUERRA, SERÁ UNA GUERRA FRÍA. UNA ARMADA PODEROSA CAMINARÁ A TRAVÉS DE EUROPA Y LA GUERRA ATÓMICA EMPEZARÁ, ESTA GUERRA DESTRUIRÁ TODO, LA OBSCURIDAD CAERÁ SOBRE LA TIERRA POR 72 HORAS (3 DÍAS) Y LA TERCERA PARTE QUE SOBREVIVA A ESAS 72 HORAS DE OBSCURIDAD EMPEZARÁ A VIVIR EN UNA NUEVA ERA PARA ELLOS, SERÁN BUENA GENTE.

Este pedazo del menaje es una reproducción exacta de uno que se ha encontrado desde hace más de 1000 años. Las predicciones de "Nostradamus" , las cuales no son aceptadas por la Iglesia (y otras muchas), se expresan exactamente en los mismo términos. Aparte, en este supuesto mensaje se dice que después de todo, un tercio de la gente que quede será gente BUENA ¿Esto quiere decir que dos terceras partes de los sobrevivientes serán malos?. Por lo que respecta a esta Tercera parte que "será buena", ¿Quiere decir que la debilidad humana que nos empuja a pecar habría sido erradicada del hombre?




Sabemos que esto no es posible en la tierra. El pecado original nos ha debilitado y aunque redimidos por Cristo, los efectos del pecado permanecen. Decir que los pecadores perecerán y que sólo los buenos se salvarán es un grave error, pues ¿quién - dice san Pablo - será considerado bueno si todos, absolutamente todos (excepto Jesús y María Santísima) hemos pecado? (cf. Rm 3,23). El vivir la bondad celestial exenta de pecado no es una posibilidad real para el hombre en la tierra... necesita de la ayuda y la intervención de Dios, la cual estará siempre condicionada a la voluntad humana que no siempre reacciona y responde adecuadamente. Esta debilidad lo lleva al pecado (aunque este sea pequeño).



Por otro lado no es posible que este mensaje pertenezca al mensaje de Fátima, pues en 1917 aun no existía la Bomba Atómica ya que ésta será desarrollada durante la Segunda Guerra Mundial.




EN UNA NOCHE MUY FRÍA DIEZ MINUTOS ANTES DE LA MEDIANOCHE, UN GRAN TERREMOTO SACUDIRÁ LA TIERRA DURANTE 8 HORAS. ESTA SERÁ LA TERCERA SEÑAL DE QUE DIOSES EL QUE GOBIERNA LA TIERRA.

Han sido tantísimas personas las que han vaticinado la hora y el modo en que se destruirá la humanidad y la tierra, el día y la hora en que aparecerá el Hijo del Hombre que sería imposible mencionarlas todas. Si realmente queremos saber cómo será la venida final de Cristo, no tenemos otra cosa que hacer que ir al capitulo 24 de san Mateo (o a Lc 21). Siempre estando atentos a leerlos completamente, ya que su contexto y pretexto nos dan el sentido correcto de la Instrucción de Cristo. En particular en Mt los discípulos preguntan que cuando será, el maestro responde: "Nadie lo sabe, ni el Hijo del hombre, solo El Padre que está en el cielo" (Mt 24,36).



LOS BUENOS Y LOS QUE PROPAGUEN EL MENSAJE O LA PROFECÍA DE LA VIRGEN DE FÁTIMA, NO DEBERÁN TEMER, NO TENGAN MIEDO.

¿Quienes estarán a salvo? Según el mensaje: "Los que sean buenos y los que propaguen el mensaje de Fátima". Es extraño que la Virgen no haya dicho: "Los que vivan de acuerdo al Evangelio". Jesús dijo a sus discípulos: "Vayan a todo el mundo y hagan discípulos y enséñenles a guardar todo lo que yo les he enseñado" (Mt 28,20).




Por otro lado, de acuerdo al evangelio, los que se salvan no son los buenos (pues este es un termino relativo), sino "los que viven de acuerdo a la palabra de Dios", ya que así nos lo dijo el mismo Jesús: "No todo el que me dice Señor, Señor se salvará sino aquel que vive de acuerdo a la voluntad de mi Padre que esta en el cielo". Agrega: "En aquel día me dirán: ¿Señor, hemos predicado en tu nombre y hemos arrojado demonios en tu nombre... Pero Jesús dirá: "no los conozco" (Mt 7,21-23).




Es verdad que el mensaje de Fátima nos recuerda verdades fundamentales del evangelio, sin embargo nuestra función como cristianos, más que difundir el mensaje de Fátima que puede ser un medio para llegar al evangelio en sí mismo, es difundir el evangelio e invitar a todo los hombres a vivir conforme a él.











¿QUE HACER? ARRODÍLLENSE Y PIDAN PERDÓN A DIOS. NO SALGAN DE SU HOGAR Y NO DEJEN A NADIE EXTRAÑO ENTRAR EN ÉL. PORQUE SÓLO LO BUENO NO ESTARÁ EN PODER DEL MAL Y SOBREVIVIRÁ A LA CATÁSTROFE.




PARA QUE USTEDES SE PREPAREN Y PUEDAN PERMANECER CON VIDA, COMO HIJOS MÍOS QUE SON, LES DARÉ LAS SIGUIENTES SEÑALES: LA NOCHE SERÁ MUY FRÍA; SOPLARÁN FUERTES VIENTOS; HABRÁ ANGUSTIA Y, EN POCO TIEMPO COMENZARÁ EL TERREMOTO, TEMBLARÁ LA TIERRA.




EN CASA CIERRA PUERTAS Y VENTANAS Y NO HABLES CON NADIE QUE NO ESTÉ EN TU CASA. NO MIRES HACIA FUERA, NO SEAS CURIOSO PUES ESTA ES LA IRA DEL SEÑOR.




ENCIENDE LAS VELAS BENDITAS YA QUE POR TRES DÍAS NINGUNA OTRA LUZ ENCENDERÁ.




EL MOVIMIENTO SERÁ TAN VIOLENTO, QUE TRANSFORMARÁ LA TIERRA MOVIÉNDOLA 23 GRADOS Y LA REGRESARÁ A SU POSICIÓN NORMAL.




ENTONCES VENDRÁ UNA ABSOLUTA Y TOTAL OBSCURIDAD QUE CUBRIRÁ A LA TIERRA ENTERA. TODO ESPÍRITU MALIGNO, ANDARÁ SUELTO HACIENDO MUCHO MAL A LAS ALMAS QUE NO QUISIERON ESCUCHAR ESTE MENSAJE Y A LOS QUE NO QUISIERON ARREPENTIRSE.




LAS ALMAS FIELES, RECUERDEN PRENDER LAS VELAS BENDITAS, PREPAREN UN ALTAR SAGRADO CON UN CRUCIFIJO, PARA COMUNICARSE CON DIOS Y PEDIRLE SU INFINITA MISERICORDIA.




TODO ESTARÁ OBSCURO, APARECERÁ EN EL CIELO SÓLO UNA GRAN CRUZ MISTICA PARA RECORDARNOS EL PRECIO QUE SU HIJO PAGÓ POR NUESTRA REDENCIÓN. EN LAS CASAS LO ÚNICO QUE PODRÁ DAR LUZ, SERÁN LAS VELAS DE CERA BENDITAS, LAS QUE UNA VEZ PRENDIDAS, NADA PODRÁ APAGAR HASTA QUE PASEN ESTOS TRES DÍAS DE TINIEBLAS.




TAMBIÉN DEBEN DE TENER AGUA BENDITA QUE ROCIARÁN ABUNDANTEMENTE POR TODA LA CASA, EN ESPECIAL EN PUERTAS Y VENTANAS. EL SEÑOR PROTEGERÁ LA PROPIEDAD DE LOS ELEGIDOS.




ARRODÍLLENSE ANTE LA CRUZ PODEROSA DE MI DIVINO HIJO, RECEN EL ROSARIO Y DESPUÉS DE CADA AVE MARÍA DIGAN LO SIGUIENTE: "OH DIOS PERDONA NUESTROS PECADOS, SÁLVANOS DEL FUEGO DEL INFIERNO Y LLEVA AL CIELO A LAS ALMAS ESPECIALMENTE A LAS MAS NECESITADAS DE TU MISERICORDIA. VIRGEN MARÍA PROTÉGENOS, TE AMAMOS. SÁLVANOS, SALVA AL MUNDO.




"RECEN 5 CREDOS Y EL ROSARIO, QUE ES EL SECRETO DE MI CORAZÓN INMACULADO. AQUELLOS QUE CREAN MIS PALABRAS Y LLEVEN MI MENSAJE A LOS DEMÁS, NO DEBERÁN TEMER NADA EN EL GRAN DIA DEL SEÑOR: HABLEN A TODAS LAS ALMAS, AHORITA QUE AÚN HAY TIEMPO. LOS QUE CALLEN AHORA, SE HARÁN RESPONSABLES POR ESE GRAN NÚMERO DE ALMAS QUE SE PIERDAN POR IGNORANCIA.

Toda esta sección del supuesto mensaje, que no es otra cosa que una colección de todas las profecías catastróficas recibidas por diferentes videntes a lo largo de los siglos y RECHAZADAS POR LA IGLESIA. Presenta, además, una serie de "soluciones de tipo "mágico" y "supersticioso". Las velas y el agua bendita, que son unos sacramentales, no son mágicas. Por otro lado en ninguna parte de la Escritura encontramos este tipo de "fenómenos" y mucho menos una solución de tipo "mágico/supersticioso". Es extraño que cuando habla de "quienes no deberán temer", en lugar de referirse a aquellas que "estén viviendo en gracia", que es el estado ordinario del cristiana, se refiere a las que "hayan distribuido este mensaje".

Por otro lado, la oración que propone hacerse delante del crucifijo está tomada de la oración dada a los niños por la Santísima Virgen en su tercera aparición, pero no es la original, sino la versión popular, ya que en la versión dada a los niños no existen las palabras: "de tu divina misericordia", estas fueron agregadas más tarde por la piedad popular (De hecho el obispo de Leiria, encargado de la custodia del mensaje, ha pedido recientemente que se respete la oración en su forma origina: ¡Oh Jesús mío!, perdónanos, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo todas las almas, especialmente a las más necesitadas") . Esto es un claro indicativo de que este no es parte del mensaje original de la Virgen dado a los pastorcitos.



