ENTREVISTA A CLODOVIS BOFF

En mayo de 1986, los hermanos Clodovis y Leonardo Boff publicaron una carta abierta al cardenal Joseph Ratzinger. En ella se analizaba la Instrucción "Libertatis Conscientia" la que el futuro Papa Benedicto XVI  corregía los supuestos desvíos de teología de la liberación en América Latina. Los religiosos brasileños desaprobaban, con un toque de ironía y una buena dosis de audacia, un “lenguaje con 30 años de retraso",  según el texto.

En 2007, el hermano menor de Leonardo Boff volvió a la carga. Pero esta vez, el objetivo era la teología de la liberación -movimiento del  que Clodovis fue uno de los principales teóricos-. Censuró la instrumentalización de la fe por la política y enfureció a sus viejos colegas al sugerir que habría sido mejor tomar en serio la crítica de Ratzinger.

En una entrevista por teléfono a Folha de São Paulo, Fray Clodovis afirma que Benedicto XVI “defendió el proyecto esencial de la Teología de la Liberación”, es decir “el compromiso con los pobres como consecuencia de la fe”, al mismo tiempo que "criticó la influencia marxista”.

  

¿ Benedicto XVI fue el gran enemigo de la teología de la liberación?

Eso es una caricatura. En los dos documentos que publicó, Ratzinger defendió el proyecto esencial de la teología de la liberación: el compromiso con los pobres como consecuencia de la fe. Al mismo tiempo, critica la influencia marxista. De hecho, es una de las cosas que yo también crítico.
En el documento de 1986, él apunta la primacía de la liberación espiritual, perenne, sobre la liberación social, que es histórica. Las corrientes hegemónicas de la teología de la liberación prefirieron no entender esa distinción. Esto hizo que, muchas veces, la teología degenerase en ideología.

¿Y los procedimientos inquisitoriales contra algunos teólogos?

Él expresaba la esencia de la iglesia, que no puede entrar en negociaciones cuando se trata del núcleo de la fe. La Iglesia no es como la sociedad civil, donde la gente puede decir lo que le plazca. Estamos vinculados a una fe. Si alguien profesa algo diferente a esta fe, se está autoexcluyendo de la Iglesia. En la práctica, la iglesia no expulsa a nadie. Sólo declara que alguien se excluye del cuerpo de los fieles porque comienza a profesar una fe diferente.

¿No hay margen para la caridad cristiana?

El amor es lúcido, corrige cuando considera necesario. El jesuita español, Jon Sobrino dice: "La teología nace de los pobres”. Roma simplemente responde: "No, la fe nace en Cristo y no puede nacer de una manera diferente."

¿Cuándo se convirtió usted en crítico de la teología de la liberación?

Desde el principio, siempre fui claro sobre la importancia de colocar a Cristo como el fundamento de toda teología. En el discurso hegemónico de la Teología de la Liberación, notaba que esta fe en Cristo era puesta en un segundo plano. Pero reaccionaba de manera condescendiente.“Con el tiempo esto se corregirá”, pensaba interiormente. Me equivoqué.
"No es la fe que confiere un sentido sobrenatural o divino a la lucha, al contrario: ese sentido objetivo e intrínseco confiere a la fe su fuerza." ¿Todavía cree en eso?
Abjuro de esa frase boba. Fue mi fase “rahneriana”. El teólogo alemán Karl Rahner estaba fascinado por los avances y los valores del mundo moderno y, al mismo tiempo, pero, al mismo tiempo, veía que la modernidad se secularizaba cada vez más.
Rahner no podía aceptar la condena de un mundo que amaba y concebía la teoría del "cristianismo anónimo": cualquier persona que luche por la justicia ya es un cristiano, incluso sin creer explícitamente en Cristo. Los teólogos de la liberación tienden a cultivar la misma admiración ingenua por la modernidad.
El "cristianismo anónimo" constituía una óptima excusa para, dejando de lado a Cristo, la oración, los sacramentos y la misión, dedicarse a la transformación de las estructuras sociales. Con el tiempo, me di cuenta de que eso es insostenible, por no tener bases suficientes en el Evangelio, en la gran tradición y en el magisterio de la iglesia.

¿Cuando rompió usted con el pensamiento de Rahner?

En los años 70, el cardenal D. Eugenio Sales retiró mi licencia para enseñar teología en la Universidad Católica de Río de Janeiro. El teólogo que asesoraba al cardenal, D. Karl Joseph Romer, quiso conversar conmigo: "Clodovis, creo que te equivocas, no basta hacer el bien para ser cristiano. La confesión de la fe es esencial”. Estaba en lo cierto. 
Asumí una postura más crítica y vi que, con la rahnerismo, la iglesia se tornaba absolutamente irrelevante. Y no sólo eso: el mismo Cristo. Dios no necesitaría revelarse en Jesús  si quisiese simplemente salvar al hombre por la ética y el compromiso social.