TODOS LOS QUE RECEN HUMILDEMENTE MI ROSARIO, ALCANZARÁN LA GRAN PROTECCIÓN DEI CIELO Y YO LOS HARÉ MORIR EN LA PAZ Y LOS HARÉ ENTRAR BENDITOS EN EL OTRO MUNDO. DESEO QUE TODOS LOS FIELES VAYAN A LA IGLESIA CADA PRIMER VIERNES Y CADA PRIMER SÁBADO DE CADA MES, QUE CONFIESEN Y COMULGUEN Y, ASÍ AYUDEN A SALVAR AL MUNDO DE LA DESTRUCCIÓN TOTAL.

Este es parte del mensaje de Fátima. Contiene la petición de la Santísima Virgen sobre el rezo del Rosario y los cinco primeros sábados. En el mensaje original no se menciona la palabra "destrucción". El mensaje original de Fátima busca ante todo la conversión de los pecadores.




CUANDO LA TIERRA YA NO TIEMBLE, AQUELLOS QUE TODAVÍA NO CREAN EN NUESTRO SEÑOR MORIRÁN HORRIBLEMENTE. EL VIENTO TRAERÁ GAS Y LO REGARÁ POR TODAS PARTES, ENTONCES SALDRÁ EL SOL. PUEDE SER QUE USTEDES VIVAN DESPUÉS DE ESTA CATÁSTROFE. NO OLVIDEN QUE EL CASTIGO DE DIOS ES SANTO Y QUE, UNA VEZ COMENZADO, NO DEBEN DE MIRAR HACIA FUERA, POR NINGÚN MOTIVO, YA QUE DIOS NO QUIERE QUE NINGUNO DE SUS HIJOS VEA CUANDO CASTIGUE A ESOS PECADORES.

El relato continua con una serie de historias que invitan al terror. Estas están tomadas, por la forma en que se expresan y se relacionan entre sí, de diversos mensaje terroríficos dados a lo largo de los siglos. En esta sección mezcla una destrucción de tipo "divino", como la de Sodoma y Gomorra (Gn 19,1-29) en donde la esposa de Lot vio la destrucción y quedo convertida en estatua de sal (Gn 19,26), y la destrucción por medio de "armas atómicas" que nada tienen que ver con lo anterior. Todo mezclado con una idea de un Dios "sanguinario", la cual en nada se acerca a la que nos propuso Jesús en el Evangelio (cf. Mt 6,5-13). Al autor de este mensaje se le ha olvidado por completo que el Dios revelado por Cristo es un Dios de amor y de congruencia.




TODO ESTO COMPAGINA CON LAS SAGRADAS ESCRITURAS VEAN EN EL NUEVO TESTAMENTO. SAN LUCAS CAPITULO 21 VERSÍCULOS 5’11,12’19, 20’28, 29’33. CARTA DE SAN PABLO CAPÍTULO (3, 8’14) VER LECTURA DEL PROFETA ISAÍAS. (CAP. 40,1’5’9).

La lectura de la Sagrada Escritura sin el correcto discernimiento de la Iglesia puede llevar a graves errores de interpretación. Quien ha escrito este mensaje, no tiene ni el mínimo conocimiento de cómo se deben citar los libros sagrados, pues esta manera de citar solo causa confusión.




Ahora bien respecto a estas citas, lo que se refiere a Lucas, Jesús está hablando de las señales del fin del mundo. Si la Iglesia durante la gran persecución de los primeros 3 siglos hubiera interpretado estos versículos de manera "fundamentalista" significaría que el fin del mundo habría llegado hace muchos, muchos siglos, pues Jesús dice: "Antes de que esto pase: los perseguirán, meterán en la cárcel y los mataran". Esto ha pasado desde hace 2000 años... y continuamos esperando la segunda venida de Cristo y el fin del mundo.




El fundamentalismo ha causado muchos problemas y errores en la Iglesia. Sobre la carta de san Pablo, quien escribió este supuesto mensaje ha olvidado que san Pablo escribió 13 cartas, por lo que es necesario saber a cual de estas cartas se refiere. Por lo que toca a Isaías el capitulo 40 es una invitación a propagar la BUENA NUEVA del Dios que viene a SALVAR, no a destruir.... Hay que leer todo el contexto, no solo lo que me puede aprovechar para resaltar un pensamiento particular ya predeterminado.



DIGAMOS TODOS ESTA ORACIÓN TODOS LOS DÍAS CON MUCHO AMOR Y RESPETO. OH PADRE ETERNO, EN UNIÓN CON VUESTRO DIVINO HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO, Y POR INTERCESIÓN DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, OS SUPLICO DESTRUIR EL PODER DE LOS ESPÍRITUS MALIGNOS. ARROJADLOS A LAS CAVERNAS DEL INFIERNO Y ENCADENADOS ALLÍ PARA SIEMPRE. TOMAD DE VUESTRO REINO, PUES HA SIDO CREADO POR VOS MISMO Y MUY JUSTAMENTE OS PERTENECE. PADRE, CELESTIAL, OS EL DOMINIO REINANTE DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA. ACEPTAD, SEÑOR, CADA UNO DE LOS LATIDOS DE MI CORAZÓN Y CADA RESPIRACIÓN MÍA COMO UNA REPETICIÓN DE ESTA PLEGARIA.

Quien escribió este supuesto mensaje, ha tomado dos oraciones que corresponden a tiempos históricos distintos y manejan dos teologías distintas. Esta primera parte corresponde definitivamente a un periodo pre-vaticano. Es hermosa, y que bueno que muchos la recen, pero siempre con paz y no como quien la usa de manera supersticiosa para alejar de ella el castigo de Dios.




PADRE ETERNO; TE ROGAMOS POR LA INTERCESIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, CIEGUES EL PODER DEL ENEMIGO Y PERMITAS QUE LA LUZ DE TU JUSTICIA RESPLANDEZCA; MUÉSTRANOS EL CAMINO PARA REALIZAR TODOS NUESTROS ACTOS DE ACUERDO A TUS PLANES DIVINOS. TE LO PEDIMOS POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, TU HIJO QUE SIENDO DIOS VIVE Y REINA CONTIGO EN LA UNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN.

Esta segunda parte de la oración es post-vaticana. Esta parte de la oración, que en sí misma es hermosa, pues pide la protección de Dios, al estar insertada en un mensaje de tipo apocalíptico, en lugar de promover la paz, puede causar más bien un sentimiento de angustia dados los elementos que contiene. Esto confirma que esta parte del mensaje es solo un "colash" de profecías alarmistas no admitidas por la Iglesia y al mismo tiempo una serie de oraciones, mezcladas con parte del mensaje auténtico de Fátima.



SE DEBE ENTENDER QUE DIOS PERMITE QUE ESTO PASE. EL PAPA Y LOS OBISPOS ESTÁN AHORA A LA ESPERA DE OTRO MENSAJE QUE HABLA DEL ARREPENTIMIENTO Y LA ORACIÓN.

Nos encontramos de nuevo con una incongruencia. La pregunta que nos haríamos es: ¿Dios castigará al mundo - como lo ha venido proponiendo el supuesto mensaje - o, Dios permitirá que ocurran catástrofes (temblores, inundaciones, guerras, enfermedades, etc.) - que es el modo natural como Dios, que aun actuando en nuestra historia, permite que ésta se desarrolle?




Ahora bien, es totalmente falso que el Papa y los Obispos estén esperando otro mensaje. Dios se ha revelado de manera definitiva al hombre por medio de Jesucristo, ya que como decía san Agustín: "La palabra definitiva de Dios al hombre es Jesucristo". Todos los demás mensajes PRIVADOS que se han recibido, solo invitan a no olvidar esta verdad. Por otro lado, debemos recordar que estamos esperando la venida del Señor... (cuando esta ocurrirá), y no "otro mensaje" que nos hable de arrepentimiento, pues de esto ya nos hablo Jesús cuando dijo al inicio de su ministerio: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepiéntanse y crean en el Evangelio!" (Mc 1,15).




Nos estamos preparando para vivir con gozo el Jubileo de 2000 años de evangelización, de vida cristiana, de esfuerzo, de tropiezos y de caídas, pero de esperanza en el poder y en el amor del Dios que nos salva y que nos lleva a la conversión profunda, a la caridad sin limite y al perdón, no para recibir el castigo, pues este lo recibirán los que a pesar de todos los esfuerzos del Espíritu Santo por llevarlos a vivirla realidad del Reino, no han querido responder a su acción amorosa.









LA PALABRA DE DIOS ES BUENA NOTICIA. REPRODUZCAN ESTA HOJA Y PÁSENLA A OTRAS PERSONAS PARA QUE SE ENTEREN LO QUE VIENE, NO LA TIRE.

Efectivamente.... La Palabra de Dios es buena noticia, pero esta no es palabra de Dios y por lo tanto no es una buena noticia. En lugar de reproducir esta hoja (o este e-mail), si tú sabes de alguien que no conoce a Jesús o que no lo ha aceptado como Señor de su vida, regálale la encíclica del Jubileo, una Biblia o Nuevo Testamento; promueve con él la vida sacramental; enséñale a orar; háblale de la Buena Noticia del amor de Dios en Cristo, de la vida en abundancia traída por Jesús... en fin, ayúdalo a vivir la paz y la alegría que nos regala el Espíritu Santo.

Con todo esto nos damos cuenta que este mensaje es producto de una recolección de profecías "apocalípticas", mezcladas con algunas oraciones y con elementos de tipo supersticioso que nada tienen que ver, no solo con el mensaje de Fátima, sino incluso con la doctrina de la Iglesia.
El Señor Jesús, María Santísima y la Iglesia nos invitan a una conversión profunda en nuestra vida. A tomar en serio el evangelio y a pedir al Espíritu Santo que nos ayude a vivirlo. La oración y los sacramentos son los elementos que permiten que esto sea una realidad en nuestra vida. Es función de todos los bautizados no sólo crecer en el amor y en la vida evangélica, sino comunicar esta novedad de vida a toda la humanidad (cf. Mt 28,20).

No sabemos cuándo llegará el fin del mundo por lo que Jesús nos ha invitado a vivir siempre preparados viviendo en la gracia (cf. Mt 25,1-13). El cristiano que vive una vida de intimidad con Jesús es como las vírgenes prudentes que esperaban tranquilamente la llega del Señor. Quien ha entendido lo que es la vida eterna y el amor de Dios, no teme a la muerte pues sabe que ésta es la puerta que lo lleva a vivir la eternidad con Jesús; no vive angustiado por el fin del mundo pues sabe que esto será el momento del triunfo definitivo de Cristo y de sus seguidores y por ello proclama en cada Eucaristía: "Maranatha, Ven Señor Jesús" (Ap 22,20).