¿Benedicto XVI sepultó los avances del Vaticano II?

Quién afirma eso cree que el Concilio Vaticano II creó una nueva iglesia y rompió con 2.000 años de cristianismo. Es un error. El Papa Juan XXIII fue muy claro al señalar que el objetivo era, preservando la sustancia de la fe, presentarla sobre prendas más adecuadas para el hombre contemporáneo.
Benedicto XVI garantiza la fidelidad al Concilio. Al mismo tiempo, combatió los intentos de secularizar la Iglesia, porque una Iglesia secularizada es irrelevante para la historia y para los hombres. Se convierte en  un partido, en una ONG.

Pero ¿la rehabilitación de la misa en latín? ¿Y el intento de rehabilitación de los tradicionalistas que rechazaron el  Concilio Vaticano II?

No podemos olvidar que la condición impuesta a los tradicionalistas era exactamente que aceptaran el  Concilio Vaticano II. El catolicismo es, por naturaleza, inclusivo. Hay espacio para los que les gusta el latín, para aquellos a los que no les gusta, para todas las tendencias políticas y sociales, siempre que no se contrapongan a la fe de la iglesia.
Quién se opone a esta apertura manifiesta un espíritu anti-católico. Varios grupos considerados progresistas cayeron en el sectarismo. Estos grupos no fueron la excepción. Benedicto XVI sufrió una dura oposición durante todo su pontificado. Y La mayoría de las críticas internas partieron de sectores de la Iglesia que se dejaron colonizar por el espíritu de la modernidad hegemónica, que no admiten la centralidad de Dios en la vida.
Elevan la opinión personal como criterio último de verdad y les gustaría decidir los artículos de la fe en base a un plebiscito. Tales críticas sólo expresan la penetración del secularismo moderno en los espacios institucionales de la iglesia.

¿Cómo describiría  la relación de Benedicto XVI con la modernidad?

Es posible identificar cierto pesimismo en sus reflexiones. Pero no es el único. Hay un río de la literatura sobre la crisis de la modernidad, que incluso nos remite a autores como Nietzsche y Freud. ¿Que tiene él de diferente? Propone una salida: una apertura a lo trascendente.

Aún así, hay pesimismo.

Hay algo que precisaría corregir: Benedicto XVI toma demasiado en serio el secularismo moderno. Es una tendencia de los cristianos europeos. Se olvidan de que el laicismo es una cultura de minorías. Son poderosas, hegemónicas, pero todavía minorías.
La religión es una opción de 85% de la humanidad. Los ateos son sólo 2,5%. Los agnósticos no alcanzar el 15%. Minorías culturalmente importantes, sin duda: dominan el micrófono y la pluma, los medios de comunicación y el mundo académico. Pero se están quedando sin gas. Hay un renovado interés por la espiritualidad entre los jóvenes.

¿Qué otras críticas haría a Benedicto XVI?

Él preferiría resolver problemas teológicos que tratar sobre asuntos administrativos de la Curia. Esto creó varias limitaciones durante su pontificado. Tampoco tiene el carisma de Juan Pablo II. En cierto modo, era lo esperado en un intelectual como él.

¿Es hora de que la iglesia se posicione más cerca de la realidad de los fieles?

Benedicto XVI no solucionó un problema que se arrastra desde desde el Concilio Vaticano II: la necesidad de crear canales para que la cúpula escuche y dialogue con las bases.
Los sacerdotes de las parroquias se sienten a menudo presionados entre la letra fría que viene de la cúpula y el sufrimiento diario de los fieles, que puede implicar dramas como el aborto o el divorcio. Tenga en cuenta que no sugiero cambios en la enseñanza de la iglesia. Pero creo que sería más fácil para que la gente viva la doctrina católica si hubiera procesos para facilitar este diálogo.

¿Cómo ve el futuro de la iglesia?

La modernidad no tiene nada más que decir al hombre postmoderno. ¿Cuáles son las ideologías que mueven el mundo? ¿El marxismo? ¿El socialismo? ¿El liberalismo? ¿El neoliberalismo? Todas perdieron credibilidad. ¿Quién tiene algo que decir? Las religiones y, sobre todo, en Occidente, la Iglesia Católica.


FUENTE: Folha de São Paulo
11 de marzo de 2013