No permitamos que mensajes no autorizados por la Iglesia destruyan o debiliten nuestra fe, nos angustien, nos quiten la paz y nos lleven a vivir una vida cimentada en prácticas "pietistas", superficiales y supersticiosas:


Nuestro auxilio es el Nombre del Señor. En él, en su infinita misericordia hemos puesto nuestra fe y nuestra esperanza. Nosotros creemos en el Dios del amor, no en el Dios de la venganza; creemos en el Dios del perdón, no el Dios del castigo, creemos en que Dios que nos ha amado tanto que ha dado a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca sino tenga la vida (cf. Jn 3,16); creemos en el Dios que conduce la historia y la construye a pesar de todos nuestro errores, negligencias y pecados: en fin, creemos en el Dios que ha dicho: "Yo estaré con ustedes hasta la consumación de los siglos" (cf. Mt 28,20).

Que la paz y la alegría de Cristo, y el consuelo de María Santísima estén siempre en su corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Congreso del Rosario

Conferencia de Fr. Ennio Staid, o.p.
dictada en el Congreso Internacional del Rosario 2003
Córdoba Argentina



Para un dominico hablar del Rosario a otros hermanos y hermanas de la misma familia no sólo es difícil sino, al menos para mí, embarazoso. No pertenezco a América Latina, no hablo otro idioma que el mío, no soy un teólogo famoso, no tengo ideas que puedan agregarle novedades al Rosario. El único motivo que me ha impulsado a responder afirmativamente a la invitación recibida es, y creo que no es poco, mi gran amor a esta devoción tan querida por nuestra familia religiosa. Además, si se me permite una breve divagación, puedo afirmar que mi vocación dominica nació desde chico. La historia es simpática porque afirma que Dios logra escribir derecho también sobre los renglones torcidos de nuestra existencia.

Yo nací en una ciudad de la provincia de Roma y crecí en una calle pecaminosa, así la llamaban mis conciudadanos. Pecaminosa porque nuestra casa estaba situada entre dos burdeles. Entre otras cosas mis padres eran en verdad demasiado pobres para saciar el hambre de ocho bocas famélicas. Fui, por lo tanto, criado en la calle y acostumbrado a buscar comida donde era posible encontrarla.

No quiero afligir a la asamblea con la historia de un chico pobre (a los pobres en América latina los conocen bien) sino contarles mi encuentro con la Virgen María y su Rosario.
Como es fácil imaginar, no frecuentaba la parroquia y nadie me había enseñado a rezar. El encuentro, realmente sorprendente, sucedió un día que había decidido escalar una pared y depredar, desnudar un árbol de cerezas (tal vez, sin saberlo, estaba ya en relación con nuestras raíces: aunque si San Agustín había preferido las peras...).

El árbol en cuestión estaba en el jardín de una casa que pertenecía a las hermanas de la caridad utilizada como residencia para las hermanas ancianas. El robo de las cerezas me pareció fácil ya sea por la pared no muy alta, o bien porque las propietarias eran viejitas vestidas de manera cómica. El hecho fue simple la primera vez, pero, como todo ladrón que se respete, volví a.... delinquir al día siguiente. Esta segunda vez, sin embargo, una vieja hermana se había apostado detrás de un arbusto y, cuando bajé del árbol ella, realmente vieja pero con las manos todavía robustas, me tomó por un brazo y me dijo: “feo bribón, ¿quieres ir al infierno?”. Yo la miré aterrado, pero descaradamente respondí: “si” y ella, tratando de asustarme más, me dijo: “¿por qué quieres ir al infierno?” “Porque todos dicen que soy un diablillo” respondí.

La hermana sonrió, y en vez de darme una cachetada que pensaba que merecía, me llevó delante de la imagen de la Virgen. Extrajo de sus enormes bolsillos una corona del Rosario y me la regaló. Yo entonces pensé que aquella hermana estaba loca, de hecho en vez de golpearme me regalaba un collar. En aquel tiempo nunca había visto una corona del Rosario. Para hacerla breve, la hermana se convirtió en mi amiga y me enseñó a rezar con aquella corona. Siempre veo su rostro dulce y sus palabras quedaron gravadas para siempre en mi corazón: “si eres siempre fiel en el uso de la corona bendita, ciertamente no irás al infierno, sino que nos veremos en el paraíso cerca de la Virgen”.

La hermana murió al año siguiente. Yo me convertí en un hombre, me recibí y, por muchos años frecuenté sólo ocasionalmente la iglesia pero NUNCA olvidé rezar el Rosario. Así, nunca dejé la corona bendita, a través de la cual la Virgen me tuvo atado a Ella. Como ven, venció Ella. Porque no sólo me convertí en sacerdote sino Dominico, no sólo Dominico, sino también, por muchos años, promotor del Rosario en mi Provincia religiosa y, para los chicos, el promotor nacional del Rosario viviente de Italia.

Les conté esta historia porque no tengo ninguna intención de hacer una conferencia sobre el Rosario; el hablarles tiene el solo fin de estimularnos recíprocamente para que todos los hijos de Santo Domingo sientan la responsabilidad de hacer conocer y amar esta espléndida oración que, desde mi punto de vista, muchos Dominicos no aman tanto como antes.

El 16 de octubre de 2002 el papa Juan Pablo II escribió una carta apostólica sobre el Santo Rosario que suscitó el interés de la prensa y la televisión de todo el mundo. Pero lo que más hizo furor, sobretodo para aquellos que nunca rezan el Rosario, fue la novedad introducida por el papa. Desgraciadamente sólo quien nunca hace nada no es criticado. La novedad consiste, como ya saben, en introducir otros cinco misterios a los quince existentes. Por lo tanto Juan Pablo II propone esta innovación con mucha discreción, sin querer imponer y sin querer alterar la estructura tradicional del Rosario.

Si estamos aquí reunidos en un congreso, no es para estudiar juntos la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae que, como documento, es de una gran simplicidad y es, al menos para mí, una carta que sale desde el corazón del Papa, de su experiencia de oración, de su amor por la madre de Jesús. El texto es de una gran envergadura espiritual, y fue cuidado en los mínimos detalles, claro en la exposición, profundo en el contenido, rico en temas para la reflexión y la meditación. En él el Papa habla de Jesús y de María con una sorprendente naturalidad, casi con una íntima familiaridad, conseguida a través de una vida entera de contemplación y de oración. De hecho él confiesa que el rezo del Rosario lo acompañó siempre a través del curso de su existencia.

Si solamente aplaudimos lo que el Papa escribió, creo que no le hacemos un buen servicio, sino que lo honraremos si empeñamos éstas horas a nuestra disposición buscando juntos un camino para relanzar esta espléndida oración.

Por mi parte me permitiré trazar las pistas de trabajo sobre las cuales podremos discutir, sin pretender agotar el argumento; incluso pueden ser un punto de partida para una renovación del Rosario, un nuevo empuje, un punto de reflexión y un subsidio para la predicación. El Rosario, de hecho, es un simple predicar rezando. No se debería dejar al Papa solo hablando del Rosario; la exhortación debe servir para estimular, para vivir y para hablar de esta práctica piadosa, tan querida por la Virgen además de los sumos pontífices, también los obispos, los sacerdotes, las monjas, las hermanas y todos los agentes de pastoral, pero en modo particular, la gran familia de Santo Domingo.

La Oración

Todos conocemos la dificultad de la oración en general. Rezar es un trabajo difícil, no porque esté más allá de nuestras capacidades, sino porque es un trabajo que no termina nunca. Rezar es la obra más difícil y sin un verdadero maestro de la oración, es realmente difícil rezar. Este Maestro es el Espíritu Santo. Él es el único capaz de hablar al corazón de cada uno de nosotros y hacer surgir un grito, un llanto, un gemido que es ya una oración, si bien imperfecta. La verdadera maravillosa oración es la de alabanza. En este sentido también María es maestra. Ella en su cántico alaba a Dios y le agradece por todo lo que ha recibido.

Pero, además del Espíritu Santo y la Santísima Virgen, aquí en la tierra es difícil de encontrar verdaderos maestros de oración. Hay personas que nos dan la posibilidad de interrogarnos acerca de la oración y a veces puede ser útil que alguno nos cuente su experiencia. Pero después, si la oración es realmente, como decía Carlo Carretto, “hacer el amor con Dios”, entonces tampoco la guía basta; es más, a menudo podría ser un obstáculo para una relación que es sólo nuestra, a nuestra relación nupcial. No es suficiente hablar continuamente de Dios en nuestros encuentros, es necesario sentir su presencia y ponernos, como María, a la escucha de su palabra.

Existen muchas maneras de rezar

En el primer libro de Samuel se cuenta la historia de Ana, mamá de Samuel, y de cómo el profeta Helí, observándola rezar, se convence de que la mujer estaba borracha porque el profeta la veía mover solamente los labios. Helí la creyó borracha y la reprendió (1Sam 1,9-18). En realidad Dios escuchó su llanto de mujer estéril y aquella oración mascullada por una persona marginada por ser incapaz de generar hijos: Ana dio a luz a Samuel.

Otras veces asistimos a oraciones solemnes, desde el punto de vista de la liturgia casi perfectas, donde no es difícil ver a los participantes conmoverse hasta las lágrimas. Pero, ¿ quién puede decir que estas celebraciones sean mejores a los ojos de Dios que aquellas proferidas por Ana?.

El profeta Amós advertía sobre un cierto modo muy exterior de rezar: “Así dice el Señor: Yo detesto, rechazo sus fiestas y no me agradan sus reuniones, incluso si me ofrecen holocaustos, no me gustan sus dones y las víctimas engordadas como pacificación Yo no las miro. Alejen de mí el resonar de tus cantos” (Am. 5,21-23).

Los sicólogos y sociólogos ateos podrían deducir del comportamiento de Ana dos conclusiones; la primera, la misma del profeta Helí: “¡está borracha!”, la segunda, de acuerdo con nuestros tiempos, colocaría a Ana en el número de personas ignorantes, las cuales, incapaces de una auténtica oración, se pueden conformar con prácticas inocuas pero inútiles, como el Rosario. En cambio la oración de Ana es verdadera: aún si aparentemente es incomprensible, susurrada con los labios, quizás también como atontada por el sueño, es la oración que alcanza a Dios. En vez, aquellas que nosotros consideramos grandiosas manifestaciones, clamorosos signos de un esperado despertar religioso, imponentes demostraciones de triunfo cristiano, pueden convertirse en abominables a los ojos del Señor, prácticas exteriores incapaces de instaurar un diálogo auténtico con Dios.

En realidad nadie puede decir: “recé bien, o recé mal”.

Excusas para no rezar

Todos hemos conocido gente que sostiene que es mejor no rezar que hacerlo mal. Y hemos escuchado a otros sostener que para rezar es necesario sentirlo, tener ganas. Estos son los sostenedores de la “autenticidad”. Si no se es auténtico no se es. Para mí esta gente no tiene ganas de hacer nada y mucho menos de rezar. Piensen en una mamá que diga a su hijo: “mamá es una mujer auténtica y ya que no tengo ganas de prepararte la comida me voy a dormir”.

Quien razona así no sabe, o no quiere saber, que cosa es el deber. La oración es la primera respuesta que tiene el cristiano hacia su Creador. Ella no depende de los estados de ánimo personales. No se puede rezar sólo cuando se tiene ganas. En este caso se termina por transformar la oración en un gesto estético, en una actividad emotiva. La oración cristiana es una actividad que tiene una objetividad esencial y no depende del individuo si es verdad que el protagonista de la oración es el Espíritu. En consecuencia la autenticidad de la oración no depende de nuestro estado de ánimo. A menudo es una dura lucha en la cual participa todo el ser: cuerpo y alma.

No tengo tiempo para rezar

La tarea que tenemos como predicadores es aquella de reafirmar, con fuerza, nuestro dominio sobre el tiempo. El hombre es patrón de su tiempo y no al revés.

El tiempo es un ídolo de nuestra cultura, una fuerza que nos domina y nos obliga a ponernos a su servicio. El cristiano, por el contrario, debe tener el coraje de afirmar con las palabras y con la vida su dominio sobre el tiempo. Cuidado con dejarnos arrastrar por los eventos y por el tiempo que transcurre. Debemos defender con fuerza un espacio de tiempo para dedicar al diálogo con Dios, a la oración. Lo se pueden dedicar a esta relación con el creador los retazos de tiempo, es necesario consagrarle un momento preciso y privilegiado de la jornada. No es suficiente sostener que he rezado cuando hice bien mi deber. Nadie se casaría con una persona que hace bien su trabajo, pero después no hace nunca una caricia, no habla con su mujer, con su hijo o con su amigo, no les brinda su propio tiempo.

Es verdad que en nuestra sociedad, en nuestra vida de gente de ciudad, todo contribuye a que nunca haya tiempo para detenerse, pero yo estoy convencido que los ociosos, aquellos que tienen tanto tiempo a su disposición, tampoco son hombres y mujeres de oración. Supe que el padre Lagrange, el fundador de la escuela bíblica de los Dominicos en Jerusalén, todos los días encontraba tiempo para estudiar la Biblia, leer los diarios y rezar el Rosario. En los años en los que fui promotor del Rosario tuve una celadora, entre las más activas, que tenía once hijos y a quien le preguntara de donde sacaba el tiempo para ir a misa y decir el Rosario entero todos los días, respondía imperturbable: “¿Cómo haría con once hijos si no tomara fuerza de la Eucaristía y del rezo del Santo Rosario?”.

Entiendo que este “cara a cara” es fatigoso y, a veces, provoca cansancio, pero es juestamente a partir de este cansancio que debe iniciarse el esfuerzo de comunicación en la fe con el Señor. Sólo entonces sabremos liberarnos del ritmo frenético de la vida y encontraremos en el diálogo interior la paz y la unidad de nuestra persona. Por otro lado la oración no tiene justificaciones, como tampoco las tiene el amor. Para el creyente, para quien tiene fe o la busca atientas, es natural encontrarse en la oración. San Basilio le escribía a un amigo: “Si me amas, háblame; si no tienes nada que decirme, háblame lo mismo para decirme que no tienes nada que decirme, pero háblame lo mismo”.

Hay días en que mi Rosario brota como un torrente que baja alegre hacia el valle; otras veces me parece un río calmo y majestuoso, pero hay días en los cuales no veo sino pantanos alrededor mío, y sin embargo no claudico, me canso, pero permanezco fiel al compromiso asumido. A veces me adormezco rezando el Rosario y las primeras veces que sucedió tuve escrúpulos; luego me dije que era y es hermosísimo adormecerme con el Rosario en la mano.

¿Oración o acción?

Siempre que hablo con educadores que están convencidos que la acción es más eficaz que la oración, me pasa por la mente la mamá de Samuel.

La polilla que está carcomiendo nuestra sociedad se llama todavía, como en la época de Adán, orgullo: orgullo de poder hacer por cuenta nuestra, orgullo de excluir a Dios de nuestro obrar. Constato en muchas personas un esfuerzo sincero por ayudar al hermano más pobre y menos dotado, pero no veo un compromiso igualmente serio en la búsqueda de la verdad. El riesgo está en que, habiendo partido seguros de encontrar a Dios, no se encuentre más que camaradería y se profesen solamente pseudo evangelios. Sólo la verdad en la caridad nos hace libres.

Siempre hay personas que pretenden interpretar el Evangelio claramente, y otros, sobre todo jóvenes que necesita seguridades. Para los primeros todo está claro y aquello que sabe a viejo es descartado. Así entre las cosas viejas para tirar, sobre las cuales ni siquiera se tiene dudas, encontramos el sentido mismo de la oración y, con la oración, las devociones llamadas secundarias como el Rosario. Aquellos a menudo sostienen que es mejor trabajar media hora por un hermano necesitado que decir por media hora una serie de Ave Marías. Es cierto que el trabajo es algo que podemos controlar y es una obra visible que, en cierto modo, nos recompensa enseguida. No es así con la oración por cuanto confiamos a Otro el bien mayor que se ha hecho. Ciertamente hay cosas que se hacen con la oración y otras que es necesario hacer con nuestro trabajo.

El Rosario es una oración difícil

Una objeción que se siente a menudo es que el Rosario es una oración árida, que facilita la distracción, que es monótona.

Cada oración que sale del corazón y de la inteligencia, antes o después, pasa por la aridez, por la distracción, por la monotonía. Es el momento de la fe que cree pero que no ve.

Santo Tomás definió la fe como un “consentimiento dado por la inteligencia a la verdad divina bajo el impulso de la voluntad movida por la gracia de Dios”. En la oración (cualquier oración) antes o después se hace la experiencia del silencio de Dios, de su discreción. La oración no es la ficha mágica que una vez introducida en la rocola (pasadiscos) nos hace sentir la voz de Dios. Ella nos pone en contacto con lo Invisible. ¿Por qué sorprendernos entonces si no se lo ve?. Nos pone en diálogo con lo Inaccesible, lo Absoluto; ¿por qué entonces sorprenderse si Dios responde a nuestra llamada como Dios?.

También los hebreos esperaban una respuesta a sus oraciones y la habían formulado: “Mándanos un Liberador, un Poderoso que con su brazo destruya a todos los enemigos de Israel”. Dios responde a esta espera, pero no de la manera en que los hebreos se esperaban. Manda un Liberador que se hace siervo, y, en el cúlmen de su popularidad y de su fuerza, se deja crucificar.
El Rosario, como cualquier otra oración, puede volverse árida porque nos hemos hecho una idea de Dios proporcionada a nuestra pequeñez, y en esta presunta imagen de Dios introducimos nuestros egoísmos, proyectamos nuestros deseos terrenales y también nuestra comodidad. ¿Entonces, por qué sorprendernos por la aridez?. Dios responde, pero nosotros que lo esperábamos a la derecha, no logramos reconocerlo cuando se manifiesta a la izquierda. La aridez es no lograr verlo en ninguna parte.

Lo mismo para la distracción y la monotonía. El Rosario ciertamente sufre estos límites, que en el fondo no son límites de la oración en sí misma, sino límites de nuestra sicología y de nuestra fe. Sólo personas orgullosas pueden presumir del hecho de que su oración es inmune a las distracciones. El hombre es aquel que es, y es sabio reconocer la propia vulnerabilidad y debilidad.

La perfección que nos pide Dios no es el perfeccionismo que exigimos nosotros, sino aquella que conoce la humildad y la alegría del perdón, la exaltación del esfuerzo y de la lucha contra nuestras propias mezquindades. Sólo Dios es perfecto, sólo Dios es victorioso... Él no nos pide la victoria sino el esfuerzo cotidiano, incesante y sincero hacia Él.

Por otra parte, la monotonía del Rosario está encuadrada en la monotonía de la vida, confrontada con aquella del corazón que, desde el nacimiento hasta la muerte, repite el mismo latido. Ninguno jamás diría que el ritmo del corazón es monótono y carente de vida... al contrario, sus monótonas pulsaciones son signo de vida.

No existen oraciones más o menos inteligentes, y no se puede creer a quien deja el Rosario porque encontró una oración menos monótona y más inteligente. Si, por alguna extraña magia, se pudiera sumar en un individuo toda la inteligencia de la humanidad, de frente a Dios tendríamos todavía a una criatura, nada, y su ciencia sería necedad a los ojos del Eterno.

No se llega a la oración a través de la inteligencia, y nadie nunca podrá convencernos de haber encontrado la oración sin distracciones y sin monotonías.

La oración es el misterio del corazón del hombre, sediento de su Creador: acto de humildad, acto de amor que los metros de esta tierra nunca podrán medir, porque pertenece a lo eterno.

El Rosario oración de fe

“Recen siempre sin interrupción” (Lc.18,1) nos recomienda la Escritura, y hoy más que nunca es importante rezar para evitar que el cristianismo se reduzca solamente a acción y exterioridad, y la caridad evangélica a pura filantropía. El Rosario es una oración que ofrece una rápida síntesis de todo el misterio salvífico, por lo tanto de la fe.

El cardenal Newmann definió al Rosario: “Un credo hecho oración”, y en este maravilloso y atormentado tiempo postconciliar es más que nunca necesario aferrarse a nuestra fe que es capaz de dar un sentido y una finalidad a nuestra carrera.

El Rosario, en cuanto contemplación del misterio de la salvación, nos lleva a verificar nuestra vida sobre la llamada de Dios al amor. Y de esta manera él se introduce plenamente dando un sentido de plenitud a nuestro obrar.

Con él nos dirigimos a Dios llevándole, a través de María, a nosotros mismos. Tomemos confiados la mano de la Virgen y pidámosle que nos lleve a Jesús. Y a ella, primera entre todos los creyentes, pidámosle de hacernos revivir aquello que ella ha vivido.

El Rosario nos hace caminar con María y maternalmente nos introduce en el misterio mismo de la Trinidad, misterio clarificado en nosotros por Jesucristo, del cual ella es la Madre.

Renovar el modo de presentar el Rosario

El discurso que, sobre todo nosotros dominicos, debemos hacer sobre la oración en general y sobre el Rosario en particular, debe renovarse, siendo nosotros los primeros en tener las ideas claras sobre el valor intrínseco de esta devoción.

No se considera a ningún cirujano brillante y competente solamente porque va a distintas universidades a dictar clases magistrales, sino que adquiere estima cuando se lo ve ejercitar de manera excelente la cirugía. En este caso sus conferencias tienen validez. Lo mismo ocurre para quien habla de la oración pero no la vive en primera persona. Un discurso sobre el Rosario es tanto más válido cuanto más lo vive aquel que lo predica.

Mi padre, que era un obrero modesto, un día sintiendo predicar a un sacerdote sobre el valor de la oración me dijo: “Aquel predicador piensa que yo puedo creer aquello que él no cree”. Parece un juego de palabras, pero es una gran verdad. Los otros se dan cuenta si somos hombres y mujeres de oración.

De todas maneras, el Papa Juan Pablo II con su carta pastoral nos invita a renovar el Rosario. Ya Pablo VI en su exhortación Apostólica Recurrens mensis october abrió el camino a esta renovación. El Papa Montini sostenía que no sólo se podía modificar la presentación de los Misterios, sino también la forma misma, que quedó fijada en el tiempo de San Pío V.

El Concilio Vaticano II nos dió una primera orientación general para la renovación del Rosario donde se dijo, de modo general para las prácticas de piedad: “Que se ordenen de modo de estar en armonía con la sagrada Liturgia, que de ella extraigan de algún modo inspiración y a ella (...) conduzcan al pueblo cristiano”. (S.C.n. 13).

Otra orientación nos llega del Concilium para la liturgia, que, en una respuesta a una determinada cuestión, afirma: “Este ejercicio de piedad necesitaría ser reconsiderado, a fin de que hubiera más armonía entre la palabra y el pensamiento durante la oración”.

Juan Pablo II, renovando el antiguo Salterio mariano no abolió la forma tradicional aprobada por los siglos y todavía radicada en tantas partes de nuestro pueblo, sobre todo de una cierta edad. El Papa se limitó a presentar los misterios con una mayor variedad.

Nosotros en Italia hemos intentado una renovación que a nuestra forma de ver salvaba la estructura esencial del Rosario. Se las propongo así como fue estudiada y puesta en práctica:
a) Breve lectura apropiada al inicio de cada misterio, con una pequeña pausa de reflexión.
b) Rezo del Padrenuestro y del Gloria respectivamente sólo al inicio del Rosario y al final, o – como en la forma tradicional – al inicio y al final de cada decena.
c) Rezo de la parte bíblica de cada Ave María, hasta el nombre de Jesús inclusive, postergando la parte implorativa (Santa María) al término de cada decena.
d) Para recordar el misterio que meditamos junto a María, se puede agregar – si se quiere – al nombre de Jesús una breve cláusula ilustrativa (por ej. Jesús, que en ti se encarnó), como se usa desde siempre en algunas partes del mundo.
e) Para hacer más vivo el Rosario y orientarlo hacia particulares necesidades personales o sociales, antes de rezar el “Santa María”, se puede anteponer una breve intención.

En esta nueva forma se abre también la posibilidad de ensanchar la visión contemplativa del Rosario, dirigiendo la atención sobre otros momentos de la historia de la salvación o incluidos en la virtualidad del misterio-tipo o con él en cualquier modo conectado.
Esta forma, más simplificada, más ágil, con sus posibilidades de adaptación a las más variadas circunstancias y a los más variados ambientes, puede evitar la multiplicación confusa de nuevas formas demasiado alejadas a la original, e impedir que el Rosario permanezca encerrado en los ambientes tradicionales.

La simplificación de la parte vocal está ordenada para producir un ritmo más calmo en la repetición y a favorecer la contemplación reduciendo la excesiva diversidad de palabras, que mejor se armonizan con el espíritu que medita. “La contemplación, de hecho, es una actividad especialísima del espíritu: ella es más un esfuerzo de presencia que de penetración. Nosotros no conoceríamos el misterio de Dios si no nos llega desde lo alto. Donde está esta actitud de “atención” receptiva, de presencia de Dios. El espíritu debe moverse lo menos posible. Se trata de amar. Tanta diversidad de palabras sería aquí un prejuicio. El espíritu, en vez, necesita utilizar siempre las mismas palabras, para evitar toda distracción. Él se mantiene lo más inmóvil que puede ante la presencia de su Dios. Y las palabras que pronuncia, siempre las mismas, son entonces como un llamado discreto a aquel que sólo lo puede iluminar” (Eyquem-Laurenceau).

La simplificación de la parte vocal responde también a una ley de la oración de repetición que es tanto más eficaz cuanto más breve y simple sea la fórmula. Se sabe que los orientales confían gustosos su alma religiosa a breves oraciones repetidas lentamente y durante mucho tiempo. Se sabe que los lemas regulares y repetidos crean alrededor del hombre un cinturón de protección meditativo. (M. Ward).

Simplificación del Ave María

En particular, la simplificación del Ave María sólo a la parte bíblica durante la fase propiamente letánica (o de repetición), reservando al Santa María la función de concluir la contemplación de cada decena, pone de relieve la bella súplica mariana, surgida del corazón de la Iglesia, es decir, en una posición análoga a aquella del Padrenuestro. Y así, al inicio de la contemplación está la invocación al Padre de las luces; al final se encuentra la invocación a la Madre, sede de la sabiduría.

Concretamente, el uso de aportar cláusulas recurrentes y adecuadas en el rezo de cada Ave María puede ayudar a representar en la mente el misterio que se desea contemplar.
El misterio cristiano no está detrás nuestro, sino adelante: está vivo, presente y operante.

EL ROSARIO Y MARÍA

Otro factor importante para difundir el santo Rosario consiste en focalizar la figura de la Madre de Jesús. El Rosario, de hecho, es una oración cristológica porque el personaje principal no es la Virgen sino Jesús.
Es Él el que es anunciado, llevado a Isabel, que nace en Belén, es llevado al templo y en este mismo templo reencontrado (Misterios Gloriosos).
Es Él el que anuncia el Reino (Misterios Luminosos).
Es todavía Él quien sufre y muere sobre la cruz (Misterios Dolorosos).
Y finalmente, es siempre Jesús que resucita, que sube al cielo, que manda el Espíritu Santo, que glorifica a su Madre y a sus discípulos (Misterios Gloriosos).

Pero atención, porque bajo otros aspectos el Rosario es también una oración que hacemos CON MARÍA. En consecuencia es absolutamente necesario, también desde el punto de vista ecuménico, introducir la figura de la Madre de Jesús en el plano de la salvación obrada por su divino Hijo. María tiene sentido y una función importantísima sólo en la Iglesia, es errado separarla de la Iglesia y hacer de ella casi una cuarta persona de la Trinidad. La justa colocación de la Santísima Virgen María no perjudica su culto, es más, lo refuerza y da a esta criatura el lugar que le compete en el plano de la salvación (ver el Concilio Vaticano II en el capítulo VIII de la Lumen Gentium).

En el Rosario, antes de este ajuste evangélico querido por el Papa, se repetía 150 veces el Ave María. Ahora, este título se repite 200 veces. Quien reza el Rosario, sabe o debería saber que el Arcángel Gabriel no se dirige a María llamándola por su nombre, sino que le dice simplemente “llena de gracia” o “colmada de gracia”. No dice: “alégrate María”, sino: “alégrate llena de gracia”. Es muy importante para nuestra gente saber que la identidad más profunda de María está en la gracia. María es aquella que es querida por Dios. La gracia de María está justamente en función de su misión, pero no se acaba en ella. El Ángel, llamándola “Llena de Gracia”, proclama en Ella que antes que nada, en las relaciones entre Dios y las criaturas, está la gracia. La gracia es, por lo tanto, el terreno y el lugar en el cual la criatura puede encontrar a su Creador.

Rezar con María significa confrontarse con un modelo y vivir, siguiendo su ejemplo, nuestra relación personal con Dios. Significa confrontarse con Jesús, su hijo.

Redescubrir a María a través del Rosario significa redescubrir una dimensión profunda de la oración: la actitud verdadera del cristiano respecto a su Dios: una amorosa contemplación. El “sí” de la anunciación es el inicio de un diálogo que pasa a través de alegrías y dolores hasta la gloria de los santos, un diálogo que nos salva en el amor como fue para María.

Otra advertencia: es importante no forzar el sentimiento. Es necesario recordar que la Virgen María no es la parte sentimental de nuestra oración. Solamente cuando se logre focalizar el problema de la necesidad de la oración y explicar bien el significado y la función de la Virgen en el misterio de Cristo, se podrá hablar del Rosario.

Es todavía necesario prestar atención y no hablar del Rosario a la gente que no está preparada. Es bueno saber que el Rosario es siempre un punto de llegada para un alma enamorada y contemplativa, nunca un punto de partida.

Yo sostengo con fuerza que cuando un alma vive, con amor y continuamente esta devoción, ya ha recorrido un gran camino espiritual.

La carta apostólica de Juan Pablo II sobre el Rosario.

Como ya dije antes, hubo quien se perturbó ante el hecho de que el Papa, de algún modo, cambió la estructura del Rosario. En verdad agregó solamente algo. Para estos amantes del inmovilismo también cambiar de lugar una sola coma significa traicionar la tradición. Yo siempre temo a los que sostienen: “se hizo siempre así”.

Leí las críticas a esta innovación de los misterios de la Luz que me parecen pretextos. Es verdad que san Pío V llamó al Rosario, compuesto por 150 Ave Marías (como 150 son los Salmos): “El Salterio de la Virgen María”. Pero este agregado no altera la naturaleza del Rosario que permanece como oración letánica, simple y profunda.

Lo que el Papa modificó levemente es la forma paulina que le había dato el Beato Alano de la Roche (1428-78). Esta forma correspondía al himno cristológico de la carta a los Filipenses (2,5-11) “Cristo Jesús, aún siendo de naturaleza divina(...) se despojó a sí mismo asumiendo la condición de siervo (misterios gozosos), siendo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (misterios dolorosos). Por esto Dios lo exaltó (misterios gloriosos)”.

El himno de Pablo considera tres aspectos del misterio de Jesús: la encarnación, la pasión, la glorificación, dejando de lado la vida pública de Jesús. El Papa, agregando los misterios de la luz pasa del esquema paulino:
encarnación – pasión – glorificación,
al esquema evangélico:
encarnación – vida pública – pasión – glorificación.

La innovación aportada por el Papa consiste en introducir en los misterios del Rosario también la vida pública de Jesús que san Pablo no trata nunca en su magisterio.

Otra innovación es la capacidad del Papa de hacer, si fuera posible, aún más mariana esta oración. Juan Pablo II, después de haber introducido su pensamiento subrayando la importancia de la oración del Rosario y haber evidenciado el valor y su amor personal, ve todo con los ojos de la Santísima Virgen. Es ella el modelo, los recuerdos son suyos, ella la maestra, ella el apóstol por excelencia, tanto que para el Papa los misterios de Cristo son los misterios de la madre.
Si el apóstol Pablo puede decir: “Es Cristo que vive en mí”, con mayor razón toda la vida de María está en comunión con su divino Hijo. María vive con los ojos sobre Cristo y atesora cada palabra suya.

Juan Pablo II, hablando de los recuerdos de María, parece revivir en primera persona la experiencia de la Virgen. El ve con los ojos de María al Señor Jesús. Por María dice el Papa: “Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la acompañaron en cada circunstancia, llevándola a recorrer con el pensamiento los diversos momentos de su vida junto a su Hijo. Estos recuerdos constituyeron, en cierto sentido, el Rosario que Ella misma constantemente recitó en los días de su vida terrena”. Después el Papa subraya que: “La comunidad cristiana cuando reza el Rosario, se sintoniza con el recuerdo y la mirada de María”.

El Papa, como mucho de sus predecesores, ve en el Rosario un método válido, que siempre puede ser mejorado, pues responde a las exigencias típicas de la especificidad cristiana.
Si el Rosario es “contemplar con los ojos de María la vida de Jesús”, el Papa no ha cambiado nada porque nadie más que la Madre puede hablarnos de la vida pública de Jesús. Llamar a este agregado “misterios de la luz” me parece una solución muy feliz porque, dice el Papa “es en los años de la vida pública que el misterio de Cristo se muestra a título especial como misterio de luz: “mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo””. ¿Y quién más que María fue iluminado por aquella luz?.

BREVE ANALISIS DE LOS MISTERIOS DE LA LUZ

El bautismo de Jesús da inicio a su vida pública. Precisamente se ubica como el primero de los misterios de la luz. Con él, quien reza, puede fijar su atención sobre la voz del Padre que revela: “Este es mi Hijo muy amado, escúchenlo”; o bien puede contemplar a Jesús que se ubica en la fila como todos los otros solidarizándose con los pecadores, o también puede pensar en su propio bautismo...

En las bodas de Caná Jesús manifiesta su gloria tanto que sus discípulos creen en Él. Resplandece la figura de María que intercede para que la fiesta continúe siendo fiesta. Son espléndidas y reconfortantes sus palabras: “ Hagan todo lo que Él les diga”. Palabras éstas que el Papa pone como trasfondo de los cinco misterios de la luz.

En el tercer misterio Jesús anuncia el Reino. Hecho consolador para cada uno de nosotros porque este anuncio continúa a través del magisterio de la Iglesia.

El cuarto misterio, la Transfiguración, que por un lado nos invita a reavivar nuestra fe en la divinidad de Jesús, por el otro nos exhorta también a transfigurar nuestras personas llamadas a hacer visible a Jesús en la tierra; además la Transfiguración nos puede ayudar a tomar coraje, como sucedió con Pedro, Santiago y Juan para poder afrontar con fidelidad todas las pruebas que la vida nos deparará.

En el quinto misterio de la luz contemplamos la institución de la Eucaristía. Esta es verdaderamente una fuente extraordinaria de riqueza, en la cual el corazón y la inteligencia pueden dar espacio a los propósitos de participar con creciente conciencia y atención en la Santa Misa, hasta sentirnos partícipes del canto de alabanza que con Jesús elevamos al Padre.

Concluyendo

La verdadera dificultad del Rosario no está en el agregado de los misterios de la luz. Quizás soy pesimista, pero no serán las cartas apostólicas, espléndidas como ésta, ni uno ni cien congresos, los que harán amar nuevamente esta oración. Es necesario que el Rosario vuelva a ser, no sólo el “Breviario de los simples” sino también el carril sobre el que debe circular la devoción de cada obispo, de cada religioso, de cada hermana o monja.

Deseo concluir esta conversación con un pensamiento de Juan Pablo II a los jóvenes:
“Constantemente en mi vida experimenté la presencia amorosa y eficaz de la Madre del Señor”. “No se avergüencen de rezar el Rosario solos, mientras van a la escuela, a la universidad, al trabajo, por la calle o en los medios de transporte público, acostúmbrense a rezarlo entre ustedes, en sus grupos, movimientos y asociaciones; no duden en proponer el rezo en casa, a sus padres, pues él reaviva y consolida los vínculos entre los miembros de la familia. Esta oración les ayudará a ser fuertes en la fe, constantes en la caridad, gozosos y perseverantes en la esperanza”.

Signum Magnum (Pablo VI)

Exhortación Apostólica de Pablo VI
Sobre el culto que debe tributarse a la Bienaventurada Virgen María,
Madre de la Iglesia y modelo de todas las virtudes.
En el 50º Aniversario de las Apariciones de Fátima
13 mayo de 1967



1. Señal grande -la que el apóstol San Juan vio en el cielo: una Mujer vertida de sol-1 que la sagrada liturgia, no sin razón, interpreta como refiriéndose a la beatísima Virgen María, Madre de todos los hombres por la gracia de Cristo Redentor.

2. Está todavía vivo en nuestro espíritu, venerables hermanos, el recuerdo de la gran emoción experimentada al proclamar a la augusta Madre de Dios Madre espiritual de la Iglesia 2, esto es, de todos los fieles y de los sagrados pastores, como coronamiento de la tercera sesión del Concilio Ecuménico Vaticano lI, luego de haber promulgado solemnemente la Constitución dogmática Lumen gentium3.

3. Grande fue también la alegría, tanto de muchísimos Padres Conciliares como de los fieles presentes en el sacro rito en la basílica de San Pedro y de todo el pueblo cristiano esparcidos por el mundo. Entonces volvió, espontáneo, a la mente de muchos el recuerdo del primer grandioso triunfo logrado por la humilde Esclava del Señor, cuando los Padres de Oriente y de Occidente, reunidos en Concilio Ecuménico, en Éfeso, el año 431, proclamaron a María Theotokos: Madre de Dios. Con jubiloso entusiasmo de fe, a la alegría de los Padres se asociaron los cristianos de la ciudad, que con antorchas les acompañaron hasta sus moradas. ¡Oh!, con qué maternal complacencia, en aquella hora gloriosa para la historia de la Iglesia, la Virgen María habrá mirado a pastores y fieles, reconociendo en los himnos de alabanza alzados en honor principalmente del Hijo, y luego en honor suyo, el eco del profético canto que Ella misma, bajo el impulso del Espíritu Santo, había elevado al Altísimo: Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humildad de su esclava, y por eso, desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada; porque grandes cosas ha hecho en mí el Poderoso5.

4. Tomando ocasión de las solemnidades religiosas -como honra a la Virgen Madre de Dios- que estos días se desarrollan en Fátima, en Portugal, donde numerosas multitudes de fieles la veneran por su Corazón maternal y compasivo6, Nos deseamos, una vez más, llamar la atención de todos los hijos de la Iglesia sobre el inseparable lazo existente entre la maternidad espiritual de María, tan ampliamente ilustrado en la Constitución dogmática Lumen gentium7, y los deberes de los hombres redimidos hacia Ella, como Madre de la Iglesia.

5. Porque, una vez admitido, en virtud de los numerosos testimonios ofrecidos por los sagrados textos y por los Santos Padres recordados en la ya citada Constitución que María, Madre de Dios y Redentor 8, le ha estado unida por un vínculo estrecho e indisoluble9, y que ha tenido una singularísima función... en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo Místico10, esto es en la economía de la salvación11, aparece evidente que la Virgen, no tan sólo como Madre santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo12, sino también como Madre de la Iglesia13, justamente es honrada por la Iglesia con especial culto14, singularmente litúrgico15.

6. Ni es de temerse que la reforma litúrgica -si se realiza conforme a la fórmula: La ley de la fe debe establecer la ley de la oración 16- pueda resultar en detrimento del culto totalmente singular17 debido a María Virgen por sus prerrogativas, entre las que sobresale la dignidad de Madre de Dios. Mas tampoco, por el contrario, ha de temerse que el incremento del culto, tanto litúrgico como privado, a Ella tributado, pueda oscurecer o disminuir «el culto de adoración, que se tributa al Verbo encarnado, así como al Padre y al Espíritu»18.

7. Por lo tanto, sin querer ahora, venerables hermanos, plantear de nuevo en su conjunto la tradicional doctrina relativa a la función de la Madre de Dios en el plano de la salvación y las relaciones de Ella con la Iglesia, creemos hacer cosa de gran utilidad a las almas de los fieles, si Nos detenemos a considerar dos verdades muy importantes para la renovación de la vida cristiana.



I. Culto debido a María como Madre de la Iglesia

8. Ésta es la primera verdad: María es de la Iglesia no sólo porque es Madre de Jesucristo y su intimísima Compañera -«Es el momento en que el Hijo de Dios tomó de Maria la naturaleza humana para librar al hombre del pecado por medio de los misterios vividos en su carne»19-, sino también porque «brilla como modelo de virtudes ante toda la comunidad de los elegidos»20. Porque, así como toda madre humana no puede limitar su misión a la generación de un nuevo hombre, sino que debe extenderla a las funciones de la alimentación y de la educación de la prole, lo mismo hace la bienaventurada Virgen María. Después de haber participado en el sacrificio redentor del Hijo, y ello en modo tan íntimo que mereció ser proclamada por Él Madre no sólo del discípulo Juan, sino -permítasenos afirmarlo- del género humano representado de alguna manera por él21. Ahora, desde el cielo, continúa cumpliendo su maternal función de cooperadora en el nacimiento y en el desarrollo de la vida divina en cada una de las almas de los hombres redimidos. Ésta es una muy consoladora verdad, que por libre beneplácito del sapientísimo Dios forma parte integrante del misterio de la humana salvación: por ello ha de mantenerse como de fe por todos los cristianos.

9. Mas ¿de qué modo coopera María al incremento de los miembros del Cuerpo Místico en la vida de la gracia? Ante todo, mediante su incesante plegaria, inspirada por una ardentísima caridad. Porque la santísima Virgen, aunque radiante de alegría por la visión de la augusta Trinidad, no olvida a sus hijos que, como Ella, un día avanzan en la peregrinación de la fe22; más aún, contemplándolos en Dios y viendo bien sus necesidades, en comunión con Jesucristo, que está siempre vivo para interceder por nosotros23, se hace para ellos su Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora 24. De esta su ininterrumpida intercesión junto al Hijo por el Pueblo de Dios, la Iglesia ha estado persuadida ya desde los primeros siglos, como lo atestigua esta antiquísima antífona, que, con alguna ligera diferencia, forma parte de la plegaria litúrgica tanto de Oriente como de Occidente: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, mas líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita25. No se piense que la maternal intervención de María sea en perjuicio de la eficacia predominante e insustituible de Cristo, Salvador nuestro; por el contrario, ella (la intervención) saca de la mediación de Cristo su propia fuerza y es una prueba luminosa de la misma26.

10. Mas la cooperación de la Madre de Dios al desarrollo de la vida divina en las almas no se agota con el patrocinio junto al Hijo. Ella ejerce otro influjo en los hombres redimidos: el del ejemplo. Influjo, en verdad, muy importante, conforme a la conocida frase: Verba movent, exempla trahunt (Las palabras mueven, los ejemplos arrastran). Porque, así como las enseñanzas de los padres adquieren una eficacia aún mucho mayor cuando van convalidadas por el ejemplo de una vida conforme a las normas de prudencia humana y cristiana, así la dulzura y el encanto que emanan de las excelsas virtudes de la Inmaculada Madre de Dios atraen en forma irresistible a las almas hacia la imitación del divino modelo, Jesucristo, cuya más fiel imagen ha sido Ella misma.

11. Por ello, el Concilio ha declarado: «La Iglesia, reflexionando piadosamente sobre ella y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración, penetra más profundamente en el supremo misterio de la Encarnación y se identifica más y más a su Esposo»27.

12. Conviene, además, tener presente que la eminente santidad de María no fue tan sólo un don singular de la divina liberalidad: fue también el fruto de la continua y generosa correspondencia de su libre voluntad a las internas mociones del Espíritu Santo. Y en razón de la perfecta armonía entre la gracia divina y la actividad de su naturaleza humana es como la Virgen dio suma gloria a la Santísima Trinidad y se ha convertido en gloria insigne de la Iglesia, como ésta la saluda en la sagrada liturgia: Tú (eres) la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el honor de nuestro pueblo28.

13. Admiremos ahora, en las páginas del Evangelio, los testimonios de tan sublime armonía. María, luego que por la voz del ángel Gabriel fue asegurada de que Dios la elegía para Madre inmaculada de su Unigénito, sin dudar un momento dio su propio consentimiento a una obra que habría de empeñar todas las energías de su frágil naturaleza: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra29. Desde aquel momento se consagró Ella toda entera al servicio no tan sólo del Padre celestial y del Verbo encarnado, hecho Hijo suyo, sino también al (servicio) de todo el género humano, habiendo comprendido bien que Jesús, además de salvar a su pueblo de la esclavitud del pecado, habría de ser Rey de un Reino mesiánico, universal e imperecedero30.

14. Por esto, la vida de la inmaculada Esposa de José, Virgen en el parto y después del parto -como siempre ha creído y profesado la Iglesia católica31 y como convenía a la que había sido elevada a la incomparable dignidad de la divina maternidad32-, fue una vida de tan perfecta comunión con el Hijo, que compartió alegrías, dolores y triunfos. Y también, después de la ascensión de Jesús al cielo, Ella permaneció unida a Él con ardentísimo amor, mientras con fidelidad cumplía la nueva misión de Madre espiritual del discípulo amado y de la naciente Iglesia. Puede, por lo tanto, afirmarse que toda la vida de la humilde esclava del Señor, desde el momento de ser saludada por el ángel hasta su asunción en alma y cuerpo a la gloria celestial, fue una vida de amoroso servicio.

15. Nos, por lo tanto, asociándonos a los evangelistas, a los Padres y a los doctores de la Iglesia, recordados por el Concilio Ecuménico en la Constitución dogmática Lumen gentium (cap. VIII), llenos de admiración contemplamos a María firme en la fe, pronta a la obediencia, sencilla en la humildad, exultante en ensalzar al Señor, ardiente en la caridad, fuerte y constante en cumplir su misión hasta el holocausto de sí misma, en plena comunión de sentimientos con su Hijo, que sobre la cruz se inmolaba para dar a los hombres una nueva vida.

16. Ahora bien; ante tanto esplendor de virtudes, el primer deber de cuantos en la Madre de Dios reconocen el modelo de la Iglesia es el de unirse a Ella en dar gracias al Altísimo por haber obrado en María cosas grandes para beneficio de toda la humanidad. Mas esto no basta. Deber también de todos los fieles es tributar a la fidelísima Esclava del Señor un culto de alabanza, de gratitud y de amor, porque, conforme a la sabia y dulce disposición divina, su libre consentimiento y su generosa cooperación a los planes de Dios han tenido, y tienen todavía, una gran influencia en el cumplimiento de la humana salvación33. Razón por la cual todo cristiano puede hacer suya propia la invocación de San Anselmo: Oh gloriosa Señora, haz que por mediación tuya merezcamos ascender a Jesús, tu Hijo, que por medio de Ti se dignó descender hasta nosotros34.



II. Devota imitación de las virtudes de María Santísima

17. Pero ni la gracia del divino Redentor, ni la poderosa intercesión de su Madre y nuestra Madre espiritual, ni su excelsa santidad podrían conducirnos al puerto de la salvación, si a ellas no correspondiera nuestra perseverante voluntad de honrar a Jesucristo y a la Virgen Santa con la devota imitación de sus sublimes virtudes.

18. Consiguiente deber de todos los cristianos es imitar con ánimo reverente los ejemplos de bondad que les ha dejado su Madre celestial. Ésta es, venerables hermanos, la otra verdad, sobre la cual Nos place llamar vuestra atención y la de los fieles confiados a vuestra cura pastoral, para que ellos sigan dócilmente la exhortación de los Padres del Concilio Vaticano II: «Recuerden, pues, los fieles que la verdadera devoción no consiste ni en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos inclina a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes» 35.

19. Imitación de Jesucristo: ella es, indudablemente, el camino real que se ha de recorrer para llegar a la santidad e imitar, en nosotros mismos, la absoluta perfección del Padre celestial. Mas si la Iglesia católica ha proclamado siempre una tan sacrosanta verdad, a la par ha afirmado también que la imitación de la Virgen María, lejos de apartar a las almas del fiel seguimiento de Cristo, lo hace más amable, más fácil; porque, al haber cumplido Ella siempre la voluntad de Dios, fue la primera en merecer el elogio dirigido por Jesús a sus discípulos: El que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre36.

20. Vale, pues, también para la imitación de Cristo la norma general: Per Mariam ad lesum (A Jesús por María). No se turbe empero nuestra fe, como si la intervención de una criatura que nos es semejante en todo, menos en el pecado, ofenda nuestra personal dignidad e impida la inmediata intimidad de nuestras relaciones de adoración y amistad con el Hijo de Dios. Reconozcamos, más bien, la bondad y amor de Dios Salvador37, el cual, descendiendo hasta nuestra miseria, tan alejada de su infinita santidad, ha querido facilitarnos la imitación proponiéndonos el modelo de la persona humana de su Madre. Porque Ella, en efecto, entre las humanas criaturas ofrece el ejemplo más claro y más cercano a nosotros de aquella perfecta obediencia por la que nos conformamos amorosa y prontamente a los deseos del Eterno Padre; y Cristo mismo, como bien sabemos, puso en esta plena adhesión al beneplácito del Padre el ideal supremo de su conducta humana, cuando declaró: Yo hago siempre todo lo que a Él le place38.

21. Si ahora contemplamos a la humilde Virgen de Nazaret en la aureola de sus prerrogativas y de sus virtudes, la veremos brillar ante nuestra mirada como la Nueva Eva39, la excelsa hija de Sión, el vértice del Antiguo Testamento y la aurora del Nuevo, en la que se ha realizado la plenitud de los tiempos40, preordenada por Dios Padre para el envío de su Hijo Unigénito al mundo. Ciertamente que la Virgen María, más que todos los patriarcas y profetas, más que el justo y piadoso Simeón, ha esperado e implorado la consolación de Israel... el Mesías del Señor41 y luego con el cántico del Magnificat ha saludado su llegada, cuando Él descendió al castísimo seno de Ella, para en él tomar nuestra carne. Por ello, la Iglesia tiene en María el ejemplo del modo más digno de recibir en nuestros espíritus el Verbo de Dios, conforme a la luminosa sentencia de San Agustín: María fue, por lo tanto, más feliz al recibir la fe en Cristo que al concebir la carne de Cristo. De suerte que la consanguinidad materna de nada le habría servido a María, si Ella no se hubiera sentido más afortunada por acoger a Cristo en el corazón que en el seno42. Y también en Ella es donde los cristianos pueden admirar el ejemplo de cómo cumplir, con humildad a la vez que con magnanimidad, la misión que Dios confía a cada uno en este mundo, en orden a la propia salvación eterna y a la del prójimo.

22. Os exhorto, pues: Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo43. Palabras estas que, con mayor razón que el apóstol Pablo a los cristianos de Corintio, puede la Madre de la Iglesia dirigir a las multitudes de los creyentes que, en sintonía de fe y de amor con las generaciones de los siglos pasados, la proclaman bienaventurada44. Invitación a la que obligado es prestar dócil acogida.

23. Además de que un mensaje de suma utilidad parece llegar hoy a los fieles de Aquella que es la Inmaculada, la toda santa, la cooperadora del Hijo en la obra de la restauración de la vida sobrenatural de las almas45. Porque, de hecho, al contemplar devotamente a María, reciben de Ella invitación a la confiada oración, estímulo para el santo temor de Dios. E igualmente en esta elevación mariana es donde ellos oyen más frecuentemente resonar las palabras de Jesucristo cuando, anunciando la llegada del Reino de los Cielos, decia: Convertíos y creed en el Evangelio46; y aquel su tan severo aviso: Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma forma47.

24. Impulsados, pues, por el amor y por el propósito de aplacar a Dios a causa de las ofensas hechas a su santidad y a su justicia, y a la par animados por la confianza en su infinita misericordia, hemos de soportar los sufrimientos del espíritu y del cuerpo, para que expiemos nuestros pecados y los del prójimo, y así evitemos la doble pena: del daño y del sentido, esto es, la pérdida de Dios, sumo Bien, y el fuego eterno48.

25. Mas lo que aún debe estimular más a los fieles a seguir los ejemplos de la Virgen Santísima es el hecho de que Jesús mismo, al dárnosla para Madre, tácitamente la ha señalado como modelo que hay que seguir; porque natural es que los hijos tengan los mismos sentimientos de sus madres y reflejen sus méritos y virtudes. Si, pues, cada uno de nosotros puede repetir con San Pablo: El Hijo de Dios me ha amado y se ha entregado a sí mismo por mí49, también con toda confianza puede creer que el divino Salvador le ha dejado también a su Madre en herencia espiritual, con todos los tesoros de gracia y de virtud, con que la había colmado, a fin de que los tornara a derramar sobre nosotros con el influjo de su poderosa intercesión y nuestra voluntariosa imitación. Con toda razón, pues, afirma San Bernardo: Al venir a Ella el Espíritu Santo, la colmó de gracia para sí misma; al inundarla de nuevo el mismo Espíritu, Ella se hizo superabundante y rebosante de gracia también para nosotros50.

26. Todo cuanto hemos venido exponiendo a la luz del Evangelio y de la tradición católica hace evidente que la espiritual maternidad de María trasciende más allá del espacio y del tiempo, y pertenece a la historia universal de la Iglesia, porque Ella le ha estado siempre presente con su maternal asistencia. Por esto resulta también claro el sentido de la afirmación tantas veces repetida: nuestro tiempo muy bien puede llamarse la era mariana. Porque si es verdad que, por una insigne gracia del Señor, hoy por vastos estratos del pueblo cristiano ha sido comprendido más profundamente el papel providencial de María Santísima en la historia de la salvación, esto, sin embargo, no debe inducir a pensar que las pasadas edades no hayan visto de algún modo tal verdad o que las futuras puedan ignorarla. La verdad es que todos los períodos de la historia de la Iglesia se han beneficiado y se beneficiarán de la maternal presencia de la Madre de Dios, pues Ella permanecerá siempre unida indisolublemente al misterio del Cuerpo Místico, de cuya Cabeza se ha escrito: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre51.

27. Venerables hermanos: La persuasión de que el pensamiento de la Iglesia católica sobre el culto de alabanza, de gratitud y de amor, debido a la beatísima Virgen, se conforma plenamente con la doctrina del santo Evangelio, tal como más precisamente ha sido entendida y explicada por la Tradición, así de Oriente como de Occidente, Nos infunde en el ánimo la esperanza de que esta nuestra exhortación pastoral, para una piedad mariana cada vez más ferviente y más fructuosa, será acogida con generosa adhesión no sólo por los fieles confiados a vuestros cuidados, sino también por los que, aun no gozando la plena comunión con la Iglesia católica, admiran, sin embargo, y veneran con nosotros en la Esclava del Señor, a la Virgen María, Madre del Hijo de Dios.

28. Que el Corazón Inmaculado de María resplandezca ante la mirada de todos los cristianos como modelo de perfecto amor a Dios y al prójimo; Él les induzca a la frecuencia de los Santos Sacramentos, por cuya virtud las almas quedan limpias de las manchas del pecado y preservadas de ellas; que, además, los estimule a reparar las innumerables ofensas hechas a la divina Majestad; que brille, en fin, como bandera de unidad y estímulo para perfeccionar los vínculos de hermandad entre los cristianos todos en el seno de la única Iglesia de Jesucristo, la cual, «enseñada por el Espíritu Santo, con filial afecto de piedad honra a la Virgen María como a Madre amantísima»52.

29. Y, puesto que en este mismo año se recuerda el XXV aniversario de la consagración de la Iglesia, y del género humano a María, Madre de Dios, y a su Inmaculado Corazón, hecha por nuestro predecesor, de santa memoria, Pío XII, el 31 de octubre de 1942, con ocasión del Radiomensaje a la nación de Portugal53 -consagración que Nos mismo hemos renovado el 21 de noviembre de 1964-54 exhortamos a todos los hijos de la Iglesia a que renueven personalmente la propia consagración al Corazón Inmaculado de la Madre de la Iglesia, y a que vivan este nobilísimo acto de culto con una vida cada vez más conforme a la Divina Voluntad55, con espíritu de filial servicio y de devota imitación de su celestial Reina.

Expresamos, por último, venerables hermanos, la confianza de que gracias a vuestro aliento, el clero y el pueblo cristiano confiados a vuestro ministerio pastoral, responderán con ánimo generoso a esta nuestra exhortación, de modo que demuestre hacia la Virgen Madre de Dios una más ardiente piedad y una confianza más digna. Mientras tanto, nos conforta la seguridad de que la ínclita Reina del Cielo y Madre nuestra dulcísima, jamás cesará de asistir a todos y a cada uno de sus hijos y jamás apartará de la Iglesia toda de Cristo su celeste patrocinio, a vosotros mismos, a vuestros fieles, en prenda de los divinos favores y en señal de nuestra benevolencia, impartimos de corazón la bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 13 de mayo del año 1967, cuarto de nuestro pontificado.

PAULUS PAPA VI

Notas
1 Cf. Ap 12, 1.
2 Cf. Epist. in fest. Apparit. B. M. V. Immacul., d. 11 m. Februarii.
3 Cf. A.A.S. 57 (1965), 1-67.
4 Cf. Lc 1, 38.
5 Ibíd. 1, 46.48-49.
6 Mensaje radiofónico de Pío XII, el 13 de mayo de 1946, a los fieles de Portugal, con motivo de los solemnes cultos de la coronación de la Virgen en su santuario de Fátima: A.A.S. 36 (1946), 264.
7 Cf. cap. VIII § III, De Beata Virgine et Ecclesia: A.A.S. 57 (1965), 62-65.
8 Cf. ibid. n. 53, p. 58.
9 Cf. ibid.
10 Ibid. n. 54, p. 59
11 Ibid. n. 55, p. 59
12 Ibíd. n. 66, p. 65.
13 Discurso al final de la III Sesión del Concilio Vaticano II: A.A.S. 57.
14 Cf. Const. dogm. LG n. 66: A.A.S. 57 (1965), 65.
15 Cf. ibid. n. 67, p. 65.
16 Pio XII, Lit. Enc. MD: A.A.S. 39 (1947), 541.
17 Cf. Const. dogm. LG n. 66: 1. c., p. 65.
18 Ibíd. n. 66, p. 65.(1964), 1016.
19 lbid. n. 55, p. 60.
20 Ibíd. n. 65, p. 64; cf. et. n. 63.
21 Cf. ibid. n. 58, p. 61; AL 15 (1896), 302.
22 Cf. dogm. LG n. 58: 1. c. p. 61.
23 Heb 7, 25.
24 Cf. C. d. LG n. 62: 1. c. p. 63.
25 Cf. Dom F. Mercenier, L'Antienne mariale grecque la plus ancienne, en Le Muséon 52 (1939), pp.229-233.
26 Cf. C. d. LG n. 62, 1. c. 63.
27 Ibld. n. 65, p. 64.
28 Ant. 2 ad Laud., in f. Conc. Irnmac. B. M. V
29 Lc 1, 38.
30 Cf. Mt 1, 21; Lc 1, 33.
31 Cf. S. Leo M., Ep. Lectis dilectionis tuae ad Flav. PL 54, 759; idem, Ep. Licet per nostros ad Iulian. Ep. Coensem: PL54, 803; S. Hormisdas, Ep. ínter ea quae ad Iustinum imp.: PL 63, 514; Pelagius I, Ep. Humani generis ad Childebertum I: PL 69, 407; Conc. Lateran., oct. 649 sub Martino I, can. 3; Caspar, ZKG, 51 (1932), 88; Conc. Tolet. XVI, Symbol. art. 22; J. Madoz, El Símbolo del Conc. XVI de Toledo, en Estudios Onienses, 1, 3, 1946; C. d. LG nn. 52.55.57.59.63, l. c. 58-64.
32 Cf. S. Th. 1, 25, 6, ad 4.
33 Cf. C. d. LG n. 56,1. c. 60.
34 Orat. 54: PL 158, 961.
35 C. d. LG 67, l. c. 60.
36 Mc 12, 50.
37 Cf.Tit 3,4.
38 Jn 8, 29.
39 Cf. S. Iren. Adv. Haer: 3, 22, 4 PG 7, 959; 729; S. Ephiphanius Haer. 78, 18 PG 42, 728-729; S. lo. Damasc. Hom. 1 in Nat. B. M. V.; PG 96, 671 ss.; C. d. LG n. 56, l. c. 60-61.
40 Gal 4, 4.
41 Lc 2, 25-26.
42 Serm. 215, 1 PL 38, 1074.
43 1 Cor 4, 16.
44 Cf. Lc 1, 48.
45 Cf. C. d LG n. 48, l. c. 54.
46 Mc 1, 15; cf. Mat 3, 2; 4, 17.
47 Lc 13,5.
48 Cf. Mt 25, 41; C. d. LG n. 48, l. c. 54.
49 Gal 2, 20; cf. Ef 5, 2.
50 Hom. 2 super Missus est.
51 Heb 13, 8.
52 C. d. LG n. 53, l. c. 59.
53 Cf. DR, 4, 260-262; cf. A.A.S. 34 (1942), 345-346.
54 Cf. A.A.S. 56 (1864), 1017.
55 Cf. Oratio in f. Immacul. Cordis B. M. V, d. 22 aug